La madrugada del 6 de junio dejó una escena rota en la entrada de Pinilla del Campo, un municipio soriano al que se llega por carreteras estrechas y silencio rural. En el kilómetro 14 de la SO-P-2003, un turismo volcó con cinco ocupantes dentro y convirtió una noche cualquiera en una emergencia mortal.
El aviso entró en la sala del 1-1-2 de Castilla y León alrededor de la una de la madrugada. La llamada hablaba de un coche volcado, de varias personas que necesitaban ayuda urgente y de dos ocupantes atrapados en el interior del vehículo.
En el turismo viajaban cinco personas. Dos jóvenes de unos 20 años murieron en el lugar del siniestro, antes de que el traslado al hospital pudiera ser una posibilidad real. La muerte quedó confirmada allí mismo, junto al coche deformado y la carretera cortada por las luces de emergencia.
Los otros tres ocupantes sobrevivieron, pero quedaron heridos graves. Entre ellos había otro joven de unos 20 años y dos menores adolescentes, todos evacuados al Hospital de Soria después de recibir asistencia en el punto del accidente.
El despliegue fue inmediato porque el aviso incluía atrapados. Hasta la zona acudieron los Bomberos de Ólvega, la Guardia Civil de Tráfico de Soria y recursos sanitarios de Sacyl, con una UVI móvil, una ambulancia de soporte vital básico y personal de Atención Primaria del centro de salud de Ólvega.
La intervención de los bomberos fue clave para liberar a quienes no podían salir por sí mismos. En un vuelco, el habitáculo deja de ser refugio y se convierte en jaula: puertas bloqueadas, cristales, chapa vencida y minutos que pesan más que cualquier distancia.
El siniestro se produjo en la entrada al pueblo, una zona donde la carretera provincial conecta pequeños núcleos de Soria y donde la oscuridad de madrugada reduce cualquier margen de reacción. Las primeras referencias apuntan a una salida de vía seguida del vuelco del turismo.
La Guardia Civil de Tráfico asumió la investigación para fijar la secuencia exacta: trayectoria del vehículo, punto de salida, velocidad aproximada, estado de la calzada y cualquier circunstancia que pudiera explicar por qué el coche terminó fuera de control.
La Subdelegación del Gobierno situó el accidente en una franja de madrugada próxima a la una y media y las dos. Ese margen no cambia el fondo del caso: antes del amanecer, dos familias ya habían recibido la peor noticia posible y otras tres esperaban evolución médica.
Pinilla del Campo quedó unido por unas horas a una lista más amplia de accidentes mortales registrados en Castilla y León durante la misma noche. Pero este vuelco fue el golpe más duro: cinco jóvenes en un solo turismo, dos fallecidos y tres heridos graves.
La carretera SO-P-2003 no es una gran vía de paso, sino una carretera provincial que atraviesa una Soria de pueblos pequeños, accesos comarcales y tráfico escaso. Precisamente por eso, un accidente así retumba más: no se pierde en el ruido de una autopista, llega directo al pueblo.
El Hospital de Soria recibió a los tres supervivientes, mientras los equipos de emergencia cerraban el trabajo en el lugar del siniestro. Cada traslado abría una segunda espera, la de los partes médicos y la evolución de dos menores y un joven que habían salido con vida de un coche volcado.
Queda por esclarecer qué ocurrió en los segundos previos al vuelco. La investigación tendrá que separar datos de rumores y reconstruir una madrugada que, para los ocupantes del turismo, se quebró en un tramo concreto de carretera.
La imagen final es áspera: una carretera provincial, un coche sobrepasado por la violencia del impacto, bomberos trabajando de madrugada y dos jóvenes de 20 años que no volvieron a casa. En Pinilla del Campo, el silencio del amanecer llegó demasiado tarde.
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