La madrugada del miércoles 1 de julio terminó con una noticia devastadora en Viladecans, Barcelona: Manolo Arjona, uno de los integrantes históricos de Locomía, murió de forma repentina a los 58 años en su domicilio.
Las primeras informaciones coinciden en que no existían avisos previos de un desenlace inmediato y en que su fallecimiento se produjo mientras descansaba, después de haber pasado la jornada anterior con normalidad.
Durante esas últimas horas había estado dedicado a la pintura, una afición que ocupaba gran parte de su vida desde que se había retirado del foco público y de la exposición constante que marcó sus años de fama.
Su cuerpo iba a ser trasladado al tanatorio Àltima Viladecans, donde familiares, amistades y personas cercanas esperaban poder despedirse de una figura ligada a una de las imágenes más extravagantes y reconocibles del pop español.
Arjona formó parte de la etapa fundacional de Locomía junto a Xavier Font, Luis Font y Gard Passchier, un grupo que convirtió la estética de los abanicos, las hombreras y la coreografía en un fenómeno masivo a finales de los años ochenta.
Aquella propuesta no solo llamó la atención por su apariencia escénica, sino por una mezcla de electrónica, baile y teatralidad que empujó a la banda a convertirse en un símbolo de una época excesiva, luminosa y feroz.
En esa construcción visual, Arjona tuvo un peso propio, porque también participó en el diseño de la imagen que terminó asociándose para siempre al universo de Locomía y a su manera de irrumpir en la cultura popular.
Tras los años de mayor exposición, eligió una vida mucho más discreta, lejos de los focos, y se volcó en espacios personales que nada tenían que ver con el ruido de los escenarios ni con la maquinaria del espectáculo.
Aun así, su nombre seguía unido a la historia del grupo, tanto por haber pertenecido a su formación original como por los intentos posteriores de reactivar aquel legado que dejó una huella muy concreta en España y Latinoamérica.
La noticia de su muerte volvió a abrir una herida antigua alrededor de Locomía, una banda marcada por pérdidas, enfermedades y trayectorias rotas que con el paso del tiempo han alimentado una sombra persistente sobre sus antiguos miembros.
En 2023 murió Francesc Picas, otra de las caras asociadas al proyecto, y antes también fallecieron Santos Blanco y Frank Romero, mientras Xavier Font reveló en 2024 que atravesaba una enfermedad oncológica.
Ese contexto ha reforzado la sensación de que cada nueva desgracia alrededor del grupo reactiva un relato trágico que persigue a una formación nacida para deslumbrar, provocar y convertir la fiesta en un espectáculo total.
Poco después de conocerse la muerte, comenzaron a aparecer mensajes de despedida en el entorno cercano del artista, con recuerdos centrados en su luz, su personalidad y el impacto que dejó en quienes compartieron con él aquella etapa irrepetible.
La muerte de Manolo Arjona deja ahora una imagen brutal: la de otra figura clave de Locomía que se apaga de forma súbita, en silencio, décadas después de haber ayudado a levantar uno de los iconos más extraños e inolvidables de la música española.
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