Salamanca (Pizarrales): El Fumadero de Santa Rosa y los Tres Disparos por una Deuda



Salamanca, 9 de febrero de 2026. En el barrio de Pizarrales, hay calles donde el silencio se rompe por motivos que no salen en las guías turísticas.

La calle Santa Rosa de Lima era conocida por algo más que por su nombre: allí funcionaba un punto de venta de sustancias, un fumadero donde las horas se miden en dosis.

Ese lunes, la rutina del trapicheo se quebró de golpe. No hubo discusión larga, solo el sonido seco de un arma de fuego corta.

Un hombre, J.V.R. se encontraba en el interior. No estaba allí por casualidad, sino por ese hilo invisible que ata a quien consume con quien vende.

El agresor entró decidido. Disparó tres veces. No fue un aviso al aire; los tres proyectiles impactaron en el cuerpo de la víctima.

Tras los disparos, el herido quedó abandonado a su suerte. El atacante huyó, dejando atrás el olor a pólvora y a miedo que impregna estas escenas.

La víctima logró salir o fue sacada a la vía pública. Allí, en el asfalto, fue donde la realidad se hizo visible para el resto del barrio.

Los servicios de emergencia lo evacuaron en estado grave al Hospital Universitario. Tres heridas de bala son una sentencia que a veces se suspende por la pericia médica.

La Policía Nacional tomó el control de la calle. Inspección ocular, búsqueda de casquillos y el cierre de un local que todos sabían lo que era.

Durante días, el autor fue un fantasma. Se movía en un vehículo de alta gama, ajeno —o quizás demasiado consciente— de que su nombre ya estaba en una lista.

La investigación apuntó a un móvil clásico en este entorno: una deuda. En el mercado de la droga, los números rojos se suelen borrar con violencia.

El 23 de febrero, la huida terminó en la carretera de Ledesma. Una interceptación policial, un bloqueo y unas esposas pusieron fin a la libertad del sospechoso.



En el registro se halló munición compatible con la extraída del cuerpo de la víctima. La balística tiene una memoria que no se puede borrar con coartadas.

El detenido, con antecedentes, guardó silencio ante el juez. A veces, callar es la única defensa cuando las pruebas gritan.

El juez decretó prisión provisional. Para el barrio, fue un cierre temporal; para la víctima, el inicio de una recuperación lenta con tres cicatrices nuevas.



Salamanca, 09/02/2026: un fumadero, tres disparos y una deuda. Y la certeza de que, en ciertos negocios, el precio final siempre es más alto de lo pactado.

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