La tarde del viernes se quebró en Elda cuando un perro de raza potencialmente peligrosa se volvió violento en plena calle y dejó cuatro personas heridas en apenas unos instantes.
La escena comenzó con una mujer de 51 años que paseaba al animal y acabó convertida en la víctima más grave, después de que el can le arrancara parte de una oreja de un mordisco.
El ataque no se detuvo ahí, porque el perro también se lanzó contra una familia que pasaba por la zona: un niño de cuatro años, su madre y su abuela.
Las tres víctimas de esa misma familia fueron trasladadas al Hospital General Universitario de Elda para recibir asistencia por las lesiones sufridas durante la agresión.
La mujer que llevaba al animal tuvo que ser evacuada al Hospital General Universitario Doctor Balmis, en Alicante, donde fue intervenida para intentar reconstruir la parte dañada de la oreja.
Los hechos ocurrieron el pasado viernes por la tarde, aunque la dimensión del caso se conoció después con la confirmación policial y el balance de heridos.
Uno de los puntos que más tensión añade al caso es que la mujer herida no era la propietaria legal del perro, sino la persona que lo estaba paseando cuando todo ocurrió.
La información difundida sobre el menor describe heridas en hombros, espalda y nalgas, mientras que las dos mujeres de su familia sufrieron lesiones en un antebrazo.
El episodio se produjo en la vía pública, lo que convirtió un paseo cotidiano en una escena de pánico con varias personas intentando escapar del animal en cuestión de segundos.
Por ahora no ha trascendido qué provocó la reacción del perro ni si existió un fallo de control previo que facilitara que la agresión alcanzara a varias personas casi al mismo tiempo.
Tampoco se ha detallado de forma pública qué medidas se adoptaron después con el animal ni en qué condiciones exactas se encontraba en el momento del ataque.
Lo que sí está claro es la violencia del primer impacto, porque la lesión en la oreja obligó a una operación reconstructiva inmediata y situó a la mujer de 51 años como la afectada más grave.
El caso ha reabierto la inquietud alrededor de los perros catalogados como potencialmente peligrosos cuando pierden el control en espacios abiertos y con menores cerca.
En Elda queda ahora una secuencia difícil de borrar: una caminata interrumpida por un estallido brutal, cuatro heridos y muchas preguntas todavía sin respuesta sobre la custodia y el control del animal.
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