El 18 de febrero de 2020, la ciudad de Logroño amaneció envuelta en su habitual calma invernal, sin saber que en un piso de la calle Pepe Blanco se había consumado una tragedia silenciosa. Pedro José Sáez Alfaro, de 75 años, un respetado catedrático jubilado, doctor en Filología y escritor, yacía muerto en el suelo de su cocina. Fue su hija quien, extrañada por su silencio, acudió al domicilio y se encontró con la escena del horror. Lo que en un principio pudo parecer un accidente doméstico, pronto reveló las marcas inconfundibles de la violencia humana más cruel.
Pedro José no era un hombre cualquiera en la capital riojana. Era una figura querida, conocida por su intelecto y, sobre todo, por una generosidad que rozaba la ingenuidad. Había dedicado su vida a la enseñanza y a las letras, cultivando un espíritu altruista que le llevaba a ayudar a quien lo necesitara. Sin embargo, esa misma bondad fue la grieta por la que se colaron sus verdugos. La autopsia confirmó que había sido golpeado brutalmente hasta la muerte, desatando una investigación policial que se bautizó como "Operación Letras".
Los agentes de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) descartaron el robo al uso. La puerta no estaba forzada; el profesor había abierto a su asesino o este tenía llave. Las pesquisas se centraron rápidamente en el entorno económico y personal de la víctima, destapando una historia de manipulación emocional que llevaba años gestándose. Pedro José había sido víctima de una "estafa amorosa" de manual, orquestada por una mujer mucho más joven que él.
La mujer en el centro de la trama era Loredana F.S., de 38 años y nacionalidad rumana. Había entablado una relación con el profesor basada en el engaño, haciéndole creer que tenían un vínculo afectivo real. Bajo esta farsa, Loredana logró que el docente le prestara grandes sumas de dinero, acumulando una deuda que rondaba los 54.000 euros. Cuando Pedro José, presionado por su entorno y la evidencia, decidió cortar el grifo y denunciarla por estafa en 2018, firmó sin saberlo su sentencia de muerte.
La denuncia por estafa puso a Loredana contra las cuerdas. No tenía intención de devolver el dinero ni de enfrentar a la justicia. Fue entonces cuando entró en escena Kamal M., un hombre de 34 años de nacionalidad marroquí y pareja real de Loredana. Juntos, o bajo la influencia de ella, decidieron que la única forma de detener el proceso judicial y borrar la deuda era silenciar al demandante. No fue un crimen pasional, fue una ejecución motivada por la codicia y el miedo a la cárcel.
La mañana del crimen, Kamal acudió al domicilio del profesor. Se cree que la víctima le franqueó el paso o que Loredana le facilitó una copia de las llaves. Una vez dentro, la situación se tornó violenta de inmediato. Kamal atacó al anciano con una furia desmedida, propinándole golpes que le causaron traumatismos letales. No se conformaron con matarlo; lo dejaron agonizando en el suelo de su propia cocina, solo y herido de muerte, mientras el agresor limpiaba la escena para no dejar huellas.
Tras el asesinato, la pareja puso en marcha un plan de fuga. Abandonaron Logroño precipitadamente y viajaron a Madrid, donde pasaron unas horas antes de que Kamal huyera a Italia. Loredana se quedó en España, intentando mantener una apariencia de normalidad, pero la policía ya les seguía los talones. El rastro digital y las comunicaciones entre ambos fueron las migas de pan que guiaron a los investigadores hacia la verdad.
La detención de Loredana se produjo un año después, en Burgos, acusada inicialmente como inductora. Kamal, por su parte, fue localizado y detenido en Italia tiempo más tarde, gracias a una orden europea de detención. Ambos fueron trasladados a España para enfrentar un juicio que tardó cuatro años en llegar. Durante la instrucción, negaron los hechos, pero las pruebas circunstanciales y los testimonios de los vecinos, que escucharon ruidos sordos aquella mañana, eran demoledores.
El juicio se celebró finalmente en la primavera de 2024 en la Audiencia Provincial de Logroño, ante un jurado popular. La Fiscalía y la acusación particular dibujaron el perfil de dos depredadores que se aprovecharon de un hombre vulnerable. Se expuso cómo Loredana manipuló al profesor hasta el último día y cómo Kamal actuó como el brazo ejecutor de una voluntad compartida de impunidad.
El veredicto del jurado fue de culpabilidad. En junio de 2024, la Audiencia condenó a Kamal a 22 años de prisión por asesinato con alevosía y obstrucción a la justicia. A Loredana se le impusieron 4 años de cárcel por obstrucción y encubrimiento, aunque no se pudo probar su participación directa en el momento del golpe mortal. La sentencia parecía traer algo de paz a la familia del profesor, pero la batalla legal no había terminado.
A finales de 2024, el Tribunal Superior de Justicia de La Rioja (TSJR) revisó el caso tras los recursos de las defensas. En una decisión técnica que generó controversia, el tribunal rebajó la pena de Kamal de 22 a 18 años de prisión. Los magistrados consideraron que debía aplicarse el "dolo eventual" (asumir que podía matarlo) en lugar del "dolo directo" (querer matarlo específicamente), una distinción jurídica que alivió la condena del asesino.
Además, el TSJR absolvió a Loredana del delito de encubrimiento, dejándola solo con la condena por obstrucción a la justicia, lo que redujo su pena a 3 años y 6 meses. Esta decisión fue un jarro de agua fría para los allegados de Pedro José, quienes sentían que la justicia estaba siendo demasiado benévola con quienes habían planeado la destrucción de un hombre bueno.
Hoy, en enero de 2026, el caso se considera cerrado judicialmente, aunque la herida social en Logroño sigue abierta. Kamal cumple su condena en un centro penitenciario español, sabiendo que saldrá en libertad antes de cumplir la vejez que le arrebató a su víctima. Loredana, con una pena menor, enfrenta un futuro incierto pero libre de la carga de los años de prisión que muchos reclamaban.
El legado del profesor Pedro José Sáez Alfaro, sin embargo, sobrevive a la crónica negra. Sus libros sobre la historia y el folclore de La Rioja siguen en las estanterías, y sus alumnos lo recuerdan no como la víctima de un crimen atroz, sino como el maestro que les enseñó a amar la literatura. Su error fue confiar en que todo el mundo tenía su mismo corazón, un "defecto" que pagó con su vida.
El piso de la calle Pepe Blanco ha quedado marcado para siempre. Los vecinos aún recuerdan al caballero amable que saludaba en el portal, incapaces de comprender cómo la maldad pudo cruzar ese umbral. La "Operación Letras" resolvió el crimen, pero no pudo explicar la crueldad gratuita de matar a quien solo te ha dado ayuda.
Este caso nos recuerda el peligro silencioso de las estafas emocionales a personas mayores, un fenómeno creciente donde los depredadores no buscan solo dinero, sino que están dispuestos a todo para mantener su estilo de vida. Pedro José escribió muchas historias a lo largo de su vida, pero nunca imaginó que el capítulo final de la suya sería escrito por la mano violenta de la traición.
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