La tragedia de la playa de l'Arrabassada, en Tarragona, se volvió todavía más oscura durante la madrugada del sábado, cuando murió en el hospital Joan XXIII un segundo menor de 13 años que había sido rescatado horas antes del agua.
El primer fallecido había sido un niño de 12 años, localizado sin vida tras el accidente ocurrido la tarde del viernes en una zona rocosa del litoral, un punto donde la entrada y la salida del mar pueden convertirse en una trampa en cuestión de segundos.
Junto a ellos iba un tercer menor, también atendido de urgencia y trasladado en estado crítico, de modo que la escena dejó desde el primer momento un balance devastador: tres chicos atrapados por el agua y una carrera desesperada por mantenerlos con vida.
Los hechos se produjeron hacia las 15.30 horas, cuando los tres menores tuvieron dificultades para salir del agua en esa franja de rocas de la playa, una superficie irregular que castiga cualquier pérdida de apoyo cuando sube el oleaje.
La respuesta de emergencias fue amplia y rápida, con seis ambulancias, un helicóptero medicalizado del Sistema d'Emergències Mèdiques, efectivos de Bombers de la Generalitat y patrullas de los Mossos d'Esquadra movilizadas hasta la costa tarraconense.
Para entonces, el drama ya estaba lanzado: uno de los niños no pudo ser salvado en el lugar y los otros dos ingresaron en estado crítico, con maniobras intensivas para estabilizarlos antes de su traslado al hospital.
La muerte del segundo menor durante la madrugada confirmó que el rescate no había conseguido contener la gravedad de las lesiones sufridas en el agua, y convirtió el suceso en una doble pérdida que golpeó de lleno a Tarragona en menos de doce horas.
El tercer chico seguía hospitalizado en estado crítico, manteniendo abierta una última línea de angustia en torno a un episodio que pasó de accidente grave a tragedia extrema a medida que avanzaban las horas.
La playa de l'Arrabassada es uno de los puntos más conocidos de la ciudad, pero la presencia de zonas rocosas altera por completo la percepción de seguridad y multiplica el riesgo cuando un menor queda atrapado, resbala o pierde fuerza en el agua.
Ese contraste entre una tarde de baño y un escenario de rescate masivo explica el impacto del caso: en cuestión de minutos, una salida al mar derivó en helicópteros, ambulancias y personal sanitario peleando contra un desenlace que ya era crítico.
La secuencia también deja al descubierto la violencia silenciosa de este tipo de accidentes, porque no hizo falta una tormenta ni un temporal visible para que tres menores quedaran al límite en un entorno donde cada roca reduce el margen para reaccionar.
Con el paso de la noche, la noticia dejó de centrarse solo en el rescate para convertirse en una historia marcada por la evolución clínica, el peso del hospital y la confirmación de que una segunda vida se había apagado pese a los esfuerzos médicos.
La doble muerte de dos menores de 12 y 13 años coloca ahora el foco sobre las circunstancias exactas en las que quedaron atrapados y sobre el riesgo real que puede esconder una zona de baño aparentemente cotidiana cuando el mar se cierra de golpe.
En Tarragona queda una escena difícil de borrar: una playa conocida, tres menores arrastrados a una situación límite y una madrugada que selló la peor noticia posible, mientras otro niño seguía aferrado a la vida en una cama de cuidados intensivos.
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