La mañana del 4 de julio se quebró en Mislata con una escena que dejó el verano suspendido en seco: una mujer de 54 años murió mientras se encontraba en la piscina municipal de verano de la localidad valenciana.
El aviso a emergencias quedó registrado a las 11:50 horas, momento en que el Centro de Información y Coordinación de Urgencias movilizó una unidad del SAMU hasta el recinto público.
Antes de la llegada de los sanitarios, los socorristas de la instalación iniciaron las maniobras de reanimación cardiopulmonar en un intento desesperado por sostener a la víctima con vida.
Cuando el equipo médico tomó el relevo, la situación ya era crítica y los esfuerzos continuaron sin éxito hasta que solo quedó confirmar el fallecimiento por ahogamiento.
Las primeras informaciones sitúan a la fallecida como una usuaria procedente de un centro de Quart de Poblet, un detalle trasladado por el Ayuntamiento de Mislata tras conocerse la muerte.
El cierre inmediato de la piscina durante el resto de la jornada reflejó el impacto del suceso en un espacio pensado para aliviar el calor y que terminó convertido en un lugar de duelo.
El consistorio expresó públicamente sus condolencias a los familiares, amistades y personas cercanas de la mujer, mientras el municipio asumía el peso de una muerte ocurrida a plena luz del día.
La versión difundida por fuentes municipales apunta a que el desenlace pudo estar relacionado con un fallo cardíaco irreversible, aunque esa valoración queda en el terreno inicial de las primeras comunicaciones oficiales.
La secuencia conocida hasta ahora muestra una intervención rápida: aviso al 112, actuación de socorristas, llegada del SAMU y continuidad de la reanimación en cuestión de minutos.
Ese encadenamiento de respuestas no bastó para revertir una situación extrema que dejó sin margen a quienes intentaron rescatarla delante de otros usuarios del recinto.
La muerte se produjo en una jornada marcada por el uso intensivo de piscinas y espacios de baño en la Comunitat Valenciana, ya inmersa en días de altas temperaturas y fuerte presión sobre este tipo de instalaciones.
Aunque las piscinas municipales cuentan con vigilancia y protocolos de emergencia, casos como este vuelven a mostrar la brutalidad con la que una emergencia médica o un ahogamiento pueden desarrollarse en muy poco tiempo.
Por ahora no han trascendido más datos personales sobre la víctima ni detalles añadidos sobre las circunstancias previas al colapso, más allá de la información ofrecida por emergencias y el ayuntamiento.
Lo que queda, al cierre de esta noticia, es una piscina vacía, una mañana rota en Mislata y una muerte que convirtió unas horas de verano en una tragedia irreparable.
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