Leonardo y Stephanie Centeno Ostapenko: los hermanos arrancados de Casares


El 29 de enero de 2021, en Casares (Málaga), el timbre del colegio sonó como cualquier otro día. Entre mochilas pequeñas y voces infantiles estaban Leonardo y Stephanie Centeno Ostapenko, de 5 y 6 años. Su madre los recogió a la salida. Desde entonces, nadie en España ha vuelto a verlos. Para el sistema son “víctimas de sustracción parental”. Para su padre, Heriberto, son dos hijos arrebatados en una tarde cualquiera.

La cronología oficial es fría, pero clara: Leonardo y Stephanie desaparecen el 29 de enero de 2021 en el entorno de Casares/Estepona (Málaga). El Centro Nacional de Desaparecidos y la asociación SOS Desaparecidos fijan esa fecha y ese lugar como el último momento en que se les ve en territorio español. Desde entonces, cada ficha, cada alerta y cada noticia repiten la misma frase: “desaparecidos en un posible secuestro parental”.

Aquel día, según recogen los medios locales, su madre —de nacionalidad española y rusa— los recoge del colegio y se marcha con ellos. Es el último contacto físico que tiene el padre con los niños. Pasan las horas, no hay llamadas, no hay vídeos, no hay rastro de rutina. Cuando Heriberto entiende que no es un retraso ni un malentendido, presenta denuncia por sustracción de menores. La maquinaria judicial se pone en marcha, pero los dos pequeños ya han desaparecido del mapa.


En mayo de 2021, el caso salta a los titulares nacionales: “Buscan a dos hermanos de cinco y seis años desaparecidos desde enero en Casares”, “Posible secuestro parental: la madre se los habría llevado fuera de España”. Las alertas de SOS Desaparecidos y del Centro Nacional de Desaparecidos se multiplican, y la Guardia Civil asume la investigación con una etiqueta que lo cambia todo: sustracción familiar, no fuga infantil.

Los datos físicos de las fichas son casi un intento de retenerlos en tierra firme: ambos miden alrededor de 1,20 m, ojos azules muy claros. Stephanie, 6 años al desaparecer, pelo castaño largo y liso; Leonardo, 5 años, pelo rubio corto. Su estatura, sus ojos, sus fotos miran desde carteles en Casares, en Málaga y en cientos de publicaciones en redes. Pero por ahora sólo son eso: retratos congelados en enero de 2021.

Muy pronto, la investigación apunta fuera de España. Diversas informaciones coinciden en que la madre podría haber abandonado el país con los menores, probablemente rumbo a Rusia, su otro país de nacionalidad. Asociaciones como SOS Desaparecidos y QSDglobal hablan abiertamente de “secuestro parental internacional”, y páginas especializadas en menores sustraídos sitúan el caso como una retención ilícita por parte de progenitor no custodio.


Mientras las fuerzas de seguridad rastrean la pista documental —vuelos, fronteras, posibles pasos por terceros países—, la voz que más se escucha es la del padre. Heriberto cuenta una y otra vez cómo fue aquel último día, cómo sus hijos salieron del colegio de Casares y cómo, desde ese momento, sólo ha podido hablar de ellos en pasado. En entrevistas y campañas, repite que no busca castigo, sino que sus hijos sepan que “su padre nunca dejó de buscarlos”.

El caso de los hermanos Centeno Ostapenko se vuelve aún más invisible por el contexto: 2021 está marcado también por la desaparición de las niñas Anna y Olivia en Tenerife, y los medios reparten focos. Sin embargo, radios como RNE y plataformas de búsqueda incluyen periódicamente a Leonardo y Stephanie en sus espacios, recordando que siguen “en paradero desconocido” y que cualquier pista, incluso desde fuera de España, puede ser útil.

En enero de 2022, cuando se cumple un año sin noticias, la Costa del Sol vuelve a pronunciar sus nombres. Medios comarcales y nacionales publican reportajes que reconstruyen el caso: fueron vistos por última vez el 29 de enero de 2021, su madre los recogió del colegio, el padre denunció ese mismo día la sustracción y, desde entonces, los investigadores manejan como hipótesis que los menores pudieron salir del país poco después. Nada de eso, sin embargo, se traduce en una localización concreta.


Las dificultades no son sólo policiales, sino también jurídicas. En los casos de sustracción parental internacional, la recuperación de los menores depende de convenios entre Estados y de la disposición real del país donde se encuentran. Cuando se sospecha que han sido llevados a un entorno fuera del alcance directo de los tribunales españoles, cada gestión puede convertirse en un laberinto de oficios, traducciones y esperas. Mientras tanto, los cumpleaños de los niños pasan sin que nadie sepa con certeza en qué idioma los celebran. (Esta parte es una inferencia general sobre este tipo de casos, no un dato oficial de este expediente.)

El tiempo, que en otros casos ayuda a cicatrizar, aquí sólo escarba. Dos, tres, cuatro años después, las fichas de Leonardo y Stephanie siguen activas en SOS Desaparecidos y en bases de datos internacionales. Algunas organizaciones extranjeras de menores sustraídos los incluyen en sus listados como “abducted by non-custodial mother from Spain in 2021”, un recordatorio en inglés de que su historia ya no pertenece sólo a Casares, sino a un mapa mucho más grande.

Para el padre, sin embargo, el caso no es un titular internacional, sino algo mucho más sencillo y devastador: dos camas vacías, dos mochilas sin usar, dos voces que dejaron de oírse una tarde de colegio. En entrevistas, Heriberto describe a Leonardo y Stephanie como “dos niños cariñosos, inteligentes, que amaban la playa y sus rutinas en Casares”, y pide algo muy concreto: que si alguien los ve fuera de España, recuerde que su presencia allí podría no ser voluntaria.


El caso de Leonardo y Stephanie Centeno Ostapenko es, al final, una pesadilla doble: la de dos menores arrancados de su entorno, y la de un padre atrapado en una espera que no sabe cuándo termina. No hay cuerpos, no hay escena del crimen, no hay cierre. Sólo fechas: 29 de enero de 2021, el día en que fueron vistos por última vez en Casares; cada 29 de enero que se repite desde entonces, como una alarma que suena para recordar que aún faltan dos niños.

Si conoces a algún niño o niña que pueda ser Leonardo o Stephanie, si has visto sus rostros en otro país o reconoces sus nombres en un aula, en un parque o en un documento, no lo descartes. Leonardo Centeno Ostapenko: 5 años al desaparecer, pelo rubio corto, ojos azules. Stephanie Centeno Ostapenko: 6 años, pelo castaño largo y liso, ojos azules. Desaparecieron juntos el 29 de enero de 2021 en Casares (Málaga) en un caso de sustracción parental aún sin resolver. Cualquier información, por mínima que parezca, puede ser la grieta por donde entre un poco de luz en esta historia.

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