La absolución dictada este jueves por el Tribunal de Apelación de París ha cerrado el último frente penal que José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, conocido como Josu Ternera, mantenía abierto en Francia por supuesta pertenencia a ETA entre 2002 y 2005.
La resolución elimina el principal obstáculo que frenaba su entrega a España, porque esa causa pendiente impedía ejecutar de forma inmediata las órdenes de entrega reclamadas desde la Audiencia Nacional.
El fallo llega apenas un mes después de que la justicia francesa autorizara su extradición en respuesta a una euroorden española, una decisión que había quedado congelada hasta que terminara este proceso.
Según la información coincidente publicada este 2 de julio, el tribunal consideró que no había quedado acreditada con suficiente solidez su pertenencia a la organización durante ese periodo concreto, pese a la acusación sostenida por la Fiscalía francesa.
Josu Ternera fue detenido en mayo de 2019 en Sallanches, en los Alpes franceses, tras casi diecisiete años en la clandestinidad, una caída que reactivó varios procedimientos judiciales pendientes a ambos lados de la frontera.
Desde entonces, su situación en Francia se convirtió en una carrera lenta de recursos, señalamientos y causas encadenadas que terminaron retrasando durante años cualquier traslado efectivo a territorio español.
En España, una de las reclamaciones más graves lo sitúa ante el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza de 1987, una masacre en la que murieron once personas, entre ellas varios menores, y decenas resultaron heridas.
Además, la Audiencia Nacional también lo reclama por la causa de las herriko tabernas, donde está procesado por un presunto delito de dirección de organización terrorista dentro de la estructura de ETA.
La absolución conocida ahora no equivale a un cierre de su recorrido judicial en España, sino al final de la cobertura que le daban los procedimientos abiertos en Francia para evitar o retrasar su entrega.
Ese matiz es clave, porque el camino que se despeja no conduce a la libertad plena, sino a una nueva fase en la que el foco vuelve a colocarse sobre los tribunales españoles y sobre hechos que dejaron una huella de sangre mucho más amplia.
La decisión judicial llega también después de un largo historial de maniobras defensivas, aplazamientos y debates sobre su estado de salud, factores que durante años alimentaron la sensación de que el tiempo jugaba a su favor.
Ahora el escenario cambia de forma brusca: sin causas pendientes en Francia por este tramo, la entrega puede avanzar salvo que surjan nuevos movimientos legales capaces de frenar otra vez el procedimiento.
Para las víctimas de ETA y para quienes siguieron durante décadas la sombra de su figura dentro de la organización, la noticia no borra nada, pero sí altera el mapa judicial que lo mantuvo fuera del alcance directo de la justicia española.
La absolución en París, paradójicamente, no cierra la historia de Josu Ternera: abre una puerta más inquietante para él, la de sentarse finalmente ante los jueces en España por las causas que siguen esperándolo.
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