María Josefa Padilla Padilla: la vecina de El Cortijuelo que salió en camisón y nunca volvió



María Josefa Padilla Padilla tenía 76 años cuando, en la madrugada del 3 de septiembre de 2019, desapareció de su casa en El Cortijuelo, una pequeña pedanía de Quesada, en Jaén. Vivía en la calle Cortijuelo, rodeada de campo, huerto y familia, a las puertas del Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. Padecía Alzheimer avanzado, pero su mundo seguía siendo ese trozo de tierra al que estaba atada de por vida. Aquella noche se acostó como siempre. Al amanecer, ya no estaba.

Con la enfermedad, la rutina lo era todo. Sus hijos estaban pendientes, el pueblo entero sabía que “Che” —como la llamaban— descansaba mejor si sentía cerca el murmullo de la casa y del jardín. Pero aquella madrugada, entre las 5:30 y las 6:00, María Josefa se levantó, abrió la puerta y salió a la calle. No cogió bolso, ni llaves, ni abrigo. Vestía solo un camisón blanco y unas zapatillas de estar por casa. Cuando la familia se dio cuenta, sobre las 6:30, su cama estaba vacía… y la puerta, entreabierta.

El Cortijuelo es una aldea mínima, “apenas una decena de casas” pegadas a caminos de tierra y al cauce del Guadiana Menor. Allí todos se conocen por su nombre, por la voz y por la forma de andar. Esa mañana, un familiar aseguró haberla visto en la calle, en camisón y zapatillas, caminando sola. Después, el rastro se cortó. En cuestión de minutos, lo que parecía un despiste más de la enfermedad se convirtió en un vacío que dura ya más de seis años.


Lo primero fue lo de siempre: familia y vecinos buscándola a pie, llamándola por su nombre por los olivos, por las cunetas, por los caminos. “Che, ¿dónde estás?”. Sin éxito. Al ver que pasaban los minutos y no aparecía, dieron el aviso. La Guardia Civil activó el protocolo de desaparición de inmediato, consciente de que la combinación de edad, Alzheimer y campo abierto convertía cada minuto en una carrera contra el reloj.

Muy pronto, la desaparición de María Josefa Padilla en Quesada se transformó en uno de los dispositivos de búsqueda más grandes que se recuerdan en la provincia. Más de una treintena de guardias civiles, Policía Local, Seprona, voluntarios de Protección Civil, retenes del Infoca y más de doscientos vecinos de la comarca peinaron un radio de kilómetros alrededor de la aldea. El operativo se concentró especialmente en la zona del Guadiana Menor, a escasa distancia de su vivienda.

A los equipos terrestres se sumó un helicóptero de la Guardia Civil, la unidad cinológica con perros especializados y, en cuanto se vio el riesgo real de caída al agua, el Grupo de Actividades Subacuáticas (GEAS). La zona era complicada: el río bajaba con bastante caudal, con orillas enmarañadas de zarzas y vegetación cerrada. Para facilitar los rastreos, la Subdelegación del Gobierno pidió a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir que cerrara compuertas del pantano del Negratín y redujera el nivel del cauce, intentando arrancarle al río cualquier pista de la anciana desaparecida.


Los días se volvieron semanas. Más de cien personas continuaron buscando a María Josefa, con drones sobrevolando la zona, desbroces específicos en las orillas del río, rastreos en un radio de hasta 15 kilómetros, revisando barrancos, fincas, pozos y caminos secundarios. Y, aun así, nada. Ni una prenda, ni una huella, ni un indicio firme. En febrero de 2020, la prensa resumía el desconcierto con una frase heladora: “Cinco meses después, nada se sabe del paradero de María Josefa Padilla”.

Mientras los dispositivos oficiales se replegaban por falta de resultados, la vida en El Cortijuelo intentaba seguir… pero no del todo. El jardín de “Che” seguía regándose “como ella les enseñó”, contaban sus familiares. Las macetas, los geranios, el trozo de huerto donde se agachaba cada mañana se convirtieron en un altar cotidiano. Allí, cada fin de semana, la ausencia pesaba más que la tierra.

En 2021, un Juzgado de Cazorla abrió expediente de declaración de ausencia legal de María Josefa Padilla Padilla, constatando que no existían noticias de ella desde el 3 de septiembre de 2019 y fijando su último domicilio en la pedanía de El Cortijuelo. Era un paso jurídico necesario, pero también un golpe emocional: el papel empezaba a aceptar lo que la familia se negaba a asumir del todo. Aun así, las concentraciones en la plazoleta del pueblo se repitieron año tras año, con pancartas claras: “Seguimos buscándote”.


El 3 de septiembre de 2023, en el cuarto aniversario de la desaparición, la aldea se llenó de nuevo. ExtraJaén hablaba de “multitudinario apoyo” a la familia de la mujer con Alzheimer desaparecida. La alcaldesa de Quesada acompañó el acto, en el que se recordó el despliegue inicial —GEAS, Infoca, perros, helicóptero, drones— y se reclamó la reactivación de la búsqueda en zonas especialmente difíciles del entorno del río. Un año después, en septiembre de 2024, Cadena SER resumía el sentimiento de los suyos: “Cinco años después, nada se sabe del paradero de Josefa Padilla”.

Las hipótesis oficiales nunca se han cerrado del todo. La más repetida apunta a una salida desorientada por el Alzheimer y a un posible accidente en el entorno del Guadiana Menor, un escenario donde el cuerpo podría haber quedado atrapado o arrastrado sin ser visible. Pero la ausencia total de restos o de efectos personales abre también la puerta a otras preguntas: ¿pudo ser asistida o recogida por alguien sin que quedara registro? ¿Pudo alejarse más de lo que marcan los primeros rastreos? Ningún informe público habla de indicios de delito, pero tampoco existe una verdad definitiva.

Más allá de la investigación, la desaparición de María Josefa Padilla en Quesada se ha convertido en símbolo de todas las familias que buscan a un mayor con deterioro cognitivo. Su ficha —referencia 25-01114 en SOS Desaparecidos— sigue activa: 1,55 m de altura, unos 60 kg, pelo corto y canoso, ojos castaños, complexión normal y diagnóstico de Alzheimer. Cada vez que se comparte ese cartel, no solo se pide ayuda por ella: se recuerda que hay cientos de familias viviendo el mismo miedo a que una puerta se quede abierta en mitad de la noche.


“Che salió en camisón y zapatillas, como si fuera a regar el jardín”, repiten los suyos. Pero no volvió a cruzar el umbral. Su nombre, María Josefa Padilla Padilla, se ha quedado pegado a ese camino corto entre casa, huerto y río, convertido en una especie de línea invisible que nadie puede recorrer sin pensar en ella. En cada concentración, alguien repite la misma idea: “No hay cuerpo, pero hay memoria. No hay tumba, pero hay una vida que no vamos a dejar que se pierda”.

Si estabas en la zona de El Cortijuelo (Quesada, Jaén) o en los alrededores del río Guadiana Menor en los días posteriores al 3 de septiembre de 2019, si recuerdas haber visto a una mujer mayor en camisón blanco y zapatillas de casa, desorientada, cualquier recuerdo puede ser importante. Para aportar información sobre la desaparición de María Josefa Padilla Padilla, puedes contactar con la Guardia Civil (062 / 112) o con SOS Desaparecidos (649 952 957 / 644 712 806), citando la referencia 25-01114. Porque a veces, una sola llamada puede rescatar a una familia de una pesadilla que dura demasiado.

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