La tarde del 23 de junio de 2026 dejó una imagen extraña incluso para Madrid: una columna de humo elevándose desde la Torre Moeve, una de las Cuatro Torres del paseo de la Castellana, mientras decenas de trabajadores abandonaban el edificio con la vista clavada en las plantas superiores.
El incendio se declaró alrededor de las 17.00 horas en un cuarto técnico situado en la planta 25, según trasladaron los servicios de emergencia. No fue un fuego cualquiera dentro de un rascacielos de oficinas, sino una incidencia que arrancó con una detonación y que obligó a activar un desalojo inmediato.
La torre afectada es el edificio corporativo de Moeve, antigua Cepsa, uno de los inmuebles más reconocibles del complejo financiero. El hecho de que el fuego apareciera en una zona técnica y a gran altura multiplicó la tensión desde los primeros minutos, porque cualquier incidencia en ese punto complica la evacuación y la inspección interior.
Los Bomberos del Ayuntamiento de Madrid se desplegaron en el lugar junto con unidades de Policía Nacional, Samur-Protección Civil y otros equipos de apoyo. Mientras se cerraba el perímetro, la humareda se hizo visible desde distintos puntos de la capital y convirtió la escena en un foco inmediato de alarma ciudadana.
Dentro del inmueble quedaron confinadas tres personas en zonas de seguridad situadas en distintas plantas. Emergencias mantuvo contacto con ellas durante la intervención y dejó claro después que no había trabajadores desaparecidos, un matiz importante porque durante los primeros momentos circularon versiones confusas sobre posibles atrapados sin localizar.
Esas tres personas terminaron siendo evacuadas con vida, un dato clave en un edificio donde el miedo a quedar encerrado por humo y altura se dispara en cuestión de segundos. La intervención se centró primero en asegurar esa salida y en impedir que el fuego comprometiera otras áreas del rascacielos.
Los servicios sanitarios atendieron a dos trabajadores por inhalación leve de humo, aunque ambos recibieron el alta en el lugar y no necesitaron traslado hospitalario. También fue asistida una transeúnte que sufrió una crisis de ansiedad al presenciar el operativo y la magnitud de la columna gris que se abría sobre la zona.
La explosión previa al incendio fue relatada también por testigos que se encontraban en las inmediaciones. Esa percepción exterior coincide con la información policial recogida durante la tarde, que situó la detonación como el episodio que precedió al inicio de las llamas en el interior del edificio.
El fuego acabó siendo controlado y extinguido por los bomberos, que después continuaron revisando el interior de la torre para descartar riesgos residuales. En un inmueble de 45 plantas, dar por sofocado un foco no basta: hay que comprobar instalaciones, ventilación, cuartos técnicos y posibles daños asociados antes de recuperar la normalidad.
La emergencia no solo se vivió dentro del edificio. El acceso al paseo de la Castellana desde la M-11, la vía interior de la M-30 y las entradas al túnel de Cuatro Torres sufrieron cortes, lo que provocó retenciones en un tramo especialmente sensible del tráfico madrileño a esa hora de la tarde.
La dimensión visual del incendio reforzó la sensación de gravedad. Aunque el balance provisional no dejó heridos graves, la imagen de humo saliendo desde una planta alta de una de las torres más emblemáticas de la ciudad alimentó durante horas la inquietud sobre lo que podía estar ocurriendo dentro.
Las primeras informaciones situaron el origen en el cuarto técnico de la planta 25, pero la revisión posterior del edificio será la que determine con precisión qué falló y por qué se produjo la detonación. Ese punto resulta decisivo porque afecta tanto a la explicación del incidente como a la prevención de episodios similares.
El episodio reabrió de forma inevitable la preocupación sobre la vulnerabilidad de grandes edificios de oficinas ante fuegos localizados en áreas técnicas. Cuando el problema nace en una planta alta y en una zona de instalaciones, cada minuto depende de protocolos internos, compartimentación y capacidad de respuesta coordinada.
Lo que quedó al caer la tarde fue una torre desalojada, tres personas rescatadas desde zonas seguras, varios atendidos por el humo y una capital pendiente del cielo sobre la Castellana. No hubo una tragedia mayor, pero durante un tramo de la tarde Madrid vio cómo uno de sus símbolos corporativos quedaba envuelto en una escena de fuego, explosión y miedo real.
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