José Antonio Saavedra González: el hombre del ojo cubierto que salió a la calle en Santa Cruz de Tenerife y nunca regresó


El 19 de noviembre de 2023, en Santa Cruz de Tenerife, un hombre de 61 años salió a la calle con su bastón y su ojo izquierdo cubierto. Se llama José Antonio Saavedra González. Desde ese día, nadie de su entorno ha vuelto a verlo. Lo que empezó como una alerta local de búsqueda se ha transformado, con el paso de los meses, en un caso de desaparición catalogado como de “alta” y “muy alta vulnerabilidad” por las organizaciones especializadas. Su rostro aparece en carteles rojos de “URGENTE”, congelado en un gesto casi de sonrisa, mientras la pregunta se repite: ¿qué pasó en esas horas en que se perdió su rastro en la capital tinerfeña? 

Según la ficha oficial de SOS Desaparecidos, José Antonio Saavedra González desapareció el 19/11/2023 en Santa Cruz de Tenerife. Tenía 61 años en ese momento –63 a día de hoy–, mide 1,75 metros, pesa alrededor de 60 kilos, es de complexión delgada, cabello negro y ojos verdes. Un detalle lo hace inconfundible: el ojo izquierdo lo lleva tapado. Además, necesitaba medicación, algo que la asociación subraya en mayúsculas al clasificarlo como “persona muy vulnerable”. 

La alerta de su desaparición se difundió con fuerza a principios de diciembre de 2023. Medios canarios como Diario de Avisos, El Diario y Canarias7 se hicieron eco del caso, destacando que llevaba tres semanas desaparecido cuando se activó públicamente la llamada urgente a la población. Todos los artículos coincidían en la misma descripción: hombre de 61 años, 1,75 de estatura, delgado, pelo negro, ojos verdes, ojo izquierdo cubierto y porta un bastón para caminar. Cada nota acababa con la misma súplica: si alguien lo ve o sabe algo, que llame a los teléfonos de SOS Desaparecidos o a las autoridades. 

Los carteles rojos con la palabra “DESAPARECIDO – URGENTE” empezaron a circular no solo en Tenerife, sino por toda España. En ellos se insiste en otro dato clave: la desaparición de José Antonio no es un simple “no volvió a casa”, sino un caso con riesgo objetivo por su estado de salud. SOS Desaparecidos y QSD Global remarcan que “necesita medicación” y que, sin ella, su situación física y mental puede deteriorarse muy rápido, aumentando la posibilidad de caídas, desorientación severa o crisis médicas. 


Los detalles concretos de las últimas horas conocidas de José Antonio Saavedra González no se han hecho públicos con la precisión de otros casos: no hay, al menos en medios abiertos, una cámara que lo sitúe en una esquina, ni un testigo que explique la última conversación. La información difundida se centra sobre todo en el día y la ciudad –19 de noviembre, Santa Cruz de Tenerife– y en sus características físicas. Esto sugiere que la familia y las asociaciones han optado por proteger parte de la intimidad de José Antonio, al tiempo que priorizan lo esencial para localizarlo: cómo reconocerlo si te lo cruzas por la calle. 

Lo que sí sabemos es lo que vino después. A los pocos días de su desaparición, la asociación SOS Desaparecidos emitió una alerta con etiqueta de “alta vulnerabilidad”, que luego su propia ficha elevaría a “persona muy vulnerable”.  Perfiles de X (Twitter) vinculados a QSD Global y colectivos de desaparecidos comenzaron a contar el tiempo en meses: “Tres semanas sin rastro de…”, “Seis meses sin rastro…”, “Ocho meses sin rastro…”, “Diez meses sin rastro de José Antonio Saavedra González”. Cada publicación es un recordatorio de que el caso sigue abierto, de que no se ha encontrado ni un cuerpo ni un objeto personal que marque un punto final. 

En ese contexto, la desaparición de José Antonio encaja en una realidad más amplia y preocupante: la de las personas mayores o enfermas que desaparecen en España. Informes del Centro Nacional de Desaparecidos indican que cada año se registran cientos de denuncias por desaparición de personas vulnerables –mayores, enfermos, personas con discapacidad o trastornos mentales– para quienes pasar unas pocas horas fuera de su entorno habitual puede ser mortal.  En estos casos, el tiempo es el enemigo: cada demora en activar la alerta o en difundir la foto reduce las probabilidades de encontrarlos con vida.

