La noche del domingo cayó sobre la Marina Baixa con una de esas llamadas que cambian de golpe el ritmo de una carretera. En la CV-70, en el tramo que une Confrides con Polop, un coche se salió de la vía en una curva y terminó precipitándose hacia un bancal. La caída no fue menor: el desnivel rondaba los 150 metros.
Dentro del vehículo viajaban cinco jóvenes. Uno de ellos, de 18 años, murió como consecuencia del siniestro. Los otros cuatro ocupantes resultaron heridos y tuvieron que ser atendidos y trasladados a distintos hospitales de la provincia de Alicante. Lo que hasta minutos antes era un desplazamiento nocturno acabó convertido en una intervención de emergencia larga y difícil.
El aviso llegó a los servicios de urgencias en torno a las 21:20 horas, con registros del operativo de bomberos situándolo a las 21:18. La carretera CV-70 atraviesa una zona de montaña, con curvas y desniveles que obligan a conducir con una atención constante. En ese punto, el turismo perdió la trayectoria y cayó hasta una zona inferior del terreno.
La imagen que dejó el accidente era dura incluso para quienes están acostumbrados a intervenir en situaciones extremas. El coche quedó abajo, en un bancal, con sus ocupantes atrapados en el interior. No bastaba con llegar hasta ellos: había que asegurar el acceso, trabajar sobre un terreno complicado y abrir espacio para sacar a los heridos.
Hasta el lugar se desplazaron bomberos del parque de Benidorm. El dispositivo incluyó una unidad de mando, una bomba urbana pesada, una bomba urbana ligera y un furgón de salvamentos varios. En la intervención participaron un sargento, un cabo y ocho bomberos, una movilización que da una idea de la dificultad del rescate.
La excarcelación se prolongó durante más de dos horas. Los trabajos finalizaron alrededor de las 23:36, después de liberar a las personas atrapadas y permitir que los equipos sanitarios completaran la asistencia. En accidentes así, cada minuto pesa: la posición del vehículo, la oscuridad y el desnivel convierten cualquier movimiento en una maniobra delicada.
El balance dejó un fallecido de solo 18 años. Entre los heridos había una menor de 17 años y dos jóvenes varones de 18 y 19 años, atendidos por policontusiones. Los tres fueron trasladados al Hospital Marina Baixa de La Vila Joiosa, uno de los centros que recibió a los afectados tras la primera estabilización.
El cuarto herido, también de 18 años, presentaba un politraumatismo. Fue asistido por el equipo médico, estabilizado y evacuado en una ambulancia del SAMU hasta el Hospital Doctor Balmis de Alicante. La diferencia entre policontusiones y politraumatismo marca también la gravedad desigual con la que el impacto golpeó a cada ocupante.
En el operativo sanitario participaron una unidad del SAMU y dos unidades de Soporte Vital Básico. La escena reunía dos urgencias al mismo tiempo: atender a jóvenes heridos y recuperar a quienes seguían atrapados dentro del coche. En una carretera de montaña, la asistencia no empieza en una sala iluminada, sino en el margen oscuro donde quedó el vehículo.
La CV-70 es una vía conocida en la comarca porque comunica municipios de interior y costa, atravesando tramos donde el paisaje también impone sus riesgos. Una curva, un desnivel y un instante bastó para que la carretera se convirtiera en un punto de duelo. La investigación deberá reconstruir qué ocurrió antes de la salida de vía.
De momento, el dato firme es que el turismo se salió en una curva y cayó por un desnivel aproximado de 150 metros. No se ha detallado públicamente la identidad de los ocupantes ni las circunstancias previas al accidente. Esa prudencia importa, porque detrás de cada cifra hay familias que recibieron una llamada imposible de olvidar.
La muerte de un joven de 18 años tiene una violencia especial: corta una vida en una edad en la que casi todo parece estar todavía por abrirse. En el mismo coche viajaban otros jóvenes que sobrevivieron con heridas de distinta gravedad. Para ellos, la carretera quedará unida a una noche de rescate, sirenas, hospitales y ausencia.
También queda el impacto en Polop y en la Marina Baixa. Los accidentes en carreteras secundarias no siempre ocupan titulares durante mucho tiempo, pero dejan marcas profundas en los pueblos cercanos. Quienes conocen esas curvas entienden que una vía cotidiana puede volverse peligrosa cuando se combinan velocidad, pendiente, oscuridad o cualquier error mínimo.
Los equipos de emergencia cerraron su intervención después de liberar a los ocupantes y trasladar a los heridos. El trabajo técnico terminó, pero el caso abrió otra etapa: la de las pesquisas sobre la mecánica del siniestro y la de las familias que tendrán que ordenar lo ocurrido. Hay accidentes que no terminan cuando se apagan las luces azules.
La tragedia de Polop resume la fragilidad de muchas noches en carretera. Cinco jóvenes subieron a un coche; uno no volvió con vida y cuatro acabaron en hospitales. Entre la curva y el bancal hubo apenas un instante, pero sus consecuencias se medirán durante mucho más tiempo en quienes sobrevivieron y en quienes esperaban en casa.
La CV-70 seguirá siendo una carretera de paso para muchos vecinos y visitantes de la comarca. Pero el tramo entre Confrides y Polop ya carga con una historia reciente de pérdida. Cuando una caída de 150 metros deja una vida rota a los 18 años, la pregunta inevitable vuelve a aparecer: cuántas tragedias nacen de un instante que nadie consigue deshacer.
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