La violencia machista ha vuelto a golpear con una crueldad infinita en Galicia, quebrando la paz de todo un vecindario en un episodio que ha rozado la tragedia absoluta. Un brutal ataque armado a primera hora de la mañana ha dejado en evidencia el desamparo de una joven madre frente a la obsesión violenta de su expareja, quien no dudó en desplegar su furia en presencia de sus propias hijas de corta edad.
Los gravísimos hechos se han desencadenado en el número 8 de la Rúa Monte Seixo, ubicada en el barrio ourensano de San Francisco. El pánico se apoderó de los residentes cuando el agresor convirtió el bloque de viviendas en el escenario de una emboscada milimétrica y despiadada.
El individuo, que compartía la paternidad de las menores con la víctima pero no residía en el mismo domicilio, acudió al edificio con la clara intención de perpetrar el ataque. El hombre aguardó escondido de forma cobarde en el portal y los accesos del inmueble, esperando el momento exacto en que la mujer se dispusiera a salir a la calle.
En cuanto la joven, nacida en el año 2003, cruzó el umbral junto a sus dos hijas de apenas tres años de edad, el agresor se abalanzó sobre ella de forma fulminante. El hombre sacó un arma blanca de grandes dimensiones y comenzó a asestarle cortes y puñaladas de manera indiscriminada en el interior de la casa y en las zonas comunes del portal.
Los desgarradores gritos de auxilio de la madre y el llanto aterrorizado de las dos pequeñas alertaron de inmediato a los vecinos del inmueble. El ensañamiento del atacante fue de tal magnitud que los investigadores de la Policía Nacional barajan seriamente la hipótesis de que el sujeto también intentara agredir físicamente a las menores durante el tumulto.
Rotos por la alarma, los habitantes del edificio y de los comercios colindantes salieron en masa a la vía pública para intentar socorrer a la afectada y frenar la agresión. El despliegue de emergencia posterior fue mayúsculo, llegando a movilizarse hasta siete patrullas de seguridad de la Policía Nacional, cuyos agentes tuvieron que cortar el tráfico de la calle por completo.
A pesar de la virulencia de la agresión con el arma blanca, la víctima logró zafarse del alcance de su verdugo y ponerse a salvo en un golpe de supervivencia extremo. La mujer presentaba cortes sangrantes en ambos brazos, un severo traumatismo en la cabeza y una fractura ósea en la muñeca provoked por las maniobras de defensa para proteger su vida.
La joven fue trasladada de urgencia en una ambulancia medicalizada hacia el complejo hospitalario de la ciudad, donde los médicos lograron estabilizar sus constantes y dictaminar que permanece fuera de peligro. Por su parte, las gemelas de tres años, testigos forzosas de cómo su padre intentaba asesinar a su madre, han quedado bajo la custodia protectora de un familiar directo.
La rápida y contundente intervención de las patrullas policiales permitió interceptar y reducir al presunto agresor antes de que pudiera darse a la fuga de la comarca. El hombre fue esposado de inmediato y conducido a los calabozos, quedando a la entera disposición de la unidad especializada de Atención a la Familia y Mujer (UFAM).
La delegación del Gobierno en Ourense ha confirmado que el caso se investiga de forma oficial como un presunto delito de violencia de género. El subdelegado, Eladio Santos, desveló con preocupación que la víctima no figuraba dentro del sistema oficial de protección VioGén y que no existían denuncias previas por maltrato en el historial de la pareja.
Este nuevo e intolerable suceso vuelve a encender la indignación de la sociedad gallega ante la persistencia de las conductas machistas que amenazan la integridad de las mujeres jóvenes. Los vecinos del barrio de San Francisco exigen que caiga todo el peso de la ley sobre un individuo que convirtió la entrada de un hogar en una carnicería delante de dos bebés.
La instrucción del atestado policial avanza a contrarreloj mientras la afectada se recupera en el hospital de las severas lesiones físicas y el desgarro psicológico sufrido. Ourense clama por un castigo ejemplar y una protección real para que ninguna mujer tenga que volver a temer por su vida al cruzar el portal de su propia casa.
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