La tarde del 26 de septiembre de 2022, en Castillos, Rocha, una joven de 24 años salió de la casa donde “prácticamente vivía” y se perdió en un punto ciego del mapa. Se llamaba Ivanna Rocha San Martín, y desde ese día su nombre quedó pegado a una palabra que nadie quiere escuchar: desaparecida. Su ficha sigue activa en el portal de Personas Ausentes del Ministerio del Interior y, dos años después, el caso volvió a la agenda por un operativo policial que buscaba su cuerpo en una vivienda del centro de Castillos. No lo encontraron. El misterio sigue entero.
Antes de convertirse en el rostro de una alerta, Ivanna era una gurisa más de la frontera este: 1,60 de estatura, unos 50 kilos, complexión delgada, piel blanca, ojos marrones y pelo castaño claro a la altura de los hombros. Llevaba tatuado “mamá” en un brazo, estrellas en un hombro y una flor en una mano, además de un rasgo muy marcado: faltante de los dientes incisivos superiores. El día que desapareció, vestía jean gris y campera blanca. Esa descripción, repetida una y otra vez en comunicados policiales y publicaciones en redes, es lo poco que hoy se tiene como anclaje de una vida entera.
Ivanna vivía en Castillos, pero no exactamente “en su casa”. Según contó su amiga Dévora Cabral, la joven prácticamente residía con ella: compartían techo, rutina y preocupaciones. Fue esa amiga quien advirtió primero que algo no estaba bien: llevaban varios días sin verla, empezaron a preguntar en el entorno y nadie sabía nada. Cuando confirmaron que ninguna de las personas con las que ella solía vincularse la había visto, fueron a hacer la denuncia el mismo lunes 26 de septiembre.
Hay un punto oscuro que atraviesa el caso Ivanna Rocha desde el inicio: la muerte violenta de un conocido suyo apenas un día antes. El 25 de septiembre, un hombre con antecedentes penales fue ejecutado de un balazo en una casa donde se vendían drogas en Castillos; por ese crimen hay varias personas imputadas. Ivanna fue al entierro. Fue vista llorando, alterada, “bastante angustiada por ese hecho”, como relató Dévora. El duelo por ese asesinato, la cercanía con el ambiente narco y el miedo parecen cruzarse justo en la antesala de su desaparición.
Ese mismo 26 de septiembre, simplemente dejó de estar. Reportes locales señalan que la última vez que la vieron fue tras el entierro de ese hombre asesinado; después, nada. No hay una cámara de seguridad que marque una “última esquina”, ni un mensaje de despedida, ni un viaje planificado. Solo el hueco de una ausencia que su entorno nota cuando pasan los días y nadie puede explicar dónde está Ivanna. Hacia el 4 de octubre de 2022, la Policía de Rocha hace público el caso: se activa el mecanismo de búsqueda y se pide ayuda a la población.
La Jefatura de Rocha difunde entonces la alerta: Ivanna Rocha San Martín falta de su hogar desde el 26 de setiembre en la ciudad de Castillos, podría haberse dirigido a Chuy, y cualquier dato debe informarse al 911 o a la seccional más próxima. Prefectura y Fiscalía son notificadas, personal de Investigaciones se suma a la búsqueda. La descripción física y los tatuajes se convierten en mantra oficial: “Mamá” en el brazo, estrellas en un hombro, flor en una mano. Las redes locales explotan con hashtags como #DóndeEstáIvanna, mientras los días sin noticias se acumulan.
Fuera del frío lenguaje policial, la calle dice otra cosa: familia, amigas y vecinos se movilizan. Reportes UY describe marchas en Castillos, carteles con su cara, banderas pidiendo que la encuentren con vida. Dévora insiste en algo clave: Ivanna no era de irse sin avisar, “por lo menos sin avisarme a mí, que somos muy allegadas; ella prácticamente vive conmigo y no se va sin avisar”. Esa frase rompe la hipótesis cómoda de la marcha voluntaria y coloca el caso en otra dimensión: la de una desaparición forzada en un pueblo chico atravesado por bocas de droga y un homicidio reciente.
