La madrugada del lunes dejó una escena quebrada en las carreteras de Madrid, donde dos accidentes ocurridos casi al mismo tiempo terminaron con una persona muerta y otras siete heridas.
El primero de los siniestros se produjo en la confluencia de la M-31 con la M-50, un punto donde un vehículo perdió el control a gran velocidad y acabó dando varias vueltas de campana.
La violencia del vuelco fue tan extrema que una de las personas ocupantes quedó atrapada y murió en el interior del coche antes de poder ser rescatada.
Los bomberos tuvieron que intervenir para liberar el cuerpo, mientras los equipos sanitarios atendían a los otros tres ocupantes del vehículo siniestrado.
Esas tres personas fueron trasladadas a centros hospitalarios en unidades de soporte vital básico y avanzado, en un operativo levantado en cuestión de minutos alrededor del amasijo de metal.
Casi de forma simultánea, otro coche se salió de la vía en la confluencia de la A-4 con la M-45 y terminó cayendo sobre la autovía en un segundo golpe de la noche.
En ese vehículo viajaban tres hombres y una mujer de entre 19 y 20 años, todos alcanzados por lesiones de gravedad suficiente como para requerir evacuación hospitalaria.
Los servicios de emergencia los estabilizaron en el lugar antes de repartir los traslados entre distintos hospitales, con el temor de que el balance empeorara en las horas siguientes.
El recuento total de la noche dejó siete personas heridas, cinco de ellas con pronóstico potencialmente grave y otras dos con lesiones leves, además de la víctima mortal del primer accidente.
La respuesta sanitaria movilizó cinco unidades de soporte vital avanzado, dos de soporte vital básico, mandos médicos, responsables de enfermería y un vehículo de apoyo logístico.
En el primero de los escenarios, la carretera quedó marcada por el rastro del vuelco, con restos esparcidos tras una secuencia de giros que convirtió el turismo en una trampa mortal.
En el segundo, la salida de vía y la caída sobre la A-4 volvieron a exponer el riesgo de un impacto aún mayor, aunque no llegaron a verse implicados otros conductores en ese punto.
La coincidencia temporal de ambos siniestros tensó al máximo la capacidad de respuesta de los equipos de emergencias, obligados a repartir recursos en dos frentes abiertos al mismo tiempo.
Cuando amaneció, Madrid ya cargaba con otra noche rota por la velocidad, la pérdida de control y un balance de muerte y heridas graves que volvió a dejar su huella sobre el asfalto.
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