La tarde cayó con humo sobre Soportújar, en la Alpujarra de Granada, mientras los equipos de extinción combatían un incendio forestal declarado en el paraje de Las Hoyas.
En medio de ese despliegue, el operativo localizó el cuerpo sin vida de un hombre de 89 años dentro de una finca situada en la zona afectada por las llamas.
El hallazgo se produjo cuando el fuego ya estaba siendo atacado por tierra y aire, después de que el primer aviso del incendio se registrara alrededor de las 13:15 horas del miércoles 17 de junio de 2026.
La víctima se encontraba en su parcela, un terreno alcanzado por el avance del incendio, en un municipio pequeño de apenas unos cientos de vecinos acostumbrado a la calma de la sierra.
Tras la localización del cadáver se desplazaron hasta el lugar agentes del Seprona y personal de Policía Judicial para hacerse cargo de las diligencias y fijar el escenario exacto de lo ocurrido.
La investigación se centra ahora en determinar si el anciano estaba realizando una quema de restos vegetales en su propiedad cuando la situación se descontroló de forma irreversible.
Ese extremo figura entre los primeros testimonios recabados sobre el terreno, aunque por ahora sigue bajo comprobación y no se ha cerrado una conclusión definitiva sobre el origen del fuego.
El incendio obligó a movilizar un operativo relevante con helicópteros, grupos de bomberos forestales, un vehículo autobomba, técnicos de operaciones y un agente de medio ambiente.
Con el paso de las horas, el fuego quedó controlado y después extinguido, pero el balance dejó una escena mucho más oscura que la de otro incendio forestal contenido a tiempo.
La muerte del hombre convierte el suceso en una tragedia doble: por un lado la presión del incendio en una zona rural y por otro la vulnerabilidad de quien quedó atrapado en su propia finca.
Soportújar, conocido por su imagen turística ligada a la Alpujarra, quedó golpeado esta vez por una noticia que desplaza cualquier postal y sitúa el foco en una muerte bajo circunstancias todavía abiertas.
La Guardia Civil trabaja con la información recogida en la zona, el estado del terreno y la secuencia del incendio para aclarar si hubo una imprudencia, un accidente inevitable o una cadena de factores difíciles de frenar.
El caso también vuelve a poner sobre la mesa el riesgo extremo de las quemas agrícolas o de restos vegetales en jornadas de calor y monte seco, incluso cuando parecen tareas rutinarias dentro de una propiedad privada.
Cuando las llamas se apagaron, lo que quedó en Las Hoyas no fue solo una superficie dañada, sino el rastro de una muerte que obliga a reconstruir minuto a minuto cómo empezó todo y por qué nadie pudo evitar el final.
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