Una denuncia presentada por una peregrina extranjera abrió la puerta a una detención que llevaba semanas flotando en silencio sobre el Camino de Santiago a su paso por Hondarribia.
La mujer relató que un hombre se le acercó en una zona rural, inició una conversación breve y terminó besándola sin su consentimiento hasta que ella consiguió zafarse y seguir su ruta.
Ese testimonio activó la investigación de la Ertzaintza, que situó el foco sobre un varón de 76 años acusado de repetir un mismo patrón con mujeres que caminaban solas.
Las pesquisas apuntaron a que desde junio al menos otras siete mujeres podrían haber sufrido episodios similares en la misma zona, siempre con víctimas extranjeras y solas.
El comportamiento descrito era casi idéntico: un acercamiento aparentemente casual, unas palabras para romper la distancia y, después, besos y abrazos impuestos contra la voluntad de las víctimas.
Con esa secuencia ya dibujada, agentes de paisano desplegaron un dispositivo de vigilancia en los puntos donde se habían concentrado los relatos y esperaron a que el sospechoso volviera a aparecer.
La detención se produjo en Hondarribia cuando los agentes observaron que el hombre intentaba reproducir la misma conducta que había sido denunciada por varias peregrinas.
Tras el arresto, el sospechoso fue trasladado a dependencias policiales para la práctica de diligencias y quedó pendiente de pasar a disposición judicial en las horas siguientes.
La investigación sigue abierta porque la policía vasca intenta localizar a más posibles víctimas de fechas anteriores que no llegaron a denunciar o que abandonaron la zona sin hacerlo.
El caso golpea un tramo del Camino asociado a la búsqueda de refugio, esfuerzo y soledad elegida, un escenario que habría sido utilizado para detectar a mujeres más expuestas.
Que las víctimas fueran extranjeras y caminaran solas no es un matiz menor: ese detalle refuerza la sospecha de una selección deliberada de personas con menos red inmediata de apoyo.
La denuncia inicial resultó decisiva porque convirtió una agresión aislada en la pieza que permitió conectar otros relatos dispersos y levantar un mapa más amplio de los hechos.
También deja una lectura incómoda sobre los espacios abiertos y los trayectos turísticos, donde una conversación inocente puede convertirse en una maniobra de invasión física inesperada.
Ahora el avance del caso depende de que la instrucción judicial y el rastreo de nuevas víctimas terminen de aclarar cuántas veces se repitió esta escena antes de que alguien lograra frenarla.
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