Gernika-Lumo, Bizkaia. La madrugada del 22 de noviembre de 2025 quedó marcada por una llamada al Servicio de Emergencias: una informante avisaba de que una vecina pedía ayuda porque su marido se había caído de la cama y no respondía.
Hasta la vivienda se desplazaron recursos sanitarios y efectivos policiales. Allí confirmaron el fallecimiento de la víctima: un hombre de 62 años que, en ese primer relato, parecía haber muerto por un accidente doméstico.
El cuerpo fue trasladado al Instituto Vasco de Medicina Legal para practicar la autopsia. Ese examen cambió el rumbo: el informe concluyó que el fallecimiento tenía un origen violento y una etiología homicida.
Las lesiones no encajaban con una simple caída. Se describieron contusiones y fracturas en diferentes partes del cuerpo, incluyendo golpes en la cabeza compatibles con una agresión repetida.
Con ese dato forense, la Ertzaintza abrió una investigación para reconstruir lo ocurrido en el domicilio la noche del 22 de noviembre. La escena dejó de ser un final triste y pasó a ser una pieza a descifrar.
Los investigadores revisaron el aviso original, las primeras diligencias y el entorno inmediato de la pareja. En casos así, el detalle que sostiene una versión también puede ser el que la derrumba.
El trabajo lo asumieron agentes del Servicio de Investigación Criminal Territorial de Bizkaia (SICTB). Su objetivo era claro: determinar cómo se produjo la agresión y quién estuvo en posición de causarla.
La hipótesis terminó apuntando al círculo más cercano. Los indicios reunidos llevaron a señalar como presunta autora a la esposa del fallecido, de 54 años.
Mientras el calendario avanzaba, el caso siguió abierto: del 22 de noviembre de 2025 al invierno de 2026. La distancia entre ambas fechas no borró el peso del informe médico ni las preguntas sobre lo ocurrido dentro de la casa.
El 11 de febrero de 2026, la Ertzaintza detuvo en Gernika a la mujer investigada por la muerte de su pareja. Fue trasladada a dependencias policiales para la práctica de diligencias.
Tras finalizar esas diligencias, la arrestada fue puesta a disposición judicial. El asunto pasó entonces del terreno policial al juzgado, con un relato ya condicionado por la autopsia.
El Juzgado de Guardia de la localidad vizcaína acordó su puesta en libertad con cargos. La investigación no quedó cerrada con esa decisión: se mantuvo abierta para completar el esclarecimiento de los hechos.
La historia de aquel ‘accidente’ se sostenía en una frase breve: ‘se cayó de la cama’. Pero la autopsia introdujo una segunda versión, apoyada en fracturas, contusiones y un patrón de golpes.
Ese contraste es el corazón del caso: una explicación inmediata frente a una prueba técnica. En homicidios domésticos, la diferencia suele estar en el cuerpo y en lo que el cuerpo revela cuando ya nadie puede hablar.
En Gernika-Lumo quedó una fecha fija —22/11/2025— y otra que actúa como giro —11/02/2026—. Entre ambas, el trabajo de investigación reconstruyó, paso a paso, el camino que va de una llamada de auxilio a una detención.
Y queda también una idea incómoda: hay relatos que se construyen para cerrar una puerta rápido, pero una autopsia puede abrirla de golpe. Cuando lo que parecía una caída no cuadra, la verdad termina buscando su forma de salir.
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