Palencia: la niña que sobrevivió unas horas al vuelco que borró a toda su familia


La tarde ya había quedado marcada por cuatro muertes en la A-67, pero la tragedia todavía no había dicho su última palabra. La niña de 9 años que había salido con vida del coche siniestrado fue evacuada en estado crítico al Hospital de Burgos y murió después por la gravedad de las heridas.

Con esa muerte, el accidente de Herrera de Pisuerga pasó de ser una catástrofe familiar a un vacío absoluto. En el vehículo viajaban Iván Sanz Cid, director general de Dehesa de los Canónigos, su mujer y sus tres hijos, y ninguno logró escapar al desenlace final.

El aviso al 1-1-2 llegó sobre las 16:20 horas de este domingo 5 de julio de 2026. La llamada alertaba de un coche salido de la calzada en el punto kilométrico 83 de la A-67, con varias personas atrapadas en el interior y una escena que exigía rescate urgente.

Cuando los equipos de emergencia alcanzaron el lugar, cuatro ocupantes ya habían muerto. La única superviviente inicial era la menor de 9 años, que fue trasladada en helicóptero medicalizado hasta el hospital burgalés mientras en el asfalto quedaban su padre, su madre y dos hermanos fallecidos.

La familia regresaba desde Cantabria hacia Valladolid cuando el coche se salió de la vía. No hubo otros vehículos implicados, lo que concentró desde el primer momento toda la investigación en la pérdida de control del turismo y en lo ocurrido dentro de esos segundos decisivos.

La salida de vía no fue un roce menor ni una desviación contenida. El vehículo impactó contra las protecciones y dio varias vueltas de campana, una violencia mecánica suficiente para destrozar el habitáculo y convertir el interior del coche en una trampa mortal.

La hipótesis principal apuntó desde las primeras horas a una posible somnolencia del conductor, apoyada en testimonios presenciales citados por la Subdelegación del Gobierno. Aun así, la causa exacta sigue bajo investigación y será el atestado el que determine con precisión la secuencia final.

La identidad de las víctimas agravó todavía más la conmoción. Iván Sanz Cid estaba al frente de una de las bodegas más reconocidas de la Ribera del Duero vallisoletana, una empresa familiar de peso que ya había atravesado otro golpe reciente con la muerte de su fundador.

La noticia avanzó en dos tiempos devastadores. Primero se conoció que habían fallecido cuatro miembros de una familia; después, cuando todavía quedaba un hilo de vida en la hija menor, llegó la confirmación de que tampoco ella había podido superar las lesiones sufridas en el vuelco.

La A-67 quedó afectada durante horas por el operativo y por el corte de tráfico en sentido Palencia. La circulación tuvo que ser desviada por una ruta alternativa mientras bomberos, Guardia Civil y sanitarios trabajaban entre restos del coche, maniobras de rescate y una carretera paralizada.

Más allá del impacto vial, el caso dejó una imagen insoportable por su dimensión íntima. Un viaje de regreso en pleno domingo de verano terminó convertido en la desaparición completa de una familia en apenas unos minutos, sin margen para auxilios decisivos ni para una segunda oportunidad.

La muerte de la niña en el hospital añadió una segunda sacudida emocional al caso. Durante unas horas, todo quedó suspendido en la espera de si aquella menor conseguiría resistir, y esa espera terminó rompiéndose con la confirmación de que las heridas eran irreversibles.

En Castilla y León, la repercusión se extendió rápido por la mezcla de dolor privado y notoriedad pública. No se trataba solo de un siniestro grave en una autovía, sino de la caída repentina de una familia conocida, ligada a un nombre muy reconocido dentro del mundo del vino.

El punto kilométrico 83 de la A-67 queda ahora unido a una historia imposible de rebajar. Allí terminó un trayecto de vuelta y allí empezó otra clase de silencio: el de un coche que salió de la calzada, dio vueltas de campana y se llevó en la misma tarde a cinco personas de una misma casa.

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