Pilar De La Horadada: La Tubería Bajo La AP-7 Y El Amigo Que Mintió



En Pilar de la Horadada, Alicante, el cadáver apareció en un lugar donde una muerte podía confundirse con un accidente. Era una tubería de cemento de grandes dimensiones, bajo un tramo de carretera junto a una salida de la AP-7. La primera escena parecía apuntar hacia un atropello, pero la historia real, según la investigación, estaba mucho más cerca de una casa de campo, una discusión y un palo de azada.

La víctima era un hombre de 31 años, de nacionalidad marroquí, vinculado al trabajo agrícola de temporada en la Vega Baja. El detenido, de 53 años y también marroquí, lo conocía de campañas anteriores. No eran dos desconocidos que se cruzaron en la noche: habían trabajado juntos, habían convivido en algún momento y arrastraban una relación deteriorada por conflictos previos.

El 23 de abril, hacia las nueve de la noche, una llamada al 112 llevó a la Guardia Civil y a la Policía Local hasta aquella zona próxima a la autopista. Quien dio el aviso fue precisamente el hombre que decía haber encontrado el cuerpo de su amigo. La ubicación, bajo la carretera y dentro de una gran tubería, permitió que durante las primeras horas se contemplara la posibilidad de una caída tras un atropello.

Pero había detalles que no encajaban del todo. El lugar no era un paso habitual para cruzar la AP-7, y a poca distancia existía otro acceso más lógico. El cadáver fue levantado y trasladado al Instituto de Medicina Legal de Alicante, donde la autopsia al día siguiente cambió por completo el sentido del caso: no había una muerte accidental, sino una muerte violenta.

Los forenses apreciaron golpes compatibles con un objeto contundente de sección cilíndrica. Algunas informaciones sitúan lesiones en cabeza, torso y extremidades, y la muerte entre los días 19 y 20 de abril, varios días antes del aviso. Aquella diferencia de fechas debilitaba la versión del hallazgo reciente y convertía al supuesto testigo en una pieza central de la historia.

El Equipo de Homicidios de la Guardia Civil de Alicante asumió el caso en la operación Yalzaq. La mirada de los investigadores se dirigió hacia la persona que estaba junto al cadáver cuando se alertó a emergencias. Su residencia quedaba a unos 300 metros del punto donde apareció el cuerpo, en una construcción habilitada como vivienda dentro de un invernadero.

Cuando los agentes llegaron hasta esa vivienda rural, encontraron al sospechoso en plena salida. Iba en bicicleta, con equipaje, sus enseres personales y el pasaporte. Esa imagen pesa en el relato porque marca el instante en que una versión empieza a desmoronarse: el hombre que decía haber encontrado por casualidad a un amigo muerto parecía dispuesto a abandonar la zona.

La búsqueda alrededor de la vivienda añadió un objeto decisivo. Entre la maleza apareció el astil de madera de una azada, de aproximadamente un metro de largo y cuatro centímetros de diámetro. Las pruebas reactivas detectaron restos biológicos, y ese mango pasó a ser el posible instrumento con el que se causaron las heridas mortales.

En el registro del domicilio también se localizó una navaja de doce centímetros. Ese hallazgo encajaba con la versión que el detenido acabaría dando a los agentes: afirmó que la víctima se presentó en su casa con intención de quedarse a vivir allí durante una temporada y que él se negó por la mala relación que mantenían. De esa negativa habría nacido la discusión.

La campaña de recogida del pimiento estaba próxima y, según lo reconstruido, el hombre más joven buscaba alojamiento en esa casa de campo compartida por temporeros. Lo que pudo empezar como una petición de techo terminó, siempre según la confesión atribuida al detenido, en una pelea en la que la víctima lo habría amenazado con una navaja y él respondió con el mango de la azada.

La escena descrita por la investigación es brutal por su sencillez material. No hay armas sofisticadas ni una planificación compleja: hay una vivienda precaria, dos hombres que se conocen, una relación rota, una discusión y un instrumento de trabajo convertido en arma. El objeto que en el campo sirve para abrir tierra terminó asociado a la muerte de un hombre de 31 años.

Después llegó el intento de explicar el cadáver como si la carretera hubiera hecho lo demás. El cuerpo quedó abandonado en la tubería bajo la AP-7, y el aviso se produjo días más tarde. La hipótesis policial apunta a que el sospechoso intentó desviar la atención hacia un accidente, quizá sabiendo que la ubicación podía sostener durante unas horas la idea de un atropello.

Un tercer temporero que vivía con el detenido declaró como testigo. Algunas informaciones recogen que no estaba presente cuando ocurrió la pelea y que habría intentado convencer al presunto autor de que se entregara. Ese detalle deja una escena posterior igual de áspera: alguien conoce lo sucedido, el cadáver sigue donde quedó y el silencio comienza a pesar más que cualquier explicación improvisada.

La autopsia fue la grieta por donde entró la verdad judicial. Las heridas no correspondían con la caída de un cuerpo atropellado, sino con impactos repetidos de un objeto cilíndrico y contundente. En menos de 24 horas desde el hallazgo, la Guardia Civil pasó de una posible muerte accidental a la detención de un hombre acusado de homicidio doloso.

El detenido fue puesto a disposición de la Sección de Instrucción número 3 del Tribunal de Instancia de Orihuela, en funciones de guardia, y el juzgado decretó su ingreso en prisión provisional. La causa queda abierta, con una confesión, un objeto localizado entre la maleza, restos biológicos y una versión inicial que la investigación considera falsa.

Lo que permanece es una imagen difícil de apartar: un hombre joven muerto bajo una autopista, una llamada que quiso vestir el crimen de accidente y una bicicleta preparada para escapar con un pasaporte encima. En Pilar de la Horadada, la carretera no fue la explicación final, sino el decorado donde una mentira intentó esconder una muerte violenta.

Cuando el miedo te roba la voz, esto grita por ti

En situaciones de pánico, la garganta se cierra y pedir ayuda se vuelve imposible. Esta alarma personal está diseñada para romper el silencio ensordecedor de una agresión: un sonido de 140dB y una luz estroboscópica para disuadir y alertar cuando tú no puedes hacerlo.

Ver cómo funciona

Leer más

Publicar un comentario

0 Comentarios