La Felguera (Langreo): Un Machete En La Salida Hacia Lada



En La Felguera, Langreo, el 11 de febrero de 2026 no fue un día cualquiera: la tensión entre una misma familia terminó reventando a plena luz del mediodía, en una zona de paso entre calles conocidas.

Todo empezó con un paso formal que, en teoría, debía servir para frenar el miedo: una mujer acudió a la Comisaría Local de la Policía Nacional en Langreo para denunciar amenazas y malos tratos atribuidos a su hijo.

No fue sola. La acompañaba su padre, y en esa denuncia quedó escrito un detalle que hiela: la noche anterior, el abuelo habría intentado mediar y, el relato, fue agredido con un arma blanca y sufrió dos heridas incisas en el pecho.

Tras formalizar la denuncia, ambos salieron de dependencias policiales. Pero, casi en paralelo, la Sala CIMACC 091 recibió un aviso por una reyerta en la plaza donde residía el denunciado.

Las patrullas que llegaron al lugar confirmaron lo que ya corría de boca en boca: había una pelea entre varias personas y tres varones presentaban heridas por arma blanca.

Uno de los heridos fue trasladado a un centro hospitalario. Allí, poco después, se confirmó el fallecimiento, y la noticia convirtió la pelea en un homicidio que ya no podía deshacerse con disculpas.

Mientras los sanitarios trataban de ganar tiempo con los que seguían con vida, los investigadores empezaron a reconstruir quién había bajado primero, quién había llevado el arma y en qué momento exacto se perdió el control.

Las primeras gestiones permitieron identificar al presunto autor: el mismo hombre señalado en la denuncia horas antes. Tras el episodio violento, se habría refugiado en su domicilio.



En La Felguera se habló de un ataque sin aviso, de una bajada al portal con varias armas blancas y de un golpe inicial que encendió el resto de la reyerta, como si bastara una chispa para prender años de conflicto.

Con autorización judicial, se realizó una entrada y registro en la vivienda. En esa inspección se intervinieron dos lanzas artesanales, un machete y varias armas blancas, algunas con restos biológicos, además de prendas con manchas susceptibles de análisis pericial.

Los datos fríos —una plaza, una llamada al 091, un registro, un inventario de armas— no explican el ruido de fondo: incidentes previos y amenazas que, las denuncias, se habían ido acumulando.

En lo judicial, el caso avanzó rápido: se abrieron diligencias por homicidio, lesiones y amenazas, y el detenido se acogió a su derecho a no declarar, mientras la investigación seguía abierta.

El juez decretó prisión provisional comunicada y sin fianza. En la práctica, eso significa que la versión final todavía se está escribiendo con pruebas, pero el riesgo y la gravedad ya estaban sobre la mesa.



En Langreo, la herida queda en dos planos: el de la víctima que no volvió a casa y el de los heridos que sobrevivieron. Lo demás —las palabras, los reproches, la supuesta mediación— llegó tarde, cuando el acero ya había hecho su trabajo.

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