Figueres: Kimberli, La Mujer Que Pidió Protección Antes De Ser Asesinada


Kimberli no murió de golpe en la plaza Josep Tarradellas de Figueres. Antes de las puñaladas hubo denuncias, una orden de alejamiento, una condena reciente, nuevas agresiones y una sensación de desprotección que ahora atraviesa todo el caso. La mujer trans hondureña de 33 años había pedido ayuda antes de ser asesinada.

Su nombre legal aparece en algunas fuentes como Erica D. G. pero en sus redes y en su entorno se hacía llamar Kimberli. La relación con Andrés “Andy” Roche Cerón, su expareja de 48 años, estaba marcada por episodios previos de violencia, amenazas y un historial que terminó desembocando en un crimen a plena luz del día.

El lunes 18 de mayo de 2026, apenas veinticuatro horas antes del asesinato, Kimberli denunció a su expareja por quebrantar una orden de alejamiento, lesiones y daños. Ese mismo día se celebró un juicio rápido en Figueres, con competencias en violencia sobre la mujer, y él aceptó una condena de seis meses por maltrato.

La sentencia también impuso una orden de alejamiento de 250 metros y la prohibición de comunicarse con ella durante un año y cuatro meses. Sobre el papel, Kimberli quedaba protegida. En la calle, sin embargo, esa distancia no duró ni una tarde: horas después, el hombre volvió a acercarse y fue detenido de nuevo.

las informaciones judiciales y policiales difundidas, esa segunda detención del lunes llegó por supuestas lesiones a la misma víctima. Kimberli habría necesitado puntos de sutura en la cara y presentaba hematomas en las piernas. Fue citada para una exploración forense y para declarar al día siguiente ante el juzgado de guardia.

El martes 19, Kimberli no acudió a esa cita forense ni llegó a declarar. Al no comparecer la víctima, y con el antecedente de la sentencia de conformidad ya registrado, el detenido quedó en libertad hacia la una del mediodía. Esa decisión es hoy una de las piezas más dolorosas del caso, porque pocas horas después ella estaba muerta.

La pregunta que se repite en Figueres no es solo quién la mató, sino cómo pudo quedar libre alguien que acababa de ser condenado, que tenía una orden de alejamiento activa y que había vuelto a ser detenido por agredir presuntamente a la misma mujer. El alcalde Jordi Masquef resumió el sentimiento local con una frase: el sistema ha fallado.

La indignación creció al conocerse que la víctima se sentía desprotegida y que el agresor seguía acercándose a ella. La información difundida por Telecinco añadió otro elemento al retrato previo al crimen: él habría continuado amenazándola e incluso le habría robado dinero antes del asesinato, señales de una violencia que no se había detenido.

A las 14:45 del martes, la protección ya era solo una palabra rota. En la plaza Josep Tarradellas, a escasos metros de donde vivía el detenido, la expareja volvió a encontrarse. Vecinos grabaron y presenciaron los momentos posteriores, pero cuando llegaron los servicios de emergencia ya no pudieron salvar a Kimberli.

La autopsia reveló que el cuerpo de Kim presentaba más de una veintena de heridas. El arma, descrita como un cuchillo de hoja ancha, fue localizada bajo un vehículo estacionado en la plaza. La escena quedó marcada por otro detalle brutal: después del ataque, el agresor cruzó hasta una fuente para lavarse la sangre de los brazos.

Varios ciudadanos intentaron retenerlo hasta la llegada de los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana de Figueres. El hombre fue detenido en el mismo entorno del crimen. La investigación quedó bajo secreto de actuaciones y el juzgado se inhibió a favor del órgano de violencia sobre la mujer.

El caso golpea por la cadena de avisos. No fue una agresión surgida de la nada ni una historia sin antecedentes conocidos. Había condena, medidas vigentes, quebrantamientos, lesiones recientes y una víctima que había pedido protección. Cada eslabón de esa cadena pesa ahora como una oportunidad perdida.

Unas 500 personas se concentraron ante el Ayuntamiento de Figueres para guardar un minuto de silencio y reclamar justicia. La ciudad no solo lloró a Kimberli; también señaló la grieta por la que se escapó su protección. Desde colectivos feministas se exigieron respuestas sobre qué parte del protocolo no funcionó.

La Jonquera, donde Kimberli había vivido de pequeña y donde permanecen familiares y amistades, también se sumó al duelo. El crimen atravesó el Alt Empordà porque no hablaba únicamente de una muerte, sino de una mujer que había intentado alejarse de su agresor y aun así terminó alcanzada por él.

El Ayuntamiento de Figueres anunció que se personará como acusación popular. Masquef defendió la actuación policial, recordando que el hombre había sido detenido dos veces en dos días, pero pidió una reflexión dura sobre lo que faltó después. La frase más amarga queda ahí: no sirve tomar medidas cuando ya es demasiado tarde.

Kimberli fue asesinada en una plaza, delante de vecinos, después de haber entrado en el sistema que debía protegerla. Su historia deja una pregunta que ninguna concentración puede apagar: cuántas señales necesita una vida para ser tomada en serio antes de convertirse en expediente, minuto de silencio y nombre en una lista de víctimas.

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