La noche cayó sobre Castro de Rei con una ausencia que empezó pareciendo un retraso y terminó convirtiéndose en horas de angustia. Una mujer de más de setenta años había salido de su casa el lunes por la tarde y dejó tras de sí un rastro mínimo, demasiado frágil para una familia que pronto entendió que algo no iba bien.
Según la reconstrucción conocida, salió sobre las 18:30 en dirección a un supermercado situado a unos dos kilómetros. Ese trayecto, rutinario en apariencia, se volvió de pronto una línea rota cuando sus allegados le perdieron la pista y empezaron a buscarla por su cuenta sin conseguir encontrarla.
La alerta a emergencias llegó después de esa búsqueda desesperada. La familia comunicó al 112 Galicia que la mujer faltaba desde última hora de la tarde del lunes y pidió ayuda para localizarla, abriendo así una cadena de avisos en la que también quedó informada la Guardia Civil.
No se trataba de una desaparición cualquiera. La mujer arrastraba problemas de movilidad previos, un dato que transformaba cada minuto en una amenaza más seria y que explicaba el miedo de quienes llevaban horas recorriendo la zona sin una respuesta clara.
Durante buena parte de la noche, el caso quedó suspendido en ese punto oscuro que existe entre la esperanza y el presentimiento. La familia siguió buscando mientras los servicios de emergencias mantenían activo el seguimiento de la incidencia y esperaban cualquier novedad que permitiera acotar su paradero.
La llamada decisiva no llegó hasta alrededor de las 06:00 de la madrugada. Fue entonces cuando los allegados volvieron a contactar con el 112 para comunicar que la mujer había aparecido tirada en una finca del lugar de Mos, dentro del municipio lucense de Castro de Rei.
La escena no cerraba con un desenlace limpio, sino con el peso físico de una caída y de una noche entera a la intemperie. La mujer había caído y no podía ponerse en pie por sus propios medios, lo que encaja con las dificultades de movilidad que ya presentaba antes de desaparecer.
A pesar de todo, rechazó la asistencia médica cuando fue localizada. Ese detalle, tan seco como inquietante, marca una de las aristas más extrañas del caso: después de horas desaparecida y de ser hallada inmovilizada en una finca, la mujer no quiso ser atendida por los sanitarios.
La información disponible no apunta a una agresión ni a una intervención criminal confirmada, pero sí retrata una vulnerabilidad extrema. Una persona mayor, con limitaciones para desplazarse, quedó fuera de casa durante toda la noche hasta ser encontrada tirada en una parcela rural.
El episodio también deja al descubierto la fragilidad de los trayectos cotidianos cuando la edad y la movilidad convierten cualquier distancia en un riesgo real. Dos kilómetros pueden parecer una rutina menor sobre el papel, pero en determinadas condiciones se transforman en un recorrido demasiado largo para volver sin ayuda.
Desde emergencias se mantuvo informados en todo momento a los agentes de la Guardia Civil, según la versión difundida oficialmente. Ese seguimiento constante permitió sostener la trazabilidad del caso mientras la familia iba aportando los cambios que se producían durante la madrugada.
Las fuentes coinciden en los elementos esenciales: la salida al supermercado al caer la tarde, la pérdida de contacto, las horas de búsqueda sin éxito y el hallazgo final en una finca del lugar de Mos. No hay grandes contradicciones en el relato, solo la imagen dura de una desaparición breve que pudo acabar peor.
En historias así no hace falta un gran escenario para que se abra el miedo. Basta una carretera secundaria, una finca, una noche larga y una persona mayor que no regresa a casa cuando debería para que todo alrededor quede invadido por esa tensión muda que acompaña a las búsquedas contrarreloj.
Al amanecer, Castro de Rei recuperó a la mujer desaparecida, pero no borró lo ocurrido. Quedó la sacudida de una noche entera de incertidumbre y la certeza incómoda de que una caída, una distancia rutinaria y unas pocas horas sin noticias bastan para convertir un lunes cualquiera en una pesadilla cerrada sobre el campo lucense.
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