El caso de Ares Miguel Tiziano: el joven nicaragüense con TEA que se desvaneció en Zaragoza



El 20 de noviembre de 2025, en plena tarde gris de otoño, un joven de 20 años salió de casa en Zaragoza y su rastro se cortó en seco. Se llama Ares Miguel Tiziano Malespín Valdivia, era de origen nicaragüense y vivía con su familia en la capital aragonesa. Desde entonces, su madre, Xiomara, repite la misma frase cada vez que suena el teléfono: “pienso que será él”. Han pasado semanas. Ares sigue sin aparecer y su nombre se ha convertido en sinónimo de angustia y de búsqueda a contrarreloj. 

Antes de entrar en los carteles de “se busca”, Ares Miguel era, simplemente, un chico tranquilo y reservado, diagnosticado de Trastorno del Espectro Autista (TEA). Sus allegados lo describen como un joven de rutinas, sensible al ruido y a los cambios bruscos, alguien que necesita estructura para sentirse seguro. La familia dejó Nicaragua buscando una vida más estable en España, y Zaragoza se convirtió en su nuevo hogar. Esa condición de persona migrante y, además, neurodivergente es clave para entender por qué su desaparición resulta especialmente inquietante: Ares no es solo un joven que se va de casa; es un chico vulnerable que puede desorientarse con facilidad. 

El día de su desaparición, 20 de noviembre, la rutina parecía normal. Según ha contado su madre, habló con él a primera hora de la tarde; más tarde, cuando quiso volver a llamarlo, el móvil ya salía apagado. Fue el primer detalle que no encajó. Horas después, al ver que no regresaba y que nadie de su entorno sabía dónde estaba, la familia presentó denuncia en dependencias de la Policía Nacional. A partir de ese momento, el “habrá ido a despejarse un rato” se transformó en una pesadilla que ya dura semanas. 

En la ficha del Centro Nacional de Desaparecidos (CNDES) se detalla quién es Ares Miguel Tiziano M. V.: 20 años, entre 1,65 y 1,70 de estatura, unos 60 kilos de peso, pelo negro, ojos castaños. El día que desapareció vestía una sudadera negra con capucha, pantalón vaquero azul y zapatillas deportivas negras, en algunas informaciones identificadas como Adidas. Es la descripción que se repite en todos los carteles difundidos por asociaciones, medios de comunicación y redes sociales. 


Lo que empezó como una alerta se convirtió enseguida en un gran operativo. La Policía Nacional activó un dispositivo de búsqueda específico para localizar a “un joven especialmente vulnerable”, dadas sus características y su diagnóstico de TEA. Desde los primeros días, los agentes han centrado la búsqueda en varios puntos de la ciudad, con especial atención a las riberas de los ríos Ebro y Gállego, en la zona de Santa Isabel, donde se ha visto a patrullas rastreando caminos, taludes y sendas junto al agua. 

A medida que pasaban las jornadas sin noticias, el dispositivo fue creciendo. Se han desplegado helicópteros y drones de la Unidad Aérea, equipos de Guías Caninos, Unidades de Intervención Policial, el Grupo de Desaparecidos de la Jefatura Superior de Aragón y los Bomberos de Zaragoza, tanto por tierra como por agua. En los últimos días, la búsqueda se ha intensificado también en el entorno del Galacho de La Alfranca, un espacio natural de meandros y vegetación densa donde los equipos avanzan lentamente, revisando cada recodo. 

Asociaciones como Autismo Aragón han utilizado sus redes para recordar que, por su condición, Ares puede reaccionar de forma diferente al miedo o a la presencia de desconocidos: puede esconderse, evitar hablar o no pedir ayuda aunque la necesite. Por eso insisten en que cualquier posible avistamiento se comunique en el mismo momento, llamando al 091, para que una patrulla pueda comprobar si se trata de él. La propia Policía recalca este mensaje en sus notas y publicaciones: una llamada una hora tarde puede significar haber perdido una pista decisiva. 