Con el correr de los meses, el caso de la desaparición de Ivanna Rocha se va tiñendo cada vez más de narco y de miedo. Tanto Dévora como la hermana de Ivanna, Aldana, han confirmado que la joven era consumidora de drogas y que concurría con frecuencia a una boca en particular: la misma vinculada al asesinato del conocido que habían velado. En ese entorno circula una frase inquietante: en el velorio, Ivanna habría dicho que sabía quién había matado a ese hombre y que iba a contarlo. Pocas horas después, desaparece. Es imposible no pensar en represalias, silenciamientos y cuerpos enterrados en patios traseros.
Durante dos años, la investigación parece estancada, mientras la familia golpea puertas y reclama que se redoblen los esfuerzos. Pero en noviembre de 2024 llega una sacudida: un delincuente, desde la cárcel, declara como testigo encubierto y aporta un dato brutal. Asegura que Ivanna fue asesinada y enterrada en una vivienda del centro de Castillos, en una de las calles principales, en un contexto vinculado al tráfico de drogas. La Policía y la Interpol reactivan la búsqueda. El Ministerio del Interior despliega efectivos y el caso vuelve a los titulares.
El 19 de noviembre de 2024 se monta un importante operativo policial en Castillos: personal del Departamento de Personas Ausentes de Interpol, efectivos de la seccional 4ª, Bomberos y Policía Científica de Montevideo ingresan a la vivienda señalada con orden judicial. Rastrillan, sacan tierra a paladas, revisan cada habitación. Buscan manchas de sangre, restos óseos, cualquier indicio que vincule esa casa con Ivanna Rocha. Se incautan un celular y una suma de dinero, mientras el dueño del domicilio y dos personas más son interrogados por posible vínculo tanto con la desaparición como con la venta de drogas.
Al día siguiente, los titulares confirman lo que la familia temía y, al mismo tiempo, no quería leer así: el cuerpo de Ivanna Rocha no fue hallado en la vivienda allanada. Tras varias horas de excavaciones, Bomberos no encuentra restos humanos en el terreno; Policía Científica toma muestras de tierra para analizarlas en Montevideo. La pista que parecía definitiva se convierte en un callejón más dentro del laberinto. No hay cuerpo, no hay escena del crimen, solo más preguntas y tres personas bajo la lupa tratando de explicar qué saben realmente.
La voz más cruda en medio de este ruido es la de Aldana, la hermana de Ivanna. En entrevistas con Telenoche cuenta que su hermana era consumidora y que “iba a ese lugar a comprar”, en referencia a la casa allanada. Relata también que, en el velorio del amigo asesinado, Ivanna dijo que sabía quién lo había matado y que estaba dispuesta a aportar esa información. “Ahí después la agarraron, la secuestraron y no sabemos nada de ella”, resume. Para Aldana, la esperanza ya no es verla viva: “Queremos poder encontrar el cuerpo y poder enterrarlo bien… verla no la vamos a ver más, pero por lo menos queremos enterrarla en un lugar que sepamos dónde es”.
El expediente de Ivanna Rocha San Martín se mueve, entonces, en esa zona borrosa donde se cruzan violencia de género, narco, desapariciones en democracia y fallas del sistema de búsqueda. Es el rostro de una chica joven atrapada entre bocas de droga, ajustes de cuentas y la fragilidad absoluta de quien sabe demasiado en un entorno donde hablar puede costar la vida. Mientras tanto, su ficha permanece en el portal de Personas Ausentes, recordando que oficialmente sigue desaparecida y que el Estado aún la busca.
Hoy, en Castillos, su nombre aparece en marchas, en pancartas, en publicaciones que repiten la misma pregunta una y otra vez: ¿dónde está Ivanna Rocha? Hasta que alguien hable sin máscaras, hasta que una excavación dé con un resto o una prueba concreta rompa el silencio, la historia de esta joven de 24 años seguirá siendo una pesadilla real: la de una chica que fue a un velorio, dijo que sabía quién mataba a quién y se desvaneció en un pueblo chico donde todos se conocen… pero nadie, todavía, se atreve o puede decir todo lo que sabe. Si alguien tiene información, en Uruguay el Ministerio del Interior pide comunicarse con Personas Ausentes (tel. 2030 4638, mail infoausentes@minterior.gub.uy) o llamar al 911.
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