Cristina Méndez López murió el domingo 5 de julio de 2026 en las instalaciones de la Universidad de Oviedo, en el campus de Mieres, cuando apenas tenía 31 años y una carrera científica que seguía creciendo.

Su fallecimiento golpeó de lleno a la comunidad universitaria asturiana porque no se trataba de una figura anónima, sino de una doctora en Física que acababa de recibir uno de los reconocimientos más importantes de su especialidad.

En marzo de este mismo año había sido distinguida con el segundo Premio a la Mejor Tesis Doctoral en Física de Plasmas, un galardón concedido por el Grupo Especializado de Física de Plasmas de la Real Sociedad Española de Física.

La investigación premiada llevaba por título Estudios fundamentales y evaluación del potencial analítico en espectroscopía de plasmas inducidos por láser con pulsos cortos y ultracortos, un trabajo centrado en técnicas de diagnóstico químico de alta precisión.

Ese campo de estudio se apoya en la tecnología LIBS, que analiza la composición de los materiales a partir de la luz emitida por un plasma generado mediante pulsos láser muy intensos y de duración extremadamente breve.

La tesis fue desarrollada en el Grupo de Espectroscopía, Láseres y Plasmas de la Universidad de Oviedo bajo la dirección de las profesoras Nerea Bordel y Cristina González Gago, dentro de una línea de investigación consolidada en Asturias.

Cristina se había graduado en Física en la propia Universidad de Oviedo y también cursó allí el Máster en Ciencias Analíticas y Bioanalíticas, un recorrido académico que la mantuvo vinculada durante años al mismo entorno donde terminó su vida.

Su trayectoria no se limitaba al reconocimiento de 2026, porque en 2023 ya había recibido un premio internacional de la Society for Applied Spectroscopy por una investigación destacada en espectroscopía atómica durante su etapa doctoral.

Además de investigar, en ese momento trabajaba como profesora sustituta en la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón y en la Facultad de Ciencias de Oviedo, combinando docencia y laboratorio en una etapa especialmente prometedora.

La dimensión del golpe se volvió todavía más cruda por el silencio que rodea las circunstancias de la muerte, ya que hasta ahora no se han hecho públicas las causas exactas del fallecimiento.

Lo que sí ha trascendido es que su cuerpo fue incinerado el martes 7 de julio en el Tanatorio Gijón-Cabueñes, después de que su familia expresara públicamente el dolor por una pérdida que llegó de forma repentina.

Su esquela la identifica como doctora en Física por la Universidad de Oviedo y sitúa el fallecimiento en Mieres, un dato que encaja con la información conocida sobre el lugar en el que murió dos días antes.

Poco antes de este desenlace, la propia investigadora había defendido el valor de la ciencia hecha en Asturias y celebró que premios como el suyo sirvieran para visibilizar el nivel de la investigación desarrollada en la universidad pública asturiana.

La muerte de Cristina Méndez López deja una sensación de vacío difícil de medir: una científica joven, premiada y plenamente activa que cayó en silencio dentro del mismo campus donde había construido una parte decisiva de su futuro.