La tarde del 19 de marzo de 2021, en Humacao, Puerto Rico, una joven de 19 años salió —o fue vista por última vez— en la urbanización Perelló y, desde ese punto, su rastro se cortó en seco. Se llamaba Génesis Nereyda Pazol Guerra. Ese mismo día la reportaron como desaparecida. Cuatro años después, su nombre sigue apareciendo en listas oficiales de mujeres ausentes, como si el tiempo se hubiera quedado congelado en aquel viernes de marzo.
Génesis no vivía con su familia biológica. Según el Negociado de la Policía y varios medios, pertenecía al programa de Hogar Sustituto del Departamento de la Familia, es decir, estaba bajo custodia del Estado en un recurso alterno. Ese dato, que a primera vista parece solo administrativo, es clave: si una joven desaparece mientras el gobierno es formalmente responsable de su cuidado, la pregunta deja de ser solo “¿qué le pasó?” y se convierte también en “¿quién estaba velando porque no le pasara nada?”.
Los detalles de su última aparición pública están fijados con una precisión casi dolorosa. El informe preliminar indica que Génesis fue vista por última vez en la urbanización Perelló, en Humacao, el 19 de marzo de 2021. La Policía y la prensa repitieron una y otra vez la misma descripción: tez blanca, ojos marrón oscuro, pelo negro, 5’3’’ de estatura y unas 126 libras de peso. Vestía pantalón largo blanco, camiseta verde, abrigo tipo “Jodie” rosa con capucha, gorro rosa, chanclas negras y espejuelos de marco crema. Es el uniforme con el que quedó atrapada para siempre en los carteles de “DESAPARECIDA”.
Desde el primer momento, el caso quedó en manos de la Sección de Personas Desaparecidas de la División de Homicidios del CIC de Humacao. Los comunicados oficiales pidieron la ayuda de la ciudadanía, ofrecieron números de teléfono concretos —787-852-1224 extensiones 1510 y 1610, además de la línea confidencial 787-343-2020 y la app BASTA YA PR— y remarcaron su vínculo con el programa de Hogar Sustituto. Era una desaparición de alto riesgo: mujer joven, bajo custodia del Estado, sin indicios de marcha voluntaria. Pero, pese a esa etiqueta, nunca trascendió públicamente una línea clara de investigación.
Los primeros días, el nombre de Génesis Nereyda Pazol Guerra circuló por todos los noticieros de la isla. Cadenas como WIPR, portales como NotiCel y diarios como Primera Hora publicaron notas casi idénticas: ficha física, última ubicación, pertenencia al Hogar Sustituto y llamado desesperado a la colaboración. En redes sociales, cuentas de radios locales y páginas de “Noticias Boricuas” replicaron la alerta. Durante un breve lapso, su rostro estuvo realmente en todas partes. Luego, el ciclo informativo siguió adelante; ella, no.
Donde sí quedó su nombre clavado fue en el trabajo del Observatorio de Equidad de Género de Puerto Rico y del medio feminista Todas. En mayo de 2021, Todas publicó un reportaje titulado “Siguen sin ser localizadas seis mujeres y adolescentes que han desaparecido en 2021”. En esa lista aparecía, en segundo lugar, Génesis: 19 años, desaparecida desde el 19 de marzo, vista por última vez en la urbanización Perelló en Humacao. El artículo subrayaba algo inquietante: tres de las seis jóvenes de la lista estaban vinculadas a hogares sustitutos. El patrón no era casual.
Los informes anuales del Observatorio volvieron a nombrarla una y otra vez. En sus listas de “Mujeres y niñas desaparecidas”, el registro de Génesis aparece así: “Génesis Nereyda Pazol, 19, Humacao, 19/marzo/21, estaba bajo custodia del Depto. de la Familia”. Y, lo más importante: aparece marcada como “permanece desaparecida” en documentos de cierre de 2021, 2023, 2024 y aún en listados actualizados a mayo y julio de 2025. Es la confirmación más fría y contundente de que, al día de hoy, no ha sido localizada ni viva ni fallecida.
