Oviedo: muere en su casa el párroco de San Isidoro el Real, José Luis Alonso Tuñón


La mañana del lunes se torció en pleno centro de Oviedo cuando varios fieles de San Isidoro el Real comprobaron que José Luis Alonso Tuñón no aparecía para la misa de las once, un retraso que no encajaba con la rutina férrea de un sacerdote que llevaba décadas al frente de la parroquia.

La inquietud creció en cuestión de minutos y algunos parroquianos se acercaron hasta la casa parroquial del número 10 de la calle Magdalena, donde llamaron varias veces sin obtener respuesta antes de avisar a los servicios de emergencias.

Hasta el inmueble acudieron efectivos de Bomberos de Oviedo, que lograron acceder al interior de la vivienda y encontraron ya fallecido al párroco, según la versión coincidente de las informaciones publicadas durante la jornada.

La noticia se propagó de inmediato por una zona del casco histórico donde Alonso Tuñón era una figura sobradamente conocida, y la puerta del edificio empezó a llenarse de vecinos y feligreses afectados por un desenlace que muchos describían como inesperado.

La información disponible apunta a una muerte por causas naturales, sin que en las primeras referencias públicas trascendieran indicios de criminalidad, lo que convirtió la escena en un golpe seco de realidad más que en un episodio de violencia.

El impacto fue mayor porque, según relataron personas del entorno parroquial, el sacerdote había celebrado misa con normalidad el día anterior y, pese a los achaques propios de la edad, seguía manteniendo una presencia reconocible en la vida diaria de la parroquia.

José Luis Alonso Tuñón tenía 84 años y arrastraba una trayectoria extensa dentro de la Iglesia asturiana, marcada por décadas de trabajo pastoral y por un peso concreto en distintos órganos de la diócesis.

Había sido ordenado sacerdote en 1965 y desarrolló una parte importante de su ministerio en Pola de Siero, donde ejerció durante casi veinte años como coadjutor antes de asumir en 1984 la parroquia de Tudela Veguín.

Su perfil estaba además vinculado a la catequesis, especialidad en la que formó parte del equipo diocesano, y ese recorrido lo llevó también a ocupar responsabilidades como vicario episcopal de la Vicaría Centro en 1990.

En 1997 fue nombrado párroco de San Isidoro el Real por el arzobispo Gabino Díaz Merchán, un destino que acabaría siendo definitivo, porque permaneció al frente de una de las parroquias más relevantes de Oviedo hasta el día de su muerte.

La dimensión simbólica del caso no se explica solo por el fallecimiento de un sacerdote anciano, sino por la caída repentina de una presencia constante en un templo histórico, en una comunidad acostumbrada a verlo abrir, oficiar y sostener la rutina litúrgica casi sin interrupciones.

La alarma nació precisamente de esa costumbre: no fue un aviso institucional lo que encendió el primer movimiento, sino la extrañeza de los fieles al encontrarse con una ausencia impropia de alguien que llevaba casi treinta años ocupando el mismo lugar.

A medida que se confirmaba la muerte, el centro de Oviedo quedó atravesado por una mezcla de duelo y desconcierto, con la sensación de que la parroquia perdía de golpe a una de sus referencias más estables en pleno arranque de semana.

El fallecimiento de Alonso Tuñón deja ahora un vacío inmediato en San Isidoro el Real y cierra una etapa larga de la Iglesia ovetense, marcada por la continuidad de un sacerdote que había convertido la permanencia en una forma silenciosa de liderazgo.

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