Muere la bebé rescatada tras ahogarse en la piscina de un hotel en Fuerteventura


La historia ha dado el giro más duro. La bebé de un año que llevaba una semana ingresada en estado crítico tras ser rescatada de una piscina en Fuerteventura ha muerto, cerrando con un desenlace fatal un caso que ya había dejado una escena de máxima gravedad desde el primer minuto.

La menor había sufrido el ahogamiento el 15 de junio en la piscina de un complejo turístico situado en el municipio de La Oliva. Cuando fue sacada del agua se encontraba inconsciente y en parada cardiorrespiratoria, una situación extrema que obligó a una intervención inmediata para intentar arrancarla de la muerte.

La respuesta inicial fue desesperada y rápida al mismo tiempo. Personal del Servicio de Urgencias Canario y del centro de salud de la zona logró reanimarla en el lugar hasta recuperar el pulso, un dato decisivo que permitió su traslado con vida pese a la magnitud del daño sufrido.

Después fue evacuada en estado muy grave al Hospital Universitario Materno Infantil de Gran Canaria, donde quedó ingresada en la UCI Pediátrica. Desde entonces, el caso permaneció suspendido en una espera tensa, con la niña luchando por sobrevivir tras varios minutos marcados por la asfixia y la falta de oxígeno.

Durante esa semana no hubo una recuperación que cambiara el pronóstico. La bebé siguió en una situación crítica hasta que este martes se confirmó su fallecimiento, convirtiendo el accidente inicial en una muerte que agrava por completo el peso del caso y su impacto humano.

La víctima era una menor de nacionalidad británica. Ese detalle ha situado la tragedia también dentro del circuito turístico de la isla, en un entorno vacacional que, en cuestión de segundos, se transformó en un escenario de emergencia absoluta para su familia y para quienes presenciaron el rescate.

El suceso ocurrió en una piscina de hotel, uno de esos espacios que suelen percibirse como controlados y seguros. Precisamente por eso el golpe es más crudo: bastó un instante para que una jornada corriente derivara en una reanimación a pie de agua y, días después, en una muerte confirmada en el hospital.

La cronología es breve, pero devastadora. El 15 de junio se produce el ahogamiento, la parada cardiorrespiratoria y el traslado urgente; a lo largo de una semana se mantiene el ingreso en cuidados intensivos; el 23 de junio llega la confirmación final de que la menor no ha podido superar las secuelas.

Más allá del dato médico, el caso deja una imagen difícil de apartar. Una bebé tan pequeña fue sacada del agua sin conciencia, rodeada de maniobras de reanimación y de una urgencia feroz por devolverle el latido, mientras todo dependía de unos minutos críticos que suelen decidirlo todo.

La muerte de la niña reactiva además el debate sobre la vigilancia permanente en zonas de baño frecuentadas por menores. En piscinas privadas o turísticas, los expertos insisten desde hace años en la misma idea: el ahogamiento infantil puede producirse en muy poco tiempo y casi siempre sin señales escandalosas alrededor.

En este caso, la intervención de emergencia logró evitar la muerte inmediata, pero no bastó para frenar el daño posterior. Ese matiz convierte el relato en algo todavía más duro, porque durante días existió una posibilidad abierta, una espera angustiosa y una esperanza mínima que finalmente se rompió.

El municipio de La Oliva queda ahora unido a una noticia mucho más grave que la conocida en un primer momento. Lo que comenzó como el rescate crítico de una menor en una piscina ha terminado siendo la muerte de una bebé de un año tras una semana de ingreso hospitalario.

También cambia el enfoque informativo y emocional del caso. Ya no se habla de una niña en estado crítico ni de una evolución pendiente, sino de un fallecimiento confirmado que obliga a releer toda la secuencia desde el instante en que fue hallada sin pulso en el agua.

El cierre de esta historia es seco y brutal. Una bebé fue reanimada al borde de la piscina, trasladada en estado desesperado y mantenida una semana en cuidados intensivos, pero no sobrevivió. La tragedia que empezó en un hotel de Fuerteventura ya tiene su peor final.

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