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Detenido en Grecia tras esconder durante dos años y medio el cadáver de su padre en un congelador para cobrar la pensión

El silencio alrededor de un anciano de 90 años acabó rompiéndose en Mistras, una localidad del Peloponeso donde los vecinos llevaban tiempo sin verlo y empezaron a sospechar que algo no encajaba.

La alarma tomó forma cuando esas ausencias repetidas llegaron a la policía, que abrió una investigación al saber además que el hombre padecía demencia y que nadie podía explicar con claridad dónde estaba.

Los agentes comprobaron entonces que no existía ningún registro oficial de fallecimiento, una anomalía que convertía la desaparición en algo aún más turbio y obligaba a reconstruir cada versión desde cero.

Cuando preguntaron al hijo, un hombre de 55 años, este aseguró que su padre se encontraba en Atenas, lejos del pueblo y bajo otros cuidados, una respuesta que en principio buscó cerrar la duda con rapidez.

La coartada empezó a desmoronarse en cuanto intervino la hermana del detenido, residente en la capital griega, porque negó haber visto a su padre en los últimos años y dejó al descubierto la primera gran contradicción.

Con ese relato roto, la policía citó al sospechoso en comisaría y, en paralelo, se desplazó hasta el hotel abandonado que figuraba como su residencia, un edificio de dos plantas convertido en un lugar hermético.

En el sótano del inmueble apareció la escena central del caso: el cuerpo sin vida del padre, escondido dentro de un congelador industrial y preservado allí durante alrededor de dos años y medio.

La investigación sostiene que el detenido ocultó la muerte para seguir cobrando la pensión del anciano y también la de su madre fallecida, cuyo importe seguía vinculado como prestación al padre superviviente.

Esa supuesta maniobra convirtió una desaparición familiar en un presunto fraude contra el Estado, con un rastro económico que ahora será clave para determinar cuánto dinero se cobró durante todo ese tiempo.

Hasta el momento no se han descrito signos evidentes de lesiones en el cadáver, pero ese dato no despeja las dudas esenciales porque primero debe completarse la descongelación del cuerpo para poder practicar la autopsia.

Solo entonces los forenses podrán fijar la causa exacta de la muerte y aclarar si el anciano falleció por causas naturales, como sostiene el detenido, o si existe algún elemento penal más grave detrás del ocultamiento.

Las autoridades también hallaron una pistola de aire comprimido en el hotel, un detalle que amplió el frente judicial y llevó a añadir una acusación por infracción de la ley de armas junto al falso testimonio y el fraude.

El hotel, lejos de parecer un simple edificio vacío, había sido transformado en una fortaleza de aislamiento con cámaras de vigilancia y restricciones constantes para impedir que terceros entrasen o se acercaran demasiado.

Ahora el caso avanza entre la crudeza del hallazgo, las contradicciones familiares y la espera de la autopsia, mientras Grecia intenta esclarecer cuánto tiempo convivieron el engaño, el dinero público y un cadáver oculto bajo llave.

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