Rescate agónico en el río Urumea: un joven queda grave tras saltar por un móvil en San Sebastián


La madrugada en San Sebastián se rompió con una escena absurda y feroz: un joven de 28 años acabó en estado grave después de lanzarse al río Urumea para intentar recuperar un teléfono móvil que había caído al agua.

El aviso llegó a los servicios de emergencia sobre la una menos cuarto, cuando se alertó de que el joven se había arrojado al cauce a la altura de un puente situado en el paseo Salamanca, en plena capital guipuzcoana.

Según la información coincidente de las fuentes, el móvil no era suyo, sino de una persona que lo acompañaba, y la caída accidental del aparato desencadenó en segundos una decisión tan impulsiva como peligrosa.

El problema no fue solo el salto. Una vez dentro del río, la corriente empezó a arrastrarlo y a hundirlo, dejando claro que aquella maniobra improvisada se había convertido en una emergencia real.

Los primeros recursos desplazados intentaron sostener el rescate desde fuera del agua y le lanzaron un flotador, pero no bastó para estabilizarlo ni para sacarlo de la zona en la que estaba siendo vencido por la resaca.

Fue entonces cuando dos agentes de la Ertzaintza y un agente de la Guardia Municipal terminaron lanzándose al Urumea para alcanzarlo directamente, en una intervención que elevó todavía más el nivel de riesgo de la escena.

Entre los tres consiguieron sacarlo del agua con vida, pero el joven ya estaba en una situación crítica. Nada más ponerlo a salvo, uno de los rescatadores tuvo que practicarle maniobras de reanimación cardiopulmonar en el lugar.

Ese detalle marca la dimensión exacta de lo ocurrido: no se trató de un simple rescate con susto final, sino de una intervención límite en la que el cuerpo del joven ya había empezado a ceder tras quedar atrapado por la corriente.

Después de la reanimación inicial, una ambulancia lo evacuó a un centro hospitalario. Las fuentes coinciden en que ingresó en estado grave, aunque por ahora no han trascendido más datos oficiales sobre su evolución clínica.

La secuencia encierra una violencia seca difícil de ignorar. Todo empezó por un objeto cotidiano, un móvil perdido en el agua, y acabó con tres agentes metidos en el río para impedir que la madrugada terminara en muerte.

El lugar del salto tampoco es un detalle menor. El Urumea atraviesa San Sebastián con una apariencia engañosa en algunos tramos urbanos, pero la corriente puede ganar fuerza suficiente como para convertir una reacción impulsiva en una trampa.

La intervención fue asumida por agentes de seguridad pública que no se limitaron a asegurar la zona, sino que tuvieron que entrar físicamente al agua cuando los medios de auxilio iniciales no lograron frenar el arrastre.

Por ahora, el relato oficial sitúa el origen de todo en una caída accidental del teléfono y en la decisión inmediata de recuperarlo, sin que se haya informado de otros factores desencadenantes más allá del propio salto al río.

La imagen final deja una conclusión brutal: una madrugada cualquiera, un puente, un móvil hundido y unos segundos mal medidos bastaron para convertir un gesto mínimo en una lucha desesperada por seguir respirando.

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