La mañana del domingo se quebró en Antas, Almería, cuando una niña de cuatro años murió ahogada en la piscina de una casa de campo situada en la zona de Aljariz, dentro de la barriada del Real.
La alerta entró a las 10:36 horas en el servicio andaluz de emergencias, después de que se pidiera asistencia sanitaria urgente para una menor con síntomas de ahogamiento en una vivienda particular.
Hasta el lugar acudieron efectivos de la Guardia Civil, agentes de la Policía Local y sanitarios del 061, movilizados para intentar rescatar a la pequeña en cuestión de minutos.
Los equipos de emergencia practicaron maniobras de reanimación cardiopulmonar sobre la menor, pero todos los intentos resultaron inútiles y la muerte terminó siendo confirmada en la propia finca.
La secuencia dejó una escena devastadora en el interior del inmueble, donde también se activó el protocolo de apoyo psicológico para atender a los familiares golpeados por la tragedia.
La información oficial sitúa el suceso en una piscina privada de un cortijo al que la familia había acudido para pasar el fin de semana, en un entorno doméstico que de pronto se convirtió en un escenario irreparable.
Otras comprobaciones sobre el caso apuntan a que en la vivienda había más familiares y conocidos en el momento del accidente, mientras los adultos se ocupaban de preparar el desayuno de la mañana.
Ese contexto es una de las claves que rodean la tragedia: bastaron unos minutos para que la menor alcanzara la zona del agua y la situación pasara de la rutina al horror absoluto.
Fuentes cercanas al caso también sitúan a la niña junto a su entorno familiar en una finca que contaba con vallado perimetral en la piscina, un dato que ahora queda bajo el peso de las diligencias abiertas.
Tras certificarse el fallecimiento, la Policía Judicial asumió las actuaciones correspondientes para aclarar con precisión las circunstancias en las que se produjo el ahogamiento.
El caso vuelve a colocar el foco sobre los accidentes mortales en espacios acuáticos durante el inicio del verano, especialmente en viviendas privadas donde la vigilancia puede relajarse durante momentos cotidianos.
La muerte de la menor ha causado un fuerte impacto en la zona de Antas y en el entorno cercano de la familia, con un municipio golpeado por una noticia que llegó antes del mediodía.
Desde el ámbito local se ha señalado además la dureza extrema de la intervención, tanto por la edad de la víctima como por la intensidad de las maniobras realizadas delante de los familiares presentes.
Al final, lo que queda es una mañana marcada para siempre por una pérdida brutal: una niña de cuatro años, una piscina particular y unos minutos fatales que nadie pudo revertir.
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