La noche del 10 de junio se abrió una grieta en Roses cuando Adam, un chico de 16 años vecino del municipio, no regresó de una salida en moto de agua frente a la costa y su ausencia encendió una búsqueda que sigue sin respuesta.
Según la información coincidente de varias fuentes, el menor participaba en una excursión guiada con otros jóvenes y un monitor, en un recorrido marítimo que debía terminar en la zona de Santa Margarida, pero nunca llegó al punto previsto.
Su familia ha dado un paso desesperado y ha difundido un cartel con su fotografía, su descripción física y un mensaje directo en el que pide cualquier dato real que pueda ayudar a localizarlo cuanto antes.
En ese llamamiento recuerdan que Adam mide aproximadamente 1,80 metros, tiene pelo negro, ojos marrones y que la última vez que fue visto llevaba una camiseta blanca durante la salida nocturna.
El caso no quedó reducido a una simple desaparición en el agua, porque el aviso activó un operativo amplio por tierra, mar y aire bajo coordinación marítima y con la intervención de cuerpos de rescate, seguridad y apoyo desplegados en la zona.
Las labores de búsqueda han incluido embarcaciones, helicópteros, drones y rastreos costeros, mientras equipos especializados han tratado de reconstruir el trayecto del menor y cada minuto previo a su desaparición.
Uno de los hallazgos más inquietantes fue la localización de la moto de agua utilizada por Adam en la playa de Pals, a unos 30 kilómetros, un dato que amplió el foco del caso y endureció todavía más la incertidumbre de la familia.
La investigación de la Guardia Civil permanece abierta y se centra tanto en la localización del menor como en las circunstancias exactas de la excursión, incluidos los tiempos del aviso, el desarrollo del recorrido y la situación de la empresa implicada.
Otras informaciones publicadas en los días posteriores apuntan a que los agentes también revisan si la actividad cumplía las condiciones exigidas para este tipo de salidas, además de tomar declaración a personas relacionadas con el trayecto.
Mientras tanto, la familia ha tenido que soportar no solo la angustia de no saber dónde está Adam, sino también la circulación de rumores en redes, algo que ha provocado un segundo llamamiento para pedir que nadie invente versiones sin base.
Ese mensaje insiste en una idea concreta: solo debe contactarse con emergencias si existe información real, porque en una situación así cada dato falso añade más dolor y entorpece una espera que ya resulta insoportable.
El caso ha conmocionado a Roses y a buena parte de Girona, donde la desaparición de un menor en el mar ha dejado una mezcla de miedo, impotencia y atención constante a cualquier novedad oficial que pueda romper el bloqueo.
Por ahora no consta un desenlace y los trabajos siguen vinculados a la búsqueda en la zona y a las diligencias abiertas, con la vista puesta en aclarar qué ocurrió aquella noche y si hubo elementos decisivos antes de que Adam desapareciera.
En medio de ese silencio, la imagen del cartel difundido por la familia resume el estado del caso: un adolescente ausente, unos días consumidos por la espera y una petición seca que ya atraviesa toda la costa, encontrar una respuesta sí o sí.
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