Al poco de activarse la alerta, el caso de Ares comenzó a aparecer también en medios nacionales: informativos de televisión, radios y periódicos digitales se hicieron eco del llamamiento, subrayando siempre la misma idea: “joven de 20 años con autismo desaparecido en Zaragoza; máxima colaboración ciudadana”. Mientras tanto, la comunidad nicaragüense en Aragón se movilizó de inmediato. Colectivos como SoyNicaragua Libre y el Movimiento Antirracista de Zaragoza difundieron su foto, organizaron puntos de información y denunciaron públicamente la deshumanización que, a veces, sufren las personas migrantes cuando desaparecen: “no son números, son vidas”, recordaban en sus comunicados. 

Los artículos de prensa han explicado también que no es la primera vez que Ares se ausenta de casa sin avisar. Según contaba estos días HERALDO DE ARAGÓN, su familia ya había denunciado un par de escapadas anteriores ante la Policía Nacional, episodios breves de los que siempre regresó. Esta vez, sin embargo, todo es distinto: el tiempo pasa, el teléfono sigue apagado y no hay ni un solo dato contrastado que permita saber dónde está. Lo que en otros momentos se resolvió en horas, ahora se ha convertido en una desaparición de larga duración que tiene en vilo a dos países: España y Nicaragua. 

Mientras los equipos oficiales rastrean ríos y campos, la vida de la familia de Ares se ha congelado. Su madre, Xiomara Valdivia, ha concedido entrevistas en las que habla de “angustia grandísima” y de noches en vela revisando mentalmente cada detalle de los días previos. Explica que él tiene TEA, que necesita apoyo constante y que cualquier cambio de entorno puede desorientarlo por completo. “Llevamos tres semanas sin saber nada de él. Estamos desesperados”, decía entre lágrimas a un periodista. Sus palabras han ayudado a poner rostro humano a lo que, sin esa voz, sería solo otro caso en la lista de desaparecidos. 


Fuera de España, en Nicaragua, amigos y familiares lejanos siguen el caso a través de redes y medios latinoamericanos que también se han sumado a la difusión. Desde páginas comunitarias se recuerda que Ares creció entre dos mundos y que su desaparición ha unido a la diáspora nicaragüense en Aragón, que ha salido a la calle con pancartas pidiendo que no se baje la guardia. Para ellos, lo más doloroso es imaginar a un chico con autismo, lejos de su país de origen, quizá desorientado, sin saber pedir ayuda en un entorno que ya le costaba gestionar incluso estando acompañado. 

A día de hoy, las autoridades no han hecho público ningún indicio que apunte a una causa concreta de la desaparición de Ares Miguel Tiziano. No se ha comunicado que exista una nota de despedida ni pruebas claras de que hubiera un plan previo para marcharse, pero tampoco se ha informado de la existencia de un delito confirmado detrás de su ausencia. La prioridad oficial es localizarlo con vida y, por eso, se mantienen abiertas todas las hipótesis mientras se peinan riberas, caminos y zonas naturales alrededor de Zaragoza. 

Por eso, cada vez que se cuenta su historia, se repiten los datos esenciales: Ares Miguel Tiziano Malespín Valdivia, 20 años, origen nicaragüense, 1,65–1,70 de estatura, unos 60 kilos, pelo negro, ojos castaños, sudadera negra con capucha, vaquero azul y zapatillas negras. Joven con TEA, especialmente vulnerable. Desaparecido en Zaragoza el 20 de noviembre de 2025. Si alguien cree haberlo visto o dispone de cualquier información, la Policía Nacional pide llamar de inmediato al 091 o ponerse en contacto con el Centro Nacional de Desaparecidos. Cada llamada, por insignificante que parezca, puede ser el hilo que falta. 


El caso de Ares Miguel Tiziano es, en el fondo, la imagen de muchas vulnerabilidades que se cruzan: la de un joven en el espectro autista, la de una familia migrante, la de una madre que lucha contra el silencio administrativo y la de una ciudad que sigue con su rutina mientras, en sus riberas, patrullan helicópteros y perros rastreadores. Es también un recordatorio incómodo: cualquiera puede convertirse en “desaparecido” en cuestión de minutos, y para quienes se quedan, la verdadera pesadilla no es solo imaginar lo peor, sino vivir cada día sin saber nada. Contar su historia, con respeto y sin morbo, es una forma de mantener su nombre en la conversación pública y de que su rostro siga circulando hasta que, ojalá, la llamada que espera Xiomara llegue por fin.

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