El crimen de Aces: la muerte de Natalia Menéndez Álvarez, la joven de 20 años apuñalada en una comida familiar en Candamo


La tarde del sábado 15 de noviembre de 2025, en Aces, una aldea diminuta del concejo asturiano de Candamo, lo que debía ser una comida familiar cualquiera se convirtió en una escena imposible de olvidar. En una casa de pueblo, alrededor de las cuatro de la tarde, una discusión aparentemente mínima —“unas galletas y una bebida energética”— acabó con Natalia Menéndez Álvarez, 20 años, herida de muerte de una puñalada en el abdomen, delante de sus padres, de su novio y de su hermano. La presunta autora es su cuñada, una menor de 17 años, detenida minutos después.

Antes de ser “la chica asesinada en Aces”, Natalia era la hija de Javier Menéndez y Josefina Álvarez, vecina de Candamo, una joven descrita por su entorno como vital, cariñosa y apasionada del mundo del motor, que había trabajado como camarera hasta hace poco y que compartía su vida con su novio, José Ramón. Tenía 20 años y vivía en casa con sus padres y su hermano Luis Manuel, en una aldea de menos de cien habitantes donde todo el mundo se conoce y las puertas suelen quedarse entornadas.

El sábado de la tragedia la familia se sentó a comer en la vivienda de Aces. En la mesa estaban los padres, Natalia, su novio, su hermano Luis y la pareja de este, una adolescente de 17 años con la que tiene un bebé de pocos meses. Nada hacía presagiar que aquella comida en casa, con el ruido de la televisión de fondo y la rutina de cualquier fin de semana, iba a romper para siempre la vida de todos los que se sentaban alrededor de ese mantel.

Según el relato de Luis, recogido por la prensa asturiana, todo comenzó por una tontería: la menor pidió “unas galletas y un Red Bull” y Natalia se negó a dárselos. Esa negativa desató una reacción desproporcionada. La chica, que según la RTPA estaba siendo tratada por problemas psiquiátricos (un extremo que la Guardia Civil no ha confirmado oficialmente), se habría alterado de forma violenta, perdiendo el control en cuestión de segundos.


Lo que vino después fue una escalada brutal dentro del salón. Primero, la adolescente propinó un rodillazo a su propio novio, causándole una lesión que tuvo que ser vendada. A continuación, arremetió contra los padres de Luis y Natalia, mientras todos intentaban sujetarla para evitar daños mayores. “Entre cuatro no podíamos con ella, ni agarrándola del cuello por detrás. Fue mientras llamábamos al 112 cuando apuñaló a mi hermana”, contaría después Luis, destrozado, a las puertas del tanatorio.

En medio de ese forcejeo, la menor consiguió hacerse con un cuchillo de cocina y se lo clavó a Natalia en el abdomen, una única puñalada profunda que, según la autopsia, provocó una hemorragia interna mortal. La joven aún tuvo fuerzas para salir de la vivienda y dar unos pasos hacia el exterior, pero se desplomó casi inmediatamente en la calle. Los servicios de emergencia, avisados sobre las 16:05, llegaron en pocos minutos e intentaron reanimarla dentro de la propia casa, pero a las 17:00 solo pudieron certificar su muerte.

Tras el ataque, la adolescente huyó del domicilio, atravesando la aldea de Aces en dirección a la vía del tren. En su huida, arrojó el cuchillo al tejado de una vivienda cercana, lo que obligó después a la Guardia Civil a pedir ayuda a los bomberos para recuperar el arma. Fue localizada y detenida hacia las 16:30 horas, en las inmediaciones de la estación de FEVE, a pocos minutos a pie de la casa.


La menor fue trasladada inicialmente al cuartel de la Guardia Civil en Piedras Blancas. Durante la noche sufrió una crisis que obligó a ingresarla en la unidad de Psiquiatría del hospital de San Agustín, en Avilés. Al día siguiente pasó a disposición de la Fiscalía de Menores, y el Juzgado de Menores acordó su ingreso cautelar en el módulo terapéutico del Centro de Responsabilidad Penal de Menores de Sograndio (Oviedo), siguiendo la petición de la Fiscalía. La investigación continúa abierta, con diligencias por un presunto delito de homicidio, y la chica está sometida a evaluación psiquiátrica.

