Cataluña ha sumado dos nuevos casos de peste porcina africana en jabalíes y el contador del brote ya alcanza los 375 animales infectados desde que empezó la crisis sanitaria en noviembre de 2025.
Los últimos positivos se localizaron en Barcelona y en Sant Just Desvern, dentro de la zona de alto riesgo que sigue bajo vigilancia reforzada en el entorno metropolitano.
El dato llega después del análisis de 460 muestras recogidas en los últimos siete días, un muestreo que dejó una tasa de positivos del 0,40 por ciento en ese tramo reciente.
La enfermedad continúa concentrada en fauna salvaje y, según la información oficial difundida este jueves, no se han detectado contagios en explotaciones de cerdos domésticos.
Esa ausencia de casos en granjas evita por ahora el peor escenario económico y sanitario, pero no rebaja la presión sobre un brote que se resiste a desaparecer del mapa catalán.
Desde el inicio de la emergencia, los equipos desplegados han analizado miles de animales y mantienen una búsqueda constante de cadáveres de jabalí para cortar la circulación del virus.
El foco se vigila con especial tensión porque la peste porcina africana es una enfermedad con alta mortalidad en suidos y cualquier salto a la cabaña porcina tendría un impacto devastador.
Por eso, la Generalitat mantiene medidas de contención en la zona afectada, con controles, restricciones y actuaciones dirigidas a reducir la presencia de jabalíes en áreas sensibles.
Entre esas acciones figuran capturas, caza controlada y barreras físicas en puntos considerados críticos, una estrategia que intenta aislar el brote y evitar que siga avanzando.
La cifra total de 375 positivos muestra que el problema no se cerró con los primeros focos y que cada nueva detección vuelve a confirmar la persistencia del virus en el territorio.
El arranque del brote se situó en Bellaterra, dentro del parque de Collserola, y desde entonces la expansión de casos ha obligado a prolongar durante meses la respuesta de emergencia.
La aparición de nuevos positivos en pleno agosto mantiene el nerviosismo en una zona donde el seguimiento sanitario, la gestión ambiental y las restricciones han alterado la rutina habitual.
También sigue abierto el debate social por el alcance de las limitaciones en espacios naturales próximos a Barcelona, mientras la prioridad oficial sigue siendo contener una amenaza que no ha cedido.
Con estos dos nuevos casos, el brote vuelve a dejar una advertencia incómoda: aunque no haya llegado a las granjas, el virus sigue vivo en los jabalíes y continúa moviéndose dentro de Cataluña.
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