Seila Esencia llevaba dos semanas desaparecida cuando Vigo despertó con la noticia que nadie quería leer. La cantante y compositora Seila Álvarez, de 39 años, fue hallada sin vida en la madrugada del martes 5 de mayo de 2026 en la Senda Verde, después de que su rastro se perdiera el 20 de abril.
Su nombre artístico era conocido en la escena musical viguesa, pero detrás de los escenarios también había una vida cotidiana marcada por otro oficio: Seila era auxiliar de enfermería. Esa doble imagen, la de quien cantaba y la de quien cuidaba, hizo que su desaparición golpeara con fuerza a amigos, familiares y personas que la seguían desde hacía años.
El detalle que empezó a repetirse en los carteles fue la fecha: 20 de abril. Desde ese día no había noticias claras de ella. SOS Desaparecidos activó la alerta pública el lunes 4 de mayo, con sus datos básicos, su imagen y una petición urgente de colaboración ciudadana para intentar localizarla.
La difusión llegó tarde para cambiar el final. Apenas un día después de que la búsqueda se hiciera visible a nivel nacional, la misma asociación comunicó que Seila había sido localizada sin vida y desactivó la alerta. El mensaje fue breve, de esos que cierran una esperanza de golpe y dejan a una familia frente al peor desenlace.
El cuerpo apareció en el tramo vigués de la Senda Verde, una zona de paso que conecta la ciudad con Redondela y que forma parte del paisaje diario de muchos vecinos. Allí, de madrugada, la búsqueda dejó de ser una llamada abierta y pasó a manos de la investigación policial y del informe forense.
La Policía Nacional indicó de forma preliminar que el cadáver no presentaba signos aparentes de violencia. También se señaló que, en una primera valoración, no había indicios claros de intervención de terceras personas. Aun así, la causa de la muerte quedó pendiente de la autopsia, el único paso capaz de fijar con precisión qué ocurrió.
Durante los días previos, SOS Desaparecidos recibió llamadas de personas que creían haber visto a Seila en distintos puntos de Vigo. Algunas pistas la situaban en una gasolinera o en las inmediaciones del Alcampo de la Avenida de Madrid, una de las referencias que circularon mientras la ciudad intentaba reconstruir sus últimos movimientos.
Cada posible avistamiento abría una rendija. En las desapariciones, una llamada, una cámara, una frase o una ubicación pueden sostener durante horas la esperanza de encontrar a alguien con vida. En este caso, esas señales no bastaron para evitar que la búsqueda terminara en la Senda Verde.
Seila Álvarez había alcanzado proyección más allá de Vigo en 2015, cuando participó en el programa de TVE Hit - La Canción. Allí llegó a la final y compartió escenario con artistas consolidados. Una de sus composiciones, Duermes mientras yo escribo, acabó vinculada al álbum 21 días de Marta Sánchez y le dio visibilidad nacional.
Pero su historia no se limitaba a aquel momento televisivo. En la escena local se movía como Seila Esencia, con una identidad artística propia y una presencia reconocible entre músicos, amigos y seguidores. También formó parte de proyectos como Phantom Club, dentro de ese circuito cultural que muchas veces crece lejos de los grandes focos.
Por eso su desaparición se sintió como algo cercano. No era solo el nombre de una alerta: era una mujer a la que muchos habían escuchado cantar, visto en redes o cruzado en espacios de música de Vigo. La preocupación se fue expandiendo desde su entorno íntimo hasta una comunidad que empezó a compartir su rostro.
La familia de Déborah Fernández, otro nombre dolorosamente unido a Vigo y a una desaparición que acabó en tragedia, también difundió el caso. Sus palabras recordaban lo que significa contar días sin respuestas: la angustia, el silencio, la necesidad de que alguien mire dos veces una calle o recuerde un detalle mínimo.
Ese eco explica la dureza del desenlace. Cuando una persona desaparece, la ciudad parece dividirse entre quienes siguen su rutina y quienes viven pendientes del teléfono. Para los cercanos a Seila, cada hora desde el 20 de abril debió tener el peso de una pregunta repetida: dónde está, con quién está, por qué no vuelve.
La investigación queda ahora a la espera del informe forense. Hasta que ese resultado esté cerrado, cualquier explicación sería precipitada. Lo que sí se sabe es el recorrido básico: desaparición el 20 de abril, alerta pública el 4 de mayo, hallazgo de madrugada en la Senda Verde y ausencia inicial de signos visibles de violencia.
La imagen que queda es sencilla y devastadora: una artista de 39 años, una ciudad buscándola, carteles circulando por redes y un camino verde donde se apagó la esperanza. Vigo no encontró a Seila como quería. La encontró cuando ya no había forma de devolverla a casa.
Hay casos que no terminan con una respuesta, sino con un silencio más pesado. El de Seila Esencia deja canciones, mensajes de duelo y una pregunta que solo la autopsia y la investigación podrán acotar: qué ocurrió entre aquel 20 de abril y la madrugada en que la Senda Verde dejó de ser solo un camino.
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