Mientras la justicia empezaba a mover su maquinaria, Candamo se quedó helado. El Ayuntamiento decretó tres días de luto oficial, con banderas a media asta y suspensión de todos los actos públicos, al reconocer en un bando el “profundo sentimiento de dolor y consternación” que había provocado la muerte de Natalia entre los vecinos. Es raro que un concejo tan pequeño tenga que publicar un bando por un crimen así; en Candamo, todos sabían quién era la familia Menéndez-Álvarez, y el nombre de la joven corría de boca en boca entre incredulidad y rabia.

El funeral se celebró el 18 de noviembre en la iglesia de Santa María de Grullos, a las cuatro de la tarde. El templo se quedó pequeño: familiares, amigos, vecinos de Aces y de otros pueblos cercanos llenaron los bancos y el atrio exterior en un silencio casi físico. La esquela, publicada en los medios locales, recordaba a “La joven Natalia Menéndez Álvarez, fallecida en Aces el día 15 de noviembre de 2025, a los 20 años de edad”, e incluía los nombres de sus padres, su hermano, sus abuelos, tíos, primos y de su novio José Ramón. Detrás de cada línea de esa esquela había una silla vacía en la mesa familiar.

Los reportajes publicados en los días posteriores dibujan el retrato de una chica con la vida a medio hacer: fan declarada del motor, alegre, que había dejado su trabajo de camarera hacía poco tiempo y que seguía viviendo en Aces pese a que, como muchas personas jóvenes de las aldeas, se asomaba a la idea de buscar futuro fuera. Quienes acudieron al tanatorio hablan de una familia rota, incapaz de entender cómo una discusión doméstica pudo terminar con una hija muerta y otra joven —la cuñada, madre de su nieto— en un centro de menores.


En paralelo, el caso ha abierto un debate incómodo sobre salud mental, menores y violencia en el ámbito familiar. Varios medios recogieron que la adolescente estaba en tratamiento psiquiátrico, pero las fuentes oficiales insisten en que ese punto tendrá que aclararse pericialmente en el procedimiento judicial. No hay diagnóstico que justifique una agresión así, pero sí una realidad: la familia llevaba tiempo conviviendo con una tensión que probablemente iba más allá de “unas galletas y un Red Bull”, y que estalló de la peor forma posible.

La muerte de Natalia también se ha colado en piezas que repasan los crímenes más oscuros recientes en Asturias, como un símbolo de lo absurdo y repentino que puede ser el horror: no hay redes criminales, no hay grandes planes, solo un estallido de violencia en una casa humilde de una aldea minúscula, con un bebé en otra habitación y cuatro adultos incapaces de detener a tiempo lo que estaba pasando. Es la violencia que no nace en la calle, sino en el corazón mismo de la familia.

Hoy, cuando hablamos del caso de la muerte de Natalia Menéndez Álvarez en Aces, hablamos de una cadena de segundos que lo cambió todo: una petición de comida, una negativa, un estallido, un cuchillo de cocina cogido en el peor momento, una carrera hacia la calle que no llegó a ninguna parte. Hablamos de unos padres que han perdido a su hija, de un hermano que vio morir a su hermana y que comparte hijo con la presunta agresora, de un pueblo que ya nunca mirará igual esa casa en la aldea. La pesadilla de Candamo no está solo en la puñalada que acabó con Natalia, sino en la certeza de que, en cualquier casa corriente, una discusión mínima puede cruzar una línea de la que ya no hay vuelta atrás. Recordar su nombre —Natalia Menéndez Álvarez— es la forma más básica de no reducir esta historia a un titular morboso: detrás de ese apellido hay una vida, una familia y un pueblo entero tratando de despertarse de lo que pasó aquel sábado por la tarde en Aces.

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