La tiza que dejó de escribir: El adiós a Enrique Portela, el maestro que marcó a Galicia


La muerte, cuando llega a destiempo, tiene un peso diferente; una densidad que parece desafiar las leyes de la naturaleza y el sentido común. En el mundo de la educación, donde se trabaja construyendo futuros, la pérdida de un docente joven se siente como un libro que se cierra bruscamente a mitad de un capítulo, dejando un aula llena de preguntas que el silencio no sabe responder.

Este fin de semana, la comunidad educativa de Pontevedra se despertó con una noticia que ha helado el corazón de quienes creen en la enseñanza como una forma de vida. Enrique Portela, conocido por todos como Kike, ha fallecido a los 37 años. Su partida no es solo una cifra en un obituario, es el fin de una trayectoria brillante que había logrado lo más difícil en su profesión: el reconocimiento unánime de sus alumnos y sus compañeros.

Kike no era un profesor más. Su pasión por las aulas le llevó a ser nominado como Mejor Docente de España en los prestigiosos Premios EDUCA ABANCA en 2025. Aunque la puntuación final no le otorgó el galardón, estar en esa selecta lista fue la prueba física de un talento que ya se conocía en los pasillos del IES Castro Alobre, en Vilagarcía de Arousa, donde ejercía su labor con una entrega difícil de igualar.

En Galicia, su nombre también resonaba con fuerza fuera de las escuelas. Desde 2011, Portela vinculó su vida al Bloque Nacionalista Galego (BNG), demostrando que su compromiso con la sociedad iba más allá de los libros de texto. Fue candidato a la alcaldía en Cuntis y concejal de Cultura, Educación y Patrimonio, áreas donde pudo volcar su amor por la lengua gallega y la memoria histórica de su tierra.

La noticia de su muerte, ocurrida este 2 de mayo, ha caído como una losa de granito sobre los municipios de Cuntis y Vilagarcía. A sus 37 años, Kike representaba la vitalidad y el compromiso de una generación que lucha por una educación pública de calidad. Su juventud hace que el golpe sea aún más difícil de asimilar, dejando una sensación de injusticia que recorre cada mensaje de despedida en las redes sociales.

A pesar de la relevancia pública de su figura, no han trascendido las causas exactas de su fallecimiento. Este vacío de información añade una capa de solemnidad y respeto a un duelo que ha unido a políticos, docentes y alumnos en un mismo sentimiento de orfandad. La discreción rodea una pérdida que, por inesperada, ha dejado a toda una comunidad en un estado de shock profundo.

"La vida es injusta con algunas personas", lamentaba la eurodiputada Ana Miranda, quien recordó a Kike como alguien que siempre tenía una sonrisa dispuesta. Sus palabras reflejan el sentir de muchos que vieron en él no solo a un político o a un profesor, sino a un hombre bueno que supo estar presente en los momentos difíciles de los demás, ofreciendo consuelo incluso cuando el dolor no era suyo.

Pero Kike también encontraba refugio en el deporte. Formaba parte del equipo de veteranos CD Bamio, donde el fútbol era la excusa perfecta para compartir momentos de camaradería fuera de la presión del trabajo y la política. Fue precisamente el club quien comunicó la noticia, recordando que tras el docente y el político, había un compañero de equipo que nunca dejaba de trabajar por los suyos.

El velatorio, celebrado este domingo en el Tanatorio San Pelayo, se convirtió en un desfile silencioso de rostros desencajados por la pena. Allí, entre flores y recuerdos, se intentó dar sentido a una ausencia que parece imposible. 37 años son demasiado pocos para quien tenía tanto que enseñar y tantas batallas que librar por la cultura y la educación de su país.

El legado de Enrique Portela se queda ahora guardado en los pupitres de sus alumnos y en las actas de los plenos que un día presidió. Su lucha por la lengua gallega y por una enseñanza pública digna no se apaga con su partida, sino que se convierte en una responsabilidad para quienes se quedan. La tiza ha dejado de escribir en la pizarra, pero el mensaje que dejó escrito es imborrable.

"Qué pena tan grande", es la frase que más se repite en las calles de Cuntis. Es una expresión sencilla que encierra la magnitud de un vacío que no se puede medir. Cuando alguien tan joven y tan querido se marcha, el mundo se vuelve un poco más oscuro, y la sensación de que nos han arrebatado una parte importante del futuro se vuelve casi insoportable.

Hoy, las aulas del IES Castro Alobre guardarán un minuto de silencio que pesará más que cualquier lección. Enrique Portela se ha ido, pero su sonrisa y su compromiso seguirán vivos en cada rincón de Galicia donde se hable de justicia, de educación y de amor por la tierra. Se apaga una vida, pero nace un recuerdo que será eterno para quienes tuvieron la suerte de llamarle maestro.

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