El 5 de mayo de 2026, el Peñón de Ifach volvió a recordar que su belleza también tiene filo. Un senderista de unos 90 años sufrió un resbalón mientras subía por la montaña de Calp, en Alicante, cuando se encontraba a unos 50 metros de coronar la cima. La excursión terminó con un helicóptero de rescate sobrevolando la roca y una ambulancia esperando en la base.
La víctima no era un turista cualquiera que se había acercado al mirador sin medir el terreno. Era un hombre de edad muy avanzada que había llegado casi hasta arriba, a una zona donde cada paso exige equilibrio, piernas firmes y atención. El vínculo aquí no es entre agresor y víctima, sino entre una persona, una montaña y una decisión que pudo acabar mucho peor de lo que acabó.
El detalle que sostiene el caso son esos 50 metros finales. En montaña, la distancia engaña: parece poco, casi nada, pero puede concentrar piedra pulida por miles de pisadas, pendientes incómodas, cansancio acumulado y la falsa sensación de que la meta ya está hecha. A veces el accidente ocurre precisamente cuando la cima parece al alcance de la mano.
El aviso llegó al Consorcio Provincial de Bomberos de Alicante a las 12:16 horas. El hombre había resbalado, se había golpeado y tenía la rodilla dañada. No presentaba heridas de gravedad, pero sí dificultades para caminar en un punto donde bajar por sus propios medios podía convertirse en otro riesgo. La montaña no perdona bien una pierna que falla.
Hasta la zona se movilizó el helicóptero de rescate y el Grupo Especial de Rescate del Consorcio, el equipo acostumbrado a trabajar donde una ambulancia no puede llegar. En el Peñón de Ifach, esa diferencia importa: no se trata solo de atender una lesión, sino de sacar a la persona de un lugar estrecho, elevado y con accesos complicados sin empeorar su estado.
Los rescatadores estabilizaron al senderista antes de evacuarlo. El operativo lo subió al helicóptero y lo trasladó hasta la helisuperficie situada en la base del Peñón, junto al paseo que rodea la roca. Allí esperaba una ambulancia de Soporte Vital Básico para continuar la atención y llevarlo a un centro sanitario si era necesario.
La intervención terminó alrededor de las 14:00 horas. En términos generales, el hombre se encontraba bien de salud, según las fuentes del operativo. Esa frase cambia el tono de la historia: no fue una tragedia, sino una advertencia. La diferencia entre una caída leve y un desenlace fatal puede ser cuestión de ángulo, piedra, altura o tiempo de respuesta.
El Peñón de Ifach mide unos 332 metros y es uno de los símbolos más reconocibles de la costa alicantina. Su perfil aparece en postales, fotografías turísticas y rutas de senderismo, pero esa familiaridad puede jugar en contra. Que una montaña esté cerca del puerto, de los hoteles y del paseo no significa que sea un parque urbano ni que el ascenso sea sencillo para cualquiera.
La ruta concentra tramos muy pisados, piedras escurridizas y zonas donde un mal apoyo puede dejar a una persona sin margen. El atractivo del lugar atrae a miles de visitantes, incluidos muchos que no siempre llevan calzado adecuado o que subestiman el desgaste de la subida. En este caso, el accidente ocurrió cerca de la cima, cuando el esfuerzo ya se había acumulado en el cuerpo.
La edad del senderista vuelve la escena especialmente llamativa. Llegar casi hasta la cumbre con 90 años habla de voluntad, energía y amor por caminar, pero también coloca el cuerpo frente a una exigencia extrema. Una rodilla dañada a esa altura no es una molestia menor: puede bloquear la bajada, alterar el equilibrio y convertir cada metro de descenso en una amenaza.
Ese mismo día, Calp vivió otro rescate en la Sierra de Toix, donde un escalador austríaco cayó desde unos seis o siete metros y sufrió una fractura de tobillo y contusiones. Los bomberos acababan de cerrar la intervención del Peñón cuando recibieron el segundo aviso. En apenas dos horas, dos montañas del litoral calpino mostraron la misma verdad: el paisaje puede cambiar de postal a emergencia en segundos.
La presencia del helicóptero no es un exceso en este tipo de rescates. En terrenos verticales o de acceso difícil, sacar a una persona lesionada a pie puede requerir mucho más tiempo y exponer tanto al herido como a los equipos. La evacuación aérea reduce riesgos cuando hay espacio, coordinación y un punto seguro para transferir al paciente a una ambulancia.
Los rescates en el Peñón de Ifach no son raros. Su ubicación, su fama y su aparente accesibilidad hacen que muchas personas se animen a subir sin pensar demasiado en el regreso. Pero la montaña no mide la intención: mide el calzado, el cansancio, la hidratación, el vértigo, la hora, el calor y la capacidad real de moverse con seguridad por piedra irregular.
En este caso, el final fue favorable. El senderista fue rescatado, atendido y evacuado sin que se temiera por su vida. Pero la imagen queda: un hombre de 90 años detenido a pocos metros de la cima, una rodilla que ya no responde, el helicóptero acercándose y los rescatadores trabajando sobre una roca que se alza sobre el Mediterráneo.
La historia tiene algo de admiración y algo de miedo. Admiración por quien, a esa edad, sigue queriendo subir; miedo porque la montaña no distingue entre valentía e imprudencia cuando llega el mal paso. A veces la línea entre aventura y emergencia no la marca una gran caída, sino un resbalón mínimo en el sitio exacto donde ya no se puede caminar.
El Peñón de Ifach seguirá atrayendo a quienes quieren verlo todo desde arriba. Pero este rescate deja una pregunta sencilla antes de iniciar cualquier ruta: no solo si se puede subir, sino si se puede bajar. La cima nunca debería pesar más que volver entero a casa.
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