Sevilla volvió a despertar con una cifra imposible de normalizar: una mujer de 59 años ha muerto por un golpe de calor tras una exposición prolongada a altas temperaturas en la vía pública, según la información confirmada este 9 de julio por la Junta de Andalucía.
La víctima, nacida en Rusia y residente en Sevilla desde 2014, se convierte en la cuarta persona fallecida por esta causa en Andalucía desde el inicio de la temporada de altas temperaturas y en la tercera registrada en la provincia sevillana.
La comunicación oficial llegó menos de veinticuatro horas después de otro fallecimiento en la capital andaluza, el de un trabajador de 48 años que se desvaneció en plena calle, un dato que agrava la sensación de una secuencia letal cada vez más rápida.
Antes de estos dos casos, la comunidad ya había confirmado la muerte de una mujer de 71 años en Sanlúcar la Mayor, también en la provincia de Sevilla, y la de un hombre de 68 años en Almería, lo que dibuja un mapa de víctimas extendido pero con un foco especialmente severo en territorio sevillano.
En el caso conocido este jueves, las autoridades no han precisado por ahora por qué la mujer permaneció expuesta durante tanto tiempo al calor extremo, y tampoco han asociado antecedentes personales de especial riesgo dentro de los grupos recogidos en el protocolo andaluz vigente.
Ese detalle endurece todavía más la lectura del caso, porque rompe la idea de que solo los perfiles más frágiles pueden quedar atrapados en una situación así y recuerda que una exposición prolongada en plena calle puede volverse irreversible en pocas horas.
La Junta mantiene activo desde el 15 de mayo hasta el 30 de septiembre el Protocolo Andaluz de Coordinación frente a los Efectos de las Temperaturas Excesivas sobre la Salud, precisamente diseñado para anticipar episodios como el que atraviesa la comunidad esta semana.
Según los últimos datos difundidos por la administración andaluza, desde el arranque de la temporada se han contabilizado 1.081 urgencias relacionadas con patologías asociadas al calor, de las cuales 747 fueron atendidas en atención primaria y 334 en hospitales.
Dentro de ese balance aparecen 18 casos de golpe de calor confirmados, todos con necesidad de ingreso hospitalario, y diez personas continuaban ingresadas cuando se comunicó esta cuarta muerte, una señal de que la presión asistencial sigue lejos de remitir.
La ola de calor declarada en Andalucía permanecía activa hasta este jueves 9 de julio, con avisos sostenidos y un riesgo especial para mayores de 65 años, enfermos crónicos, menores de corta edad y personas que trabajan o pasan largos periodos en el exterior.
También quedan especialmente expuestas las personas que viven solas, quienes carecen de recursos suficientes para protegerse del calor o quienes dependen de medicación que dificulta la adaptación del organismo a las temperaturas extremas, un escenario silencioso que multiplica la vulnerabilidad.
Las recomendaciones sanitarias insisten en evitar el sol en las horas centrales del día, hidratarse de forma constante, usar ropa ligera y limitar el esfuerzo físico al aire libre, pero la sucesión de fallecimientos en Sevilla demuestra que no siempre se llega a tiempo.
A ese contexto se suma el sistema MoMo de monitorización de mortalidad diaria, que atribuye desde el inicio de la temporada 171 muertes observadas vinculadas a los efectos del calor en Andalucía y 1.556 en el conjunto de España, aunque no todas correspondan a golpes de calor clínicamente confirmados.
La muerte de esta mujer deja una imagen seca y brutal en mitad del verano andaluz: una calle abrasada, una exposición sin defensa suficiente y una comunidad que ya acumula cuatro vidas perdidas mientras el calor sigue avanzando con un coste cada vez más difícil de asumir.
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