20 Puñaladas en la madrugada: El atroz crimen del militar en Viana de Cega



Viana de Cega, un municipio vallisoletano donde el silencio suele ser sinónimo de descanso, se transformó la madrugada del 14 de enero de 2025 en el escenario de una tragedia que aún hiela la sangre. Lo que comenzó como una noche de invierno cualquiera terminó con un hogar profanado y una vida segada por la obsesión.

Eran aproximadamente las tres de la mañana cuando la paz de la calle Cardiel se hizo añicos. Jorge M.S., un militar profesional de 42 años destinado en la base de El Empecinado, decidió que su uniforme no sería usado para proteger, sino para ocultar una intención letal movida por los celos más oscuros.

El objetivo era el domicilio donde su expareja intentaba reconstruir su vida junto a un nuevo compañero. Con la frialdad de quien conoce la táctica y la fuerza, el agresor irrumpió en la vivienda, vulnerando no solo una puerta, sino el derecho fundamental a sentirse a salvo entre cuatro paredes.

Dentro esperaba Jorge M., un hombre de 36 años y origen mexicano que encontró en España un destino trágico. No hubo tiempo para defensas ni palabras; el atacante, armado con una navaja, descargó una furia ciega que convirtió el dormitorio en una escena de horror dantesco.

La saña fue indescriptible. Según los informes forenses, la víctima recibió una veintena de puñaladas, concentradas en zonas vitales como el cuello y el pecho. Cada golpe de hoja era un mensaje de odio de alguien que se negaba a aceptar que el amor no es una propiedad privada.

En medio del caos, la pareja de la víctima y expareja del agresor intentó interponerse. En un acto de desesperación pura, trató de frenar el brazo armado de quien una vez fue parte de su vida, resultando ella misma herida en el forcejeo mientras veía cómo su presente se desangraba.

Los gritos de auxilio rasgaron el silencio del edificio. En el mismo inmueble vivían los hermanos del agredido, quienes, al escuchar el estrépito de la lucha, acudieron al rescate sin sospechar que se enfrentarían a un hombre entrenado para el combate y fuera de control.

La escena que encontraron era una lucha por la supervivencia. Los hermanos lograron, tras un enfrentamiento agónico, desarmar y retener al militar. En la refriega, uno de los familiares también resultó herido, pero su intervención evitó que la masacre fuera aún mayor antes de que llegara la Guardia Civil.

Desde aquel día, el acusado permanece en la prisión militar de Alcalá de Henares. Su condición profesional ha marcado un proceso judicial complejo, donde las vistas por delitos previos de violencia de género se han suspendido repetidamente por problemas logísticos en su traslado.

Hoy, la justicia empieza a poner cifras al dolor. La Fiscalía de Valladolid ha solicitado una pena de 26 años de cárcel por los delitos de asesinato, allanamiento de morada y lesiones. Es la petición más baja de todas las partes personadas en un caso que clama por una sentencia ejemplar.



Por su parte, la mujer que presenció el asesinato de su pareja ha elevado su petición hasta los 37 años de prisión. Para ella, no hay condena suficiente que borre las imágenes de aquella madrugada ni el miedo que se ha instalado permanentemente en su mirada.

La familia de Jorge M., que tuvo que cruzar el océano para reclamar sus restos, solicita 32 años de cárcel. Además de la pena privativa de libertad, exigen indemnizaciones que superan los 313.000 euros para intentar paliar el vacío económico y emocional de una pérdida irreparable.

No son los únicos que lloran. Una expareja anterior de la víctima, madre de sus tres hijos, pide 35 años de cárcel. Detrás de los números de la fiscalía hay tres niños que han quedado huérfanos de padre por el arrebato violento de un hombre que no supo gestionar su pasado.

La acusación popular, representada por la asociación ADIVE, también se ha sumado a la causa, recordando que este tipo de crímenes no solo afectan a una familia, sino que suponen un ataque directo a la convivencia y a la seguridad de todas las víctimas de violencia machista.

El móvil de los celos es la hipótesis principal que manejan los investigadores. Es la historia repetida de quien confunde el compromiso con el control, y que decide que si una vida no es para él, no será para nadie más, utilizando su formación militar para ejecutar una sentencia de muerte.



Viana de Cega intenta recuperar la normalidad, pero el número 17 de la calle Cardiel sigue siendo un recordatorio mudo de que el peligro a veces viste de uniforme y llega sin avisar. La justicia tiene ahora la palabra para cerrar una herida que ha marcado para siempre la historia de este rincón de Valladolid.

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