La alarma estalló en Sevilla Este cuando un parque pensado para niños y para paseos con perros apareció sembrado con bombones alterados y sustancias tóxicas que obligaron a cerrar el recinto de inmediato.
El espacio afectado se encuentra entre las calles Manuel Olivencia y Faustino Gutiérrez, una zona del barrio muy transitada por familias, vecinos y personas que acuden cada día con sus animales.
La clausura llegó como medida urgente de seguridad después de localizar veneno ajeno al plan municipal de desratización, junto a restos compatibles con matarratas y cebos manipulados.
El cierre no responde a una incidencia menor, porque el material hallado apareció en un entorno con columpios y área canina, donde un contacto accidental podía tener consecuencias graves en cuestión de minutos.
El Ayuntamiento puso los hechos en conocimiento de la Policía Nacional y activó la retirada de los elementos sospechosos mientras se analiza la composición exacta de los tóxicos localizados.
La investigación intenta aclarar quién colocó esos productos y con qué intención, en un escenario que ha disparado la inquietud vecinal por el riesgo para menores y mascotas.
El caso ha golpeado especialmente al barrio porque no sería la primera vez que aparecen sustancias peligrosas en ese mismo parque, un detalle que agrava la sensación de amenaza persistente.
Días antes ya se había denunciado la presencia de matarratas en la zona del pipicán, un antecedente que ahora adquiere un peso inquietante tras la nueva aparición de bombones envenenados.
El recinto había vuelto a abrir tras un periodo de vigilancia, pero el hallazgo reciente forzó una nueva clausura y dejó claro que el peligro no estaba resuelto.
La secuencia de cierres y reaperturas ha convertido un lugar cotidiano del barrio en un punto bajo sospecha, con familias pendientes de si alguien pudo actuar de forma deliberada para causar daño.
Más allá del impacto inmediato, el episodio expone el nivel de vulnerabilidad de los espacios públicos cuando se introducen tóxicos en zonas de uso infantil y canino sin control alguno.
La prioridad ahora pasa por determinar si los cebos fueron colocados en una sola acción o si forman parte de una conducta repetida, algo clave para medir el alcance real del riesgo.
Mientras avanzan los análisis, el parque seguirá cerrado para evitar nuevos contactos con restos contaminantes y para facilitar la inspección completa del terreno.
En Sevilla Este queda una imagen difícil de borrar: un parque vacío, precintado y convertido por unas horas en el escenario de una amenaza silenciosa que pudo terminar mucho peor.
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