Motril (Granada), lunes 23 de febrero de 2026. La tarde todavía tenía luz cuando, poco antes de las 17:00, algo se rompió en una casa rural del Camino Pataura.
No fue una calle llena ni un bar ruidoso. Fue un lugar apartado, de puertas cerradas, donde el ruido se escucha distinto y las urgencias tardan lo que tardan.
En ese interior, una mujer resultó herida grave por arma blanca. No se conoce su edad, pero la escena dejó claro lo esencial: había sangre y prisa.
La llamada de auxilio llegó a emergencias y, en minutos, el camino se llenó de vehículos. Cuando una agresión ocurre en casa, el exterior siempre parece ajeno.
Los sanitarios atendieron a la víctima y la trasladaron de urgencia a un hospital. En esos trayectos, la vida va colgada de un vendaje y de un pulso.
Al mismo tiempo llegaron los equipos policiales. La inspección ocular convirtió habitaciones y pasillos en un mapa: dónde cayó el cuerpo, dónde quedó el filo, qué se dijo.
Desde el primer momento se descartó que se tratara de un episodio de violencia de pareja. Eso no alivia: solo cambia el ángulo del miedo.
El relato inicial apuntó a una agresión dentro del ámbito familiar. En esos casos, lo más duro no es solo el ataque, sino la cercanía.
Al parecer, fue la hija quien dio el aviso. Ese detalle tiene el peso de una contradicción: pedir ayuda y, al mismo tiempo, no poder borrar lo que pasó.
La Policía Nacional abrió diligencias para esclarecer los hechos. La palabra “esclarecer” suena fría, pero es la única forma de volver a juntar una tarde que quedó hecha pedazos.
En Motril, el rumor corre rápido cuando las sirenas entran en un camino poco transitado. Y cuando se habla de familia, el murmullo se vuelve más bajo.
Lo que no se sabe ocupa el sitio de lo que duele: por qué ocurrió, qué discutieron, en qué segundo se cruzó la línea.
La víctima quedó ingresada, grave. En un hospital, la violencia se convierte en puntos de sutura, en monitor, en noches sin sueño.
En la casa rural, en cambio, queda lo que siempre queda: un silencio raro, como si las paredes hubieran escuchado demasiado.
Los investigadores buscarán respuestas en pruebas y declaraciones. Pero hay una verdad que llega antes: la normalidad no avisa cuando se va.
Motril, 23/02/2026: Camino Pataura, una llamada antes de las 17:00 y una mujer herida por arma blanca. Y la pregunta que queda, sin consuelo: qué estaba pasando dentro de esa casa antes del primer grito.
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