Muere un montañero de 24 años de Urnieta tras caer durante un rápel en el Pic du Midi d'Ossau


La tarde del 4 de julio se quebró en una pared del Pirineo francés cuando un joven montañero de 24 años, vecino de Urnieta, cayó durante el descenso del Pic du Midi d'Ossau y murió en plena maniobra de rápel.

El accidente ocurrió en una de las cumbres más reconocibles de la zona, muy cerca de la frontera con España, un macizo que atrae cada temporada a escaladores y excursionistas por su perfil abrupto y su fuerte carga simbólica dentro del montañismo pirenaico.

El joven no iba solo. Formaba parte de un grupo de siete personas que había completado la ascensión y encaraba la bajada cuando todo se torció en cuestión de segundos, ya con la parte más celebrada de la jornada a la espalda.

Eran alrededor de las dos de la tarde cuando, en mitad del descenso, resbaló y se precipitó unos 20 metros sin poder recuperar el control, hasta golpearse violentamente contra las rocas de la pared.

La escena dejó a sus compañeros convertidos en testigos directos de una caída fulminante, en un terreno donde cualquier error técnico o pérdida de apoyo puede transformar una maniobra habitual en una sentencia irreversible.

Fueron ellos mismos quienes dieron la voz de alarma y explicaron a emergencias lo que acababa de ocurrir, mientras el cuerpo del joven quedaba tendido en una zona de difícil acceso marcada por la verticalidad de la montaña.

Hasta el lugar se desplazaron rescatadores del Pelotón de Gendarmería de Alta Montaña, movilizados con helicóptero y apoyo médico para intentar alcanzar con rapidez el punto exacto del accidente.

Cuando los equipos lograron llegar, ya no había margen para salvarle. Solo pudieron certificar la muerte del montañero, cerrando allí mismo una operación que había comenzado con la esperanza mínima de encontrarlo con vida.

La víctima era natural de Urnieta, en Gipuzkoa, una localidad desde la que muchos aficionados a la montaña cruzan a menudo hacia cumbres del lado francés por cercanía, costumbre deportiva y conocimiento previo de esas rutas.

El Pic du Midi d'Ossau, donde ocurrió la caída, alcanza los 2.884 metros de altitud y se alza sobre el valle de Ossau como una mole de origen volcánico tan admirada por su silueta como temida por la exigencia de algunos de sus pasos.

Aunque la montaña cuenta con itinerarios conocidos y es un destino frecuente para montañeros experimentados, varios de sus tramos de descenso requieren técnica, concentración y material apropiado, especialmente cuando entran en juego las maniobras con cuerda.

Ese contraste entre belleza y peligro es parte del peso que arrastra esta cima: parece cercana, familiar y casi ritual para muchos alpinistas del norte, pero conserva una dureza capaz de castigar el más mínimo fallo con una violencia inmediata.

Las autoridades francesas trabajan ahora para aclarar con precisión las circunstancias de la caída, mientras el relato inicial apunta a un resbalón durante el rápel en presencia del resto del grupo que lo acompañaba en la bajada.

Lo que debía ser el regreso tras alcanzar una cima legendaria terminó convertido en una tragedia seca, brutal y definitiva: un joven de 24 años perdió la vida en la montaña y dejó a su entorno frente al vacío que queda cuando el descenso ya no tiene final.

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