Es decir: no hay noticia de hallazgo de cuerpo, no hay reclasificación de su caso a feminicidio, no hay acusaciones públicas contra nadie. Solo el silencio que, con los años, se vuelve casi una segunda desaparición. Mientras otras historias se cierran con la peor de las confirmaciones —cuerpos encontrados, imputaciones, juicios—, la de Génesis sigue suspendida en una categoría burocrática que suena aséptica pero duele: “mujer desaparecida, caso en seguimiento”.
En ausencia de respuestas oficiales, las preguntas se multiplican. ¿Se fue por su propia voluntad desde el entorno del Hogar Sustituto? ¿Alguien de dentro o de fuera la captó, la engañó, la recogió en un carro aquel 19 de marzo? ¿Hubo alguna señal previa de riesgo, de violencia, de explotación, que no se atendió a tiempo? Ninguna de estas hipótesis está confirmada, pero todas flotan cuando se juntan dos datos: una joven bajo custodia del Estado y un organismo independiente que lleva cuatro años recordando que nadie sabe dónde está.
El contexto tampoco ayuda a tranquilizar. 2021 fue un año especialmente tenso en Puerto Rico en temas de violencia de género y desapariciones: el Observatorio contabilizó decenas de feminicidios, intentos de feminicidio y casos de mujeres desaparecidas, muchos de ellos con elementos que apuntaban a fallas sistemáticas en la prevención y en la respuesta del Estado. En ese paisaje, Génesis se convirtió en uno de los rostros que el periodismo feminista usaba para señalar una realidad incómoda: las desapariciones de mujeres no son hechos aislados, sino parte de una cadena donde pesa el machismo, pero también la desidia institucional.
Hay un detalle que vuelve este caso aún más simbólico: el hecho de que Génesis estuviera en Hogar Sustituto cuando desapareció. En teoría, esos programas existen para proteger a menores y jóvenes que no pueden vivir con sus familias de origen, para ofrecerles refugio y acompañamiento. Cuando una chica de 19 años se esfuma desde ese espacio, la pregunta deja de ser solo “¿dónde está?” y se convierte también en “¿qué protocolos fallaron?”. Las organizaciones que monitorean estos casos han insistido en que las desapariciones ligadas a hogares sustitutos deben investigarse con lupa, porque no se trata solo de una desgracia individual, sino de un posible síntoma de algo más grande.
Mientras en los papeles su nombre aparece alineado junto al de otras mujeres desaparecidas, en la vida cotidiana su ausencia se traduce en algo mucho más crudo: una familia que nunca recibió una llamada, un mensaje, un indicio claro; trabajadores sociales y personal del Departamento de la Familia que saben que una joven bajo su custodia se perdió en la línea de tiempo; una comunidad en Humacao que quizás la vio pasar aquel día con abrigo rosado y gorro rosa y, desde entonces, solo la reconoce en carteles amarillentos.
A finales de 2025, la historia oficial de Génesis Nereyda Pazol Guerra sigue siendo brutal por lo escasa: 19 años, Humacao, programa de Hogar Sustituto del Departamento de la Familia, desaparecida desde el 19 de marzo de 2021, última vez vista en la urbanización Perelló, caso activo de persona desaparecida. No hay más líneas añadidas. Y quizá por eso mismo su caso duele tanto: porque muestra cómo se puede borrar a una joven del mapa sin que el expediente sea capaz de contar nada más que eso.
En un país donde los nombres de las víctimas suelen aparecer solo cuando ya es demasiado tarde, el de Génesis se aferra a una forma particular de memoria: la memoria del misterio sin resolver. Cada vez que organizaciones como el Observatorio de Equidad de Género actualizan sus informes y mantienen su ficha en la columna de “permanece desaparecida”, es como si repitieran, en voz baja pero insistente, la misma frase: a Génesis todavía la estamos esperando. Hasta que alguien pueda explicar qué pasó con ella aquella tarde de marzo en Humacao, su historia seguirá siendo una de esas pesadillas abiertas donde no hay escena del crimen, ni juicio, ni culpable… solo la certeza de que, en algún punto entre el Hogar Sustituto y la urbanización Perelló, una joven de 19 años se desvaneció y el Estado no ha sabido decirnos cómo.
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