La noche del 6 de agosto dejó una escena salvaje en un piso compartido del barrio de Las Delicias, en Valladolid, donde una discusión entre compañeros de vivienda acabó con ambos detenidos y los dos atendidos en el Hospital Río Hortega.
Todo empezó cuando uno de los inquilinos llegó a casa y encontró a su hermana en el rellano, agotada después de pasar cuatro horas fuera sin poder entrar porque nadie le había abierto la puerta.
La mujer también residía en la vivienda, pero no llevaba llaves y aseguró que había llamado y gritado de forma insistente sin obtener respuesta desde el interior del piso.
Cuando por fin su hermano consiguió entrar, le recriminó al otro conviviente que la hubiera dejado esperando durante tanto tiempo, y ese reproche encendió una discusión que se volvió física en cuestión de segundos.
En medio del forcejeo, uno de los hombres golpeó al otro con un florero de cristal en la cabeza hasta romperlo, y la pelea no se frenó ahí, porque el ataque continuó incluso después de que la víctima cayera al suelo.
Ya en el suelo, el agredido recibió puñetazos en la cara, la cabeza y el cuerpo, una secuencia de golpes que solo se detuvo cuando la hermana intervino para separarlos en mitad del caos.
El joven herido consiguió desplazarse por sus propios medios al Hospital Río Hortega, donde los médicos le practicaron ocho grapas en la cabeza y doce puntos de sutura en la parte lateral derecha de la cara, con afectación en la zona del ojo derecho.
Tras recibir asistencia, el herido denunció los hechos y esa denuncia puso en marcha la intervención policial en el domicilio donde se había producido la pelea.
Cuando los agentes localizaron al otro implicado, comprobaron que también presentaba lesiones visibles y escucharon una versión distinta de lo ocurrido dentro del piso.
Ese segundo varón sostuvo que, nada más entrar en la vivienda, fue golpeado con una muleta por su compañero, lo que le provocó una brecha en la cabeza antes de que ambos terminaran enzarzados en un forcejeo.
Él también necesitó asistencia en el mismo hospital, donde recibió sutura por una herida incisa en el cuero cabelludo, una señal más de la violencia con la que se desarrolló el enfrentamiento.
Los hechos se produjeron alrededor de las 21.00 horas y, con las dos versiones ya recogidas y las lesiones comprobadas, los agentes concluyeron que había indicios para arrestar a ambos por un presunto delito de lesiones.
Los dos detenidos fueron trasladados a dependencias policiales para la instrucción del atestado y, después, puestos a disposición de la autoridad judicial competente.
La decisión final fue dejarlos en libertad, pero el episodio dejó detrás una escena doméstica convertida en estallido brutal: una puerta que no se abrió, horas de espera en un rellano y una pelea que terminó con sangre, suturas y dos compañeros de piso frente a la Justicia.
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