La bebé tenía seis meses y llegó sin vida a un hospital de la zona oeste de Cochabamba. Ese ingreso, que en otro contexto habría quedado encerrado en una tragedia familiar, terminó abriendo una investigación mucho más oscura: la posible existencia de una red que utilizaba menores para mendigar en las calles.
Las primeras pesquisas señalaron que la niña no estaba con sus padres cuando fue trasladada al centro médico. Dos personas, un joven de 18 años y una mujer de 32, intentaron presentarse como familiares, pero la versión empezó a resquebrajarse casi de inmediato ante las preguntas de los investigadores.
Con el avance de la investigación apareció un dato especialmente brutal. Según la información preliminar reunida por la Policía boliviana, la menor habría sido entregada por su madre por 150 bolivianos y la promesa de recibir otros 50 bolivianos mensuales a cambio de que la usaran para pedir limosna.
La madre biológica, de acuerdo con esa misma línea de investigación, pertenece a una comunidad indígena ayorea. La niña habría salido de Puerto Suárez, en el departamento de Santa Cruz, y terminó en Cochabamba en manos de adultos ajenos a su núcleo familiar directo.
El Ministerio Público abrió una causa por presuntos delitos de homicidio y trata y tráfico de personas con fines de explotación. La dimensión penal del caso cambió por completo desde el momento en que dejó de tratarse solo de una muerte por aclarar y pasó a apuntar a una posible estructura organizada.
La Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen activó entonces una cadena de actuaciones que llevó a un alojamiento de Cochabamba. Allí, en una intervención posterior al ingreso de la bebé fallecida, los agentes encontraron a otros menores que podían estar siendo explotados del mismo modo.
El operativo permitió rescatar a cuatro menores de edad, dos de 13 años y dos de 9, que según la investigación también eran utilizados para pedir dinero en la calle. Todos quedaron bajo resguardo de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia mientras avanzaban las averiguaciones.
La escena reveló que la bebé no era un caso aislado ni una excepción trágica dentro de un entorno improvisado. Lo que empezó con un cuerpo sin vida terminó mostrando un patrón: varios niños bajo control de adultos que, presuntamente, obtenían beneficio económico a partir de la compasión ajena.
Los dos aprehendidos quedaron a la espera de audiencia cautelar. La investigación también se dirigió hacia la madre de la niña, considerada una pieza clave para reconstruir cómo se produjo la entrega, quiénes participaron en el traslado y desde cuándo operaba este circuito entre Santa Cruz y Cochabamba.
De forma preliminar, la Policía manejó la hipótesis de una neumonía como causa de la muerte. Sin embargo, las autoridades insistieron en que solo la autopsia del Instituto de Investigaciones Forenses podía establecer oficialmente por qué murió la menor y si hubo otros factores asociados a su estado.
La directora de Género y Generacional de la Alcaldía de Cochabamba confirmó además que, durante las intervenciones, se detectó que los adultos investigados se movían con otros niños que no eran sus hijos. Ese detalle reforzó la sospecha de que no se trataba de una sola captación, sino de un mecanismo repetido.
La mendicidad infantil suele esconderse a plena vista. En este caso, la investigación apunta a que la presencia de una bebé servía para despertar más compasión y aumentar la recaudación en la calle. Convertir a una menor en herramienta de lástima es una forma de violencia que no necesita golpes para ser devastadora.
El caso también expuso la vulnerabilidad extrema que atraviesa a algunos entornos donde la pobreza, el aislamiento y la falta de protección estatal dejan a los niños a merced de adultos capaces de convertirlos en mercancía. En esa grieta es donde las redes de explotación encuentran espacio para crecer.
Ahora queda por determinar cuántas personas formaban parte de esta trama, cuánto tiempo llevaba funcionando y si hubo más menores desplazados con el mismo propósito. La muerte de la bebé cerró su historia de la peor manera posible, pero también abrió una investigación que puede destapar un daño mucho más amplio.
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