Palma (Son Moix): Dos Puñaladas, Una Barra de Hierro y un Sospechoso Entre Matorrales



Palma (Mallorca), sábado 31 de enero de 2026. A las 16:15, en las inmediaciones del estadio de Son Moix, una discusión estalló en plena calle y terminó en una agresión con arma blanca.

La víctima fue un hombre de 50 años que recibió dos puñaladas en el tórax. Los testigos pidieron ayuda y los servicios de emergencia acudieron a la zona para atenderlo y trasladarlo al hospital.

Antes del apuñalamiento hubo un primer golpe: la pareja del herido fue atacada con una barra de hierro, con impactos en la cabeza y en las piernas. Ella también necesitó asistencia médica.

el relato reunido por los agentes, el agresor discutió con la mujer y la roció con un spray de pintura. Cuando el hombre salió a defenderla, la violencia cambió de herramienta y apareció el cuchillo.

Tras la agresión, el sospechoso huyó hacia un descampado cercano. La escena se partió en dos: el suelo con sangre y el rastro de una carrera desesperada entre vegetación.



La Policía Local actuó en un primer momento y el caso pasó a manos de la Policía Nacional. Se desplegaron unidades en el área para localizar al agresor en los alrededores.

La búsqueda no fue sencilla: los descampados de la zona estaban cubiertos por vegetación densa. Los agentes se repartieron el terreno, peinando matorrales como si cada sombra pudiera ser un cuerpo agazapado.

Tras aproximadamente una hora de batida, localizaron al sospechoso en el suelo, escondido entre unos matorrales. Allí terminó la huida: fue detenido en el lugar.

El arrestado fue señalado como presunto autor de delitos de lesiones y tentativa de homicidio. La etiqueta legal no borra el instante real: dos puñaladas, una mujer golpeada y un ataque que pudo acabar peor.

En las inmediaciones se intervinieron objetos que pasaron a ser prueba: la barra de hierro, un cuchillo y parte de unas tijeras rotas. Lo que en una casa sería chatarra, en una calle se vuelve evidencia.

La víctima, pese a la gravedad aparente, recibió el alta posteriormente. Ese dato no suaviza lo ocurrido: la distancia entre ‘herida’ y ‘muerte’ a veces es cuestión de centímetros.

El detenido pasó a disposición judicial y el juzgado decretó su ingreso en prisión. La tarde terminó con un nombre bajo custodia y un expediente abierto.

Para quienes lo vieron, Son Moix dejó de ser un estadio por unas horas. Fue un punto de violencia súbita, con sirenas, cintas y una batida que buscaba a un hombre escondido.



El caso deja una advertencia incómoda: los conflictos que empiezan con gritos pueden escalar a hierro y a cuchillo en segundos. Y cuando el agresor corre, lo que queda atrás no es solo un herido: es una ciudad entera mirando al suelo.

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