Tenerife, por su propia geografía, añade capas de pesadilla al caso de José Antonio Saavedra González: una ciudad con zonas de barrancos, carreteras con tramos peligrosos para peatones, explanadas portuarias, desniveles y áreas donde una caída puede pasar desapercibida durante días. A esto se suma el mar; en las islas, cada desaparición tiene siempre un ojo puesto en la costa, los espigones, los muelles, los accesos al agua. Los reportes de prensa hablan de una búsqueda activa, pero no registran –al menos públicamente– hallazgos de restos ni objetos que se hayan podido atribuir a José Antonio. 


Con el paso de los meses, el caso ha ido perdiendo espacio en los titulares, pero no en los canales de las organizaciones. SOS Desaparecidos mantiene su ficha en la sección de personas desaparecidas, con la foto de primer plano, los datos físicos y los teléfonos de contacto: 649 952 957 y 644 712 806, además del correo info@sosdesaparecidos.es.  QSD Global, por su parte, sigue publicando recordatorios periódicos: “José Antonio, 61 años, está desaparecido desde el día 19 de noviembre de 2023 en Santa Cruz de Tenerife”. No hay actualización que hable de hallazgo, cierre de caso o localización, ni viva ni fallecida.

En los foros y redes, la sensación que flota en torno al caso José Antonio Saavedra mezcla rabia y resignación: rabia porque un hombre con bastón, ojo cubierto y medicación necesaria no debería poder desaparecer así, en una ciudad moderna llena de cámaras; resignación porque cada día que pasa sin noticias hace más difícil imaginar un desenlace distinto a la tragedia. Al mismo tiempo, las familias de otras personas desaparecidas insisten en algo importante: mientras no haya cuerpo ni prueba concluyente, la única postura posible es seguir buscándolo. Mantener su foto en circulación es la forma de impedir que se convierta en un número más en las estadísticas. 

La ausencia de José Antonio también pone sobre la mesa un punto incómodo: qué pasa con las personas vulnerables cuando salen de casa. No hablamos de jóvenes que pueden esconderse o rechazar ayuda, sino de hombres y mujeres que dependen de medicación, ayudas técnicas y rutinas para mantenerse estables. En muchos casos, una desorientación momentánea, una caída o un episodio médico en plena calle pueden pasar inadvertidos si nadie se detiene a preguntar, si se asume que esa persona “ya se apañará sola”. El cartel de Saavedra lo dice claramente: “persona muy vulnerable, necesita medicación”. La pregunta es cuántas veces alguien lo vio caminar y no supo que estaba viendo a un desaparecido.

Hoy, José Antonio Saavedra González sigue oficialmente desaparecido. No hay notas de prensa que hablen de un desenlace, ni comunicados policiales que anuncien que el caso se ha cerrado. En la práctica, eso significa que cualquier pista, por improbable que parezca, sigue siendo valiosa: un recuerdo de alguien que lo haya visto en otra isla, una foto de calle, un comentario suelto sobre “un señor con el ojo tapado y bastón” en una pensión o albergue. Si estás en Canarias —o en cualquier otro punto de España— y crees haberlo visto, las asociaciones piden que contactes con SOS Desaparecidos en los teléfonos 649 952 957 o 644 712 806, o a través del correo info@sosdesaparecidos.es. 


Hasta que alguien dé ese paso, el caso de José Antonio seguirá siendo la historia de un hombre que salió a la calle en Santa Cruz de Tenerife y se desvaneció sin dejar rastro; la historia de un rostro con el ojo izquierdo cubierto que nos mira desde un cartel rojo de “URGENTE”, mientras el tiempo pasa y las respuestas no llegan. Una pesadilla silenciosa que late en la isla, recordándonos que, a veces, el verdadero terror no está en la ficción, sino en la desaparición real de alguien que, como José Antonio Saavedra González, podría estar aún esperando que alguien lo reconozca y lo lleve, por fin, de vuelta a casa.

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