El 18 de febrero de 2020 amaneció frío y gris en Zaidín, un pequeño municipio del Bajo Cinca, en Huesca. Era martes, día de rutinas: abrir persianas, ir al banco, comprar pan, comentar el tiempo en la calle mayor. Entre esas vidas tranquilas estaba la de Margarita Isábal Ibarz, de 67 años. Salió de su casa como tantas otras veces, vestida con ropa oscura, para dar un paseo por el pueblo. Desde ese momento, nadie ha podido decir con certeza qué ocurrió. Su rastro se detuvo en una calle cualquiera y, cinco años después, sigue sin reaparecer.
Margarita llevaba una vida sencilla, muy marcada por las costumbres de pueblo. Medía alrededor de metro y medio, era delgada, de pelo rubio rizado recogido en moño y ojos castaños claros. Caminaba con dificultad y, según remarcaron desde el primer momento las autoridades, necesitaba medicación, un dato que disparó la preocupación de la familia y de todo Zaidín. No era una mujer aventurera ni dada a desaparecer sin avisar; su entorno la describe como alguien de carácter reservado, que hacía su vida entre casa, recados y paseos cortos.
Aquel martes 18, la rutina se rompió en silencio. Los vecinos la vieron caminar por una de las calles del pueblo, como cualquier otra mañana. Esa es la última imagen confirmada de Margarita: andando sola, sin maletas, sin prisa aparente. Cuando horas después no regresó a casa y nadie la había visto volver, el desconcierto empezó a convertirse en alarma. Una amiga con la que mantenía muy buena relación y su marido —que pasaba temporadas en Fraga y con el que estaba en trámites de divorcio— fueron quienes dieron la voz de alerta a la Guardia Civil.
Las primeras horas se vivieron entre la esperanza de encontrarla desorientada en algún camino y el miedo a que el tiempo jugara en contra, por su salud y su necesidad de medicación. Zaidín es un pueblo rodeado de campos de regadío, acequias y caminos agrícolas, muy cerca del río Cinca, con muchas zonas donde es fácil perder la orientación si uno se sale del recorrido habitual. Las autoridades activaron de inmediato el protocolo de personas desaparecidas: se difundió su fotografía, se describió su aspecto y se pidió a todo el mundo que se fijara en cualquier persona mayor caminando sola por la zona.
En los días siguientes, el pueblo se volcó en la búsqueda. Voluntarios, familiares y vecinos peinaron los alrededores, pistas rurales y márgenes del río, mientras la Guardia Civil coordinaba el operativo. Pronto se incorporaron medios más avanzados: un dron sobrevoló el término municipal y sus alrededores, generando alrededor de 1.200 fotografías aéreas para analizar cualquier anomalía en acequias, campos y zonas escarpadas. A pesar del esfuerzo y de la tecnología, no apareció ni una prenda, ni un objeto personal, ni una huella clara que llevara hasta Margarita.
Conforme pasaban las semanas sin noticias, la búsqueda espontánea de los primeros días dio paso a dispositivos profesionales. Bomberos del Bajo Cinca, agentes del Seprona y unidades especializadas continuaron rastreando puntos críticos alrededor de Zaidín y del Cinca, siempre con la prudencia de no descartar ninguna hipótesis: desde un accidente fortuito hasta la posibilidad de que alguien la hubiera recogido en un vehículo. La falta absoluta de indicios físicos convertía cada nueva jornada de rastreo en una mezcla de esperanza y frustración.
Diez meses después, en diciembre de 2020, el caso volvió a situarse en el centro de la atención mediática. La Policía Judicial decidió reabrir la investigación de campo y se organizó un dispositivo de una magnitud muy poco habitual en una localidad tan pequeña: alrededor de 60 vehículos de la Guardia Civil, bomberos comarcales, el Grupo de Actividades Subacuáticas (GEAS), unidades del Seprona, varios perros especializados y un helicóptero participaron en un nuevo rastreo masivo. Los esfuerzos se concentraron en embalses, acequias, balsas de riego y balsas de purín, es decir, en todos aquellos puntos donde una persona podría haber quedado oculta sin ser vista.
