Bertamiráns: El Parque Pazo Da Peregrina Y El Cuchillo De Cocina


En Bertamiráns, un parque pensado para tardes tranquilas se convirtió en escenario de pánico. El Pazo da Peregrina, donde suelen correr niños y pasear familias, quedó marcado por una pelea que terminó con un hombre apuñalado en el tórax.

Los hechos ocurrieron el 19 de febrero, alrededor de las 20:30, cuando la luz ya empezaba a caer y el frío empuja a la gente a volver a casa. A esa hora, una discusión se encendió en medio del parque como una chispa que nadie supo apagar.

La discusión comenzó entre una mujer y la víctima. En un momento dado, la mujer llamó a otro hombre y ambos se enzarzaron a puñetazos, como si el conflicto necesitara más manos para crecer.

Luego se sumaron más personas: la propia mujer, su hijo y una cuarta figura. En cuestión de segundos, lo que era una pelea se volvió una trifulca, con golpes por todos lados y una sensación de descontrol que deja al resto mirando sin saber si acercarse o huir.

En medio de ese caos apareció un detalle que cambió todo: un cuchillo de cocina. No era un arma extraña ni sofisticada; era un objeto común, de casa, convertido en amenaza.

El cuchillo, de acuerdo con la investigación, fue usado varias veces contra el tórax del hombre. La sangre, abundante, lo dejó tendido en el suelo mientras los agresores se marchaban del parque, dejando atrás un cuerpo y un silencio roto.

Los vecinos alertaron a las fuerzas de seguridad y llegaron patrullas de la Policía Local de Ames y de la Guardia Civil. Los primeros minutos fueron de manos presionando heridas, de respiraciones cortas, de urgencia sin margen para errores.

La víctima fue trasladada al Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela. En esos trayectos, cada minuto cuenta y cada bache duele como si el cuerpo recordara que la vida pende de un hilo.

Para el pueblo, el golpe fue doble: por la violencia y por el lugar. Un parque tiene algo de refugio, de espacio compartido; cuando ocurre allí, la sensación de seguridad se agrieta para todos.

La investigación identificó a cuatro presuntos implicados. Se trataba de personas conocidas por las fuerzas de seguridad por hechos previos, un dato que en el barrio suele traducirse en resignación: ya se sabía que podía pasar algo.

Este 14 de marzo se produjeron detenciones clave: la mujer y su hijo fueron arrestados como presuntos autores de un delito de homicidio en grado de tentativa. Su paso por el juzgado terminó con una decisión dura: prisión provisional.

Los otros dos implicados comparecieron después y quedaron en libertad con cargos. Ese contraste, unos dentro y otros fuera, suele dejar una pregunta en el aire: qué papel tuvo cada uno cuando el parque se llenó de gritos.

La escena del cuchillo en un espacio de ocio se queda pegada a la memoria. No hay forma de mirar igual un banco, una zona de juegos, el camino de grava por el que se vuelve a casa.


A veces, la violencia no nace de la nada: crece en discusiones pequeñas, en llamadas hechas en caliente, en la facilidad con la que alguien decide que la fuerza es una salida.

Bertamiráns se quedó con el eco de aquel 19 de febrero y con la espera de lo que venga ahora en los tribunales. Porque un parque puede volver a llenarse de vida, pero no siempre recupera la inocencia.


Y mientras la investigación sigue su curso, la imagen final es la más difícil: un hombre sangrando en el suelo de un lugar pensado para jugar, y un cuchillo doméstico convertido en frontera entre el susto y la muerte.

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