La autopista estaba oscura y el margen de reacción era mínimo cuando una moto cayó de madrugada en la AP-7, a la altura de Castellví de Rosanes, en sentido Tarragona.
Sobre la calzada quedaron sus dos ocupantes y, en apenas unos segundos, la pasajera, una menor de 17 años, fue arrollada por el camión que circulaba detrás.
El aviso de la emergencia entró hacia las 00.10 horas, en el punto kilométrico 172,6, y desde ese instante la escena pasó de accidente a tragedia irreversible.
La joven viajaba como acompañante en la motocicleta y murió en el lugar, sin margen para una evacuación que pudiera cambiar el desenlace.
El conductor de la moto sobrevivió al siniestro, pero sufrió heridas que obligaron a su traslado al Hospital Sant Joan de Déu de Martorell.
El camionero, que se encontró el impacto de frente en mitad de la noche, resultó ileso físicamente, aunque quedó atrapado dentro de una secuencia imposible de deshacer.
La caída de la moto sigue bajo investigación y, por ahora, ese punto es la grieta central del caso: qué provocó que ambos ocupantes acabaran tendidos sobre la vía rápida.
Hasta el lugar se desplazaron patrullas de los Mossos d'Esquadra, dotaciones de los Bombers de la Generalitat y equipos de emergencias sanitarias para asegurar la zona y atender a los implicados.
La AP-7 tuvo que ser cortada en sentido sur poco después del siniestro y la circulación quedó alterada durante horas en uno de los grandes corredores del tráfico catalán.
Primero se bloqueó por completo el paso hacia Tarragona y después quedó un carril restringido hasta bien entrada la madrugada, mientras se retiraban vehículos y se practicaban las diligencias iniciales.
La muerte elevó a 71 el número de personas fallecidas en las carreteras catalanas desde que empezó el año, una cifra que vuelve a colocar el foco sobre la vulnerabilidad de los ocupantes de moto.
Dentro de ese balance, 30 de las víctimas eran motoristas, un dato que endurece todavía más la lectura de cada accidente cuando la protección desaparece al primer golpe contra el asfalto.
La joven era vecina de Gelida, una localidad muy cercana al punto donde la noche quedó partida, y su muerte dejó el peso del siniestro también fuera de la autopista, en el entorno más próximo.
Lo que quedó al final fue una cadena de segundos devastadora: una caída aún sin explicación cerrada, una vía rápida sin tiempo para esquivar y una adolescente que no salió viva de la AP-7.
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