Durante días, el despliegue sorprendió a los vecinos de Zaidín, que veían cómo las patrullas entraban y salían del pueblo, los helicópteros sobrevolaban la zona y equipos de buceo se sumergían en aguas tranquilas buscando cualquier rastro. Sin embargo, el 20 de diciembre de 2020 se anunció que las labores de búsqueda en el término municipal concluían de nuevo sin resultados visibles, aunque la investigación seguiría abierta. La Policía Judicial no hizo públicas sus líneas de trabajo ni aclaró si había alguna hipótesis descartada, lo que añadió más incógnitas a un caso que ya parecía rodeado de silencio.
Mientras los dispositivos oficiales iban y venían, la vida en Zaidín quedó marcada por una silla vacía. El Ayuntamiento colaboró desde el primer momento, cediendo locales a los operativos y apoyando a la familia; el alcalde, Marco Ibarz, explicaba a la prensa local la conmoción que provocaba en un municipio pequeño no saber qué había sido de una vecina a la que todos ubicaban. En los bares y en la plaza, el nombre de Margarita dejó de pronunciarse en pasado: era “la que falta”, la que estaba pero no estaba, una ausencia que se volvió parte del paisaje.
Con el paso del tiempo, el caso de Margarita Isábal Ibarz encontró refugio en las asociaciones especializadas en desapariciones. SOS Desaparecidos mantiene activa su ficha con todos los datos físicos, recordando que tenía 67 años, medía 1,50, pesaba unos 52 kilos y necesitaba medicación. La fundación QSDglobal ha ido marcando los aniversarios con mensajes como “Sin rastro de Margarita Isabal Ibarz” o “Cuatro años sin rastro”, pidiendo difusión y subrayando que cada compartido puede ser la pieza que falte. Otras plataformas y colectivos de familiares de desaparecidos también han difundido carteles, demostrando que, en estos casos, cada organización, medio y persona que comparte la foto suma desde su lugar.
En febrero de 2024, cuando se cumplieron cuatro años de su desaparición, medios nacionales como Informativos Telecinco volvieron a poner el foco en la historia de Margarita. Recordaban que fue vista por última vez paseando por una calle de Zaidín y que, pese a las numerosas búsquedas y a los dos grandes dispositivos organizados en 2020, no ha habido avances públicos. Su familia, a través de estas informaciones, pedía algo tan sencillo como poderoso: que no se olvide su rostro, que si alguien sabe algo, por pequeño que parezca, lo cuente.
A día de hoy, la desaparición de Margarita sigue sin explicación oficial. La investigación de la Policía Judicial continúa abierta, pero las autoridades no han comunicado que se haya descartado ninguna hipótesis. No hay pruebas claras de que sufriera un accidente, ni de que hubiera una huida voluntaria, ni de la intervención de terceros. Solo se sabe que una mujer mayor, con movilidad reducida y dependiente de medicación, salió a caminar en un pueblo donde todos se conocen… y se desvaneció entre campos y acequias sin dejar una sola pista firme.
En este tipo de casos, las asociaciones recuerdan que cualquier detalle puede ser importante. Si alguien cree haber visto a una mujer parecida a Margarita en estos años, puede contactar con SOS Desaparecidos en los teléfonos +34 649 952 957 o +34 642 650 775, o por correo electrónico, datos que también difunden medios como Informativos Telecinco cuando hablan de desaparecidos en España. No se trata de señalar culpables desde fuera, sino de abrir caminos para que la información llegue a quienes investigan. Cada llamada, cada mensaje, es un hilo más del que tirar.
El caso de Margarita Isábal Ibarz en Zaidín es, en el fondo, la historia de una ausencia que se niega a convertirse en olvido. Habla de una mujer mayor que salió de casa para un paseo cotidiano y de un pueblo que, cinco años después, sigue sin saber qué pasó en esos pocos metros de calle. Habla de una familia que vive atrapada entre la esperanza y el duelo suspendido, y de un país donde hay centenares de nombres que, como el suyo, siguen en los listados de desaparecidos esperando respuestas. Contarla hoy, con respeto, es una forma de mantener encendida la luz en esa esquina del mapa y de recordar que, mientras no se sepa qué ocurrió, Margarita sigue siendo una vecina que falta, no un caso cerrado.
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