Brian Shaffer — el bar que se tragó a un hombre (Ohio, 2006)


La noche del 31 de marzo de 2006, Brian Randall Shaffer, estudiante de medicina de 27 años en la Ohio State University, salió a celebrar el inicio del spring break con su amigo Clint Florence. A las 9:00 p. m. quedaron en el Ugly Tuna Saloona, en el complejo South Campus Gateway de Columbus; una hora después Brian llamó a su novia, Alexis Waggoner, que estaba en Toledo: en dos días volarían juntos a Miami. A la 1:15 a. m., las cámaras de seguridad grabaron a Brian, Clint y Meredith Reed subiendo por la escalera mecánica hacia la entrada principal del bar. Era una noche normal, hasta que dejó de serlo. 

Cerca de las 1:55 a. m., la cámara exterior captó a Brian hablando brevemente con dos mujeres junto a la entrada del Ugly Tuna; se despidió, caminó fuera del encuadre… y no volvió a aparecer saliendo por ninguna de las puertas visibles. Cuando el local cerró a las 2:00, Clint y Meredith lo esperaron fuera, lo llamaron varias veces y se marcharon sin encontrarlo. Desde ese minuto, no hay rastro del estudiante: ni uso del teléfono, ni cajeros, ni tarjetas. Su Mazda Miata seguía aparcado en su casa, a seis manzanas del bar; dentro, todo en orden. 

La policía de Columbus revisó horas de video del edificio Gateway y de bares cercanos. En la entrada principal, una cámara hacía paneos automáticos y otra se operaba manualmente; el ángulo y el barrido dejaban ventanas ciegas. Los investigadores contemplaron que Brian pudo cambiarse de ropa o ponerse una gorra y bajar la cabeza para esquivar el reconocimiento, o bien salir por una puerta de servicio hacia un pasillo del primer piso que en 2006 daba a una zona en obras con salida exterior propia. Navegar ese laberinto, advirtieron, era difícil incluso estando sobrio. Aun así, ninguna toma adicional lo ubicó. 


El operativo se extendió por calles, contenedores, garajes, y hasta el alcantarillado municipal, con perros de búsqueda y batidas alrededor del Castaic— (perdón, eso es California): aquí el radio fue High Street y el campus, los barrios adyacentes y los puntos lógicos de abandono. Se repartieron miles de carteles mencionando dos rasgos clave: el tatuaje de un stickman del single Alive de Pearl Jam en el brazo derecho y un punto en el iris de un ojo. Nada útil apareció. 

La lista de entrevistas superó el centenar. El padre de Brian y otros allegados pasaron polígrafo; Clint Florence se negó, algo que desde entonces alimenta sospechas públicas pero que no constituye prueba. Las dos mujeres con las que habló en la puerta fueron identificadas años después y afirmaron no haber sido requeridas para polígrafo; tampoco se las vinculó a delito alguno. El caso quedó sin imputados. 

Con el foco en las posibles salidas, la policía consideró que Brian pudo abandonar el edificio por la zona en obras y alcanzar la calle sin quedar grabado. Esa hipótesis cobró nuevas alas con entrevistas posteriores: en 2024, el sargento John Hurst, investigador principal ya retirado, repasó el caso en True Crime Garage, subrayando la complejidad del perímetro y la posibilidad real de una salida no captada por cámaras. No era una “desaparición mágica”, sino un agujero técnico entre ángulos de visión. 


El FBI mantiene a Brian en ViCAP (centro de análisis de violencia) y NamUs con sus descriptores: 1,88 m (6’2”), 160–165 lb, ojos avellana, cabello castaño, tatuaje de Pearl Jam y el punto en el iris. En 2021, la Oficina del Fiscal General de Ohio difundió una imagen de edad progresada para estimular nuevas pistas. Ninguna llamada posterior aportó una línea que pudiera verificarse. 

Las teorías se agrupan en cuatro familias. Accidente: habría salido por la zona de obras y sufrido una caída mortal en un punto no registrado (pero años de obras y revisiones no arrojaron restos). Suicidio: los investigadores lo ven menos probable por la ausencia total de indicios y porque “quien se quita la vida suele querer ser hallado”, apuntó Hurst. Fuga voluntaria: tras la muerte reciente de su madre y la presión académica, pudo desaparecer por decisión propia; sin embargo, dejó coche, tarjetas y documentos, y no hay rastro digital en 19 años. Terceros: que alguien lo recogiera fuera de cámara (varios perros de rastro en días posteriores siguieron un olor que se cortaba cerca de zonas de estacionamiento), con final incierto. Ninguna hipótesis ha pasado el filtro probatorio. 

A la niebla contribuye la geometría del lugar en 2006: entradas por escalera mecánica, un pasillo técnico con materiales de construcción, y un ecosistema de cámaras que no cubría el 100 % del tránsito. Esa arquitectura, unida al alcohol ingerido (bar-hopping con “un shot por bar”, según su amigo) y a la hora de cierre, bastan para imaginar ventanas de minutos ciegos donde alguien puede desaparecer del encuadre sin magia, solo por azar tecnológico. 


El caso, además, ha recibido el impacto del folklore criminal. Medios han mencionado conexiones especulativas con el supuesto “Smiley Face Killer”; ninguna ha sido confirmada por la policía. People hizo un balance en 2025: muchos nombres y suposiciones, cero evidencia concluyente. La narrativa popular, admiten los investigadores, a veces entorpece la obtención de pistas útiles. 

En paralelo, la dimensión humana nunca se apagó. Alexis, su novia, llamó el celular de Brian cada noche durante meses “por si contestaba”; el padre —Randy Shaffer— mantuvo viva la búsqueda hasta su fallecimiento, y su hermano Derek continúa pidiendo colaboración. En redes, páginas como “Brian Shaffer Dead or Alive” centralizan recordatorios y contactos de la Columbus Division of Police. 

Hoy, el expediente sigue abierto. En 2024–2025, entrevistas y especiales reactivaron el interés público, y la policía reitera que conserva evidencias a la espera de nuevas técnicas (ADN táctil, mejorías en video). De momento, el dato frío permanece: las cámaras lo vieron entrar, nunca salir. Entre los huecos de cobertura, una salida por obra y la posibilidad de un encuentro fuera de cámara siguen siendo las rutas más razonables de trabajo, pero ninguna ha podido demostrarse. 


Si estuviste en South Campus Gateway la madrugada del 1 de abril de 2006 (2:00–2:30 a. m.) y tienes fotos o vídeo —estacionamientos, accesos, pasillos de servicio—, revísalos. Contacto: Columbus Division of Police o la ficha NamUs MP#1709. A veces, un solo fotograma devuelve a casa a quien la noche pareció tragarse. 

Cuando el miedo te roba la voz, esto grita por ti

En situaciones de pánico, la garganta se cierra y pedir ayuda se vuelve imposible. Esta alarma personal está diseñada para romper el silencio ensordecedor de una agresión: un sonido de 140dB y una luz estroboscópica para disuadir y alertar cuando tú no puedes hacerlo.

Ver cómo funciona

Leer más

Publicar un comentario

0 